Influencia de China en la Unión Europea: La Ruta de la Seda como Caballo de Troya

La presencia internacional de un Estado se puede medir observando su actividad en distintos campos del escenario mundial, desde el ámbito económico hasta el comercial, ya sea compitiendo o colaborando con el resto de actores internacionales. Ahora bien, la maquinaria del Estado chino va mucho más allá, su ambición y su capacidad se materializan en sus grandes proyectos a nivel mundial, de los que no escapa ningún lugar del mundo. Las ramas de influencia del país asiático va a traer varios dolores de cabeza al resto del tablero internacional, puesto que con el desplazamiento del orden mundial hacia Asia, se está convirtiendo cada vez más en un referente de crecimiento estructural al que hay que tener en cuenta, pues está demostrando estar deseoso de acrecentar su papel.

Se puede afirmar que el proyecto insignia de este deseo de incrementar su poder queda reflejado en la denominada Nueva Ruta de la Seda (Belt and Road Initiative). Esta ruta es una contribución del gobierno chino al desarrollo no solo regional, sino global, y un instrumento de política exterior y de geoestrategia con el que pretenden crear un nuevo orden sinocéntrico que cambie los ejes sobre los que ha venido circulando el sistema internacional. A la vez, es una herramienta con la que intentan garantizar el crecimiento sostenible del país para legitimar su sistema y forma de gobierno ante su población y la comunidad internacional.

Este proyecto, que se inició hace ya casi siete años, pretende conectar el continente asiático con el africano y el europeo a través de diferentes rutas combinadas, terrestres y marítimas[1], con las que poder adquirir una mayor importancia, presencia e influencia en todos aquellos Estados donde la Ruta pueda tener lugar, potenciando así su dominio internacional. Uno de los ejes de este proyecto está construido sobre una poderosa herramienta financiera que sirve como catalizador entre las intenciones chinas y las necesidades de infraestructura de la Ruta.

Las inversiones chinas a nivel internacional están en auge desde hace una década, convirtiéndose en el principal respaldo de la iniciativa y en un elemento clave para convencer a los países para que se incorporen a este proyecto, aunque la trampa se observe de lejos. La necesidad es un factor peligroso, pues bajo su manto se pueden cometer actos que no se realizarían bajo circunstancias normales, y es por ello que hay que tenerla en cuenta y atajarla lo antes posible, para no encontrarse con arrepentimientos.

Leer: El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura golpea el tablero financiero mundial

Recordemos que la BRI – o Nueva Ruta de la Seda- se forja sobre acuerdos bilaterales entre China y sus socios, independientemente de que sean organizaciones intergubernamentales o Estados. Pekín no tiene interés alguno en institucionalizar la iniciativa, por lo que no existen normas multilaterales que comprometan a todos sus participantes. De completarse este proyecto, según autores como Fernando Delage “tiene el potencial de alterar los actuales equilibrios de la economía mundial, transformar la arquitectura financiera global y reconfigurar Eurasia y el Indo-Pacífico como espacio geopolítico”.

La BRI tiene el potencial de alterar los actuales equilibrios de la economía mundial, transformar la arquitectura financiera global y reconfigurar Eurasia y el Indo-Pacífico como espacio geopolítico”.

Fernando dELAGE, 2018

La Nueva Ruta de la Seda, más que fijar objetivos, integra las distintas prioridades económicas chinas bajo un mismo proyecto. Por tanto, la prioridad de Xi en términos de política exterior ya no es la independencia -como en la era maoísta- o el desarrollo -como en la época de Deng- sino la persecución sin complejos de un estatus global preeminente. Si la política de “reforma y apertura de a partir de 1978 se enfocó en atraer inversión y tecnologías a China, y en la década de los noventa se alentó a las empresas a internacionalizarse, la Nueva Ruta de la Seda propiciará una nueva transición que deparará en la interconexión entre la República Popular China como gigante económico y la dinámica de la globalización” (Maillo, 2018).

La BRI restablecerá Eurasia como pilar central de la economía global, en sustitución del eje euroatlántico, y hará que el sistema financiero internacional deje de estar liderado por el dólar. Según el Plan de Acción de 2015 de la BRI: estamos ante “un nuevo modelo de integración regional y de gobernanza global”. Y de esta forma lo han tratado en su promoción a los máximos líderes políticos de la UE, en los foros empresariales, académicos, think tanks y medios de comunicación. La narrativa china se ha caracterizado por destacar el carácter inclusivo y abierto del proyecto, su complementariedad con otras iniciativas y por potenciar su importancia al tratarse de un proceso de transformación y de creación de integración regional win-win.

Sin embargo, en esta ampliación de su política exterior, un obstáculo al que tendrá que hacer frente, si quiere que su proyecto siga en pie, es, sin lugar a dudas, a la Unión Europea[2] (UE). La Unión, según el propio Xi Jinping, como declaró en su visita a Duisburdo, Alemania, en 2014, es imprescindible para la consecución de los objetivos del proyecto; tanto por su importancia para integrar los mercados de Asia y Europa como por su capacidad para materializar esta iniciativa. Sin embargo, no es una sorpresa que la organización supranacional está viviendo uno de sus momentos más bajos, desde problemas demográficos hasta complicaciones debido a los altos niveles de déficit público de los componentes de la Unión.

Este conjunto de variables no pasan desapercibidas en las altas esferas de poder chinas, pues conocen de primera mano que las mismas variables generan un caldo de cultivo perfecto para poder presentarse como una alternativa eficaz y accesible para dar solución a esos problemas. Claro está que esto no saldrá gratis a los países europeos, que ven al gigante asiático desde una gran dualidad: por una parte, un buen aliado si se cumple con las condiciones que necesite el gobierno chino, y, en contraparte, como un actor que puede ejercer presión dado que conoce los puntos débiles de las economías europeas.

Por lo anterior, el eje de doble filo está al acecho, la UE observa cómo varios Estados miembros son muy receptivos a la iniciativa. Algunos de ellos son Grecia, Chipre, Malta, Portugal, España e Italia  o el grupo 16 + 1 (Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Bulgaria, Croacia, Hungría, República Checa, Eslovaquia y Eslovenia, más China). Los países de Europa del Este son un objetivo vital para la supervivencia de la Ruta de la Seda. Dada su posición geográfica se han convertido en un pilar fundamental en la expansión terrestre del proyecto, pues se sitúan como el primer punto de conexión esencial con el continente. Mientras que la organización ve a Pekín como un rival sistémico que no cede ante las presiones europeas mientras avanza sin control alguno en el viejo continente

Para comprender la incursión china en estos países hay que fijarse en los problemas de fondo que impulsan a ciertos gobiernos europeos a llegar a comprometerse con la iniciativa china, así como los interese estratégicos chinos en Europa, pues es una combinación de ambos lo que determinan que salgan adelante y la influencia del país asiático siga creciendo. Problemas de índole económico, financiero y comercial son las principales bazas que tiene el gobierno chino para controlar las negociaciones.  Desajustes financieros, desequilibrios excesivos en la balanza de pagos, falta de inversión, déficit y deuda pública, son algunos de los elementos que determinan la apertura de los países europeos.

Fuente: El País

Con el contexto actual generado a  partir de la crisis del COVID-19, la UE ha sido golpeada duramente a nivel económico y moral, provocando una marea de dudas acerca de su utilidad a la hora de prestar ayuda a los países más afectados y sus posibilidades de recuperación. El panorama europeo no para de ensombrecerse y no parece que vaya a cambiar,  con las previsiones de decrecimiento económico en alza y con pocos signos de acuerdos en los planes de reestructuración[3]. Además, se añade la problemática del Brexit, pues aún siguen sin acordarse los términos finales, cuando, además, ya se han agotado los plazos.

Es por ello que la UE ha dado un giro hacia Japón, logrando un acuerdo de libre comercio para contrarrestar el peso de las inversiones chinas en el marco de la Ruta de la Seda (destacando del acuerdo las inversiones en infraestructuras, transporte y comercio).  Además, la cumbre UE-China ha plasmado el ideario europeo de mantenerse firme ante la enorme cantidad de inversión china si no se logra alcanzar un multilateralismo adecuado y reciprocidad en las condiciones para con las empresas chinas en territorio europeo y para con las empresas europeas en territorio chino, algo que parece trabar las negociaciones. Quedando el estado de las negociaciones basado en tres valores fundamentales: transparencia, no discriminación y competencia leal, esto último es de máximo interés para la UE, teniendo como máxima no permitir que China se implante en Europa mediante tácticas corporativas poco leales[4].

Con todo lo anterior, y teniendo en cuenta el contexto actual, es necesario que la UE actúe y resurja de la mejor manera posible ante la “amenaza” china , para poder negociar desde una posición fuerte y no dejar posibilidades a que la potencia asiática pueda realizar sus demandas sin ceder nada a cambio. La urgencia de lo anterior radica en el rápido avance del proyecto, que ha pasado a una segunda fase, denominada la Franja  y la Ruta, donde el foco central es Europa, intensificando la presión sobre la organización europea y el viejo continente.

Fuente: Águeda Parra Pérez, La nueva Ruta de la Seda entra en una segunda fase y se hace grande en Europa. [5]

Implicaciones de la Nueva Ruta de la Seda para la Unión Europea

Las relaciones diplomáticas entre los actores comenzaron en 1975, se reforzaron en 1978 a través de un Acuerdo de Comercio provocado por la apertura del régimen chino y se delimitaron en 1985 con el Acuerdo para la Cooperación Económica y Comercial, que hoy día es el marco jurídico de las relaciones, desarrolladas a través de los más de 50 diálogos mantenidos en las conferencias ministeriales, foros, y cumbres bilaterales anuales desde 1998, donde tratan asuntos sobre desarrollo, seguridad en la red o gobernanza global. Medidas que, entre muchas otras, se recogen en la nueva Agenda Estratégica de Cooperación 2020, desarrollada entre 2006 y 2015; y, respecto a la que la Comisión Europea estableció en 2019 que las relaciones deben basarse en la coherencia con la legislación, las normas y las políticas de la Unión, así como en sus valores e intereses.

Pretenden unas relaciones mutuamente beneficiosas que se han visto alteradas por el ascenso y deseo de liderazgo de China en la comunidad internacional. De hecho, en la XXI Cumbre UE-China de 2019, se comprometieron a la igualdad de condiciones en el ámbito de la conectividad de las infraestructuras y al impulso de la plataforma de Conectividad UE – China, creada en 2015 y que tiene por objeto fortalecer las conexiones entre Europa y Asia en el marco de la Nueva Ruta de la Seda.

Leer: Iniciativa de conectividad de UE puede significar cooperación con la Franja y la Ruta

Para que veamos la importancia de la BRI: más de 70 Estados ya están implicados y muchas otras OOII.  La UE desde un primer momento lo supo, aunque por pensar que se trataba solo de una herramienta interna para el mantenimiento del crecimiento de China y la cohesión de la zona, se mantuvo bastante cauta. Así que a medida que ha evolucionado la iniciativa lo ha hecho también la Unión, y hoy, ya participa activamente para beneficiarse tanto ella como sus EEMM (Estados Miembros), pero también para que éstos no actúen por su cuenta. Asimismo, para la UE la BRI supone numerosos retos como la competencia desleal que se puede generar entre los actores o por la posible aplicación de las normas chinas en lugar de las internacionales. Por todo ello, el Parlamento Europeo exige que el proyecto se desarrolle en base al derecho internacional. Quiere una colaboración basada en la reciprocidad, desarrollo sostenible, buena gobernanza y normas abiertas y transparentes; como ya fijó en su propuesta de resolución de las relaciones China-UE (2019).

Sin embargo, es dudoso que esto se consiga, y para deducirlo no hay más que partir de los contenciosos que mantienen los actores en la actualidad. Desde procedimientos antidumping en el marco de la OMC hasta crispación mutua por las diferentes visiones sobre la economía, sociedad, justicia o política. Es necesario mencionar que la aplicación de las normas internacionales en China sigue siendo un desafío. La armonización y eficaz convergencia de sus normas en el contexto internacional implica una construcción y deconstrucción de su derecho. Ya en el artículo 15 del Acuerdo de Cooperación Comercial y Económica establecieron la creación de una Comisión Mixta para revisar y vigilar las diferentes acciones realizadas por los actores para examinar lo ya dicho. Pero, además, como miembros de diversas instituciones internacionales pueden recurrir, y lo hacen a éstas para resolver los conflictos que se generan entre ellas.

Mecanismos de resolución de conflictos entre la UE y China en el marco de la Nueva Ruta de la Seda

Según autores como Jiaxiang Hu los conflictos que se den en el marco de la Nueva Ruta de la Seda deberán ser resueltos por los mismos medios jurídicos y políticos que resuelven los demás conflictos entre las potencias, pues no hay mecanismos propios que conozcan de asuntos entre estos Estados en este marco, con excepción del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura.  Por tanto, en cuanto a los conflictos comerciales, económicos o de inversión, se recurrirá, entre otros, a la Organización Mundial del Comercio donde China ha actuado como demandado ante la UE ya en 9 ocasiones. Aunque también podrá conocer de éstos el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones inversor-Estado, que, sin embargo, es evadido por su aparente inclinación a proteger los intereses de los inversores.

Por su parte, el Tribunal Permanente de Arbitraje también tiene capacidad, aunque, viendo la animadversión que le tiene China y que no ha respetado el laudo favorable a Manila en el mar de China meridional, deja de ser una opción. En cuanto al Banco Asiático de Inversión en infraestructura, es la institución más importante de la Ruta, y, aunque no tiene un órgano establecido como tal, el artículo 55 de su acuerdo permite el arbitraje ad hoc, así como la mediación y las consultas.

En cuanto a los conflictos no comerciales, se pueden resolver por medios diplomáticos como los buenos oficios, la mediación, la investigación, la conciliación y la negociación. Siendo este último el más frecuente al tratar no solo el conflicto desde un punto de vista jurídico, sino determinando también sus consecuencias económicas o los efectos políticos y sociales por la falta de acuerdo.

Respecto a los conflictos de carácter jurídico privado internacionales es necesario hacer énfasis en los “mecanismos de resolución de disputas propios para la BRI”. La Corte Comercial Internacional China y el Consejo de China para la Promoción del Comercio Internacional fueron anunciados en 2018 por el Partido Comunista y el Consejo de Estado como los organismos que trabajarían para reducir la brecha entre las diferentes culturas jurídicas de los nacionales o domiciliados de los Estados participantes. Por su parte, las sentencias o resoluciones de la Corte Comercial Internacional de China son vinculantes, finales y ejecutables en un país extranjero gracias al principio de la reciprocidad que recoge China en su ordenamiento jurídico. Y, a finales de 2019 se reveló que hasta la fecha se habían presentado 9 disputas comerciales que abarcaban principalmente la identificación de accionistas y la distribución de ganancias, de países como Japón o Italia.

En cuanto al Consejo de China para la Promoción del Comercio Internacional, ha establecido tribunales como el Quinhai para que colabore con los centros de arbitraje para gestionar las controversias de la BRI. No obstante, tanto éste como la primera, enfrentan, según autores como Wilske (2018) desafíos propios como la parcialidad de los jueces o la opacidad de las leyes chinas. Aunque, lo que realmente hace que no se recurra a ellas son su cortísima trayectoria. Más al existir alternativas a ellas como el Centro de Arbitraje Internacional de Hong Kong (HKIAC), que es la institución por la que se han resuelto la mayoría de las disputas relacionadas con la BRI, la Comisión de Arbitraje Económico y Comercial de China (CIETAC), que es la institución de arbitraje más antigua del mundo y una de las principales instituciones permanentes de arbitraje internacional, o la Corte Internacional de Arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional, que goza de gran prestigio.

En cuanto a litigación, los instrumentos jurídicos más importantes son los Reglamentos de Bruselas I y II relativos a la ejecución de resoluciones judiciales en materia civil y mercantil, y en materia matrimonial, respectivamente. Así como los Reglamentos de Roma I y II, que establecen la ley aplicable a las obligaciones contractuales o extracontractuales y son aplicables cuando el asunto esté íntimamente relacionado con algún Estado miembro de la Unión; es decir, el demandado tenga su domicilio en algún Estado miembro. Sin embargo, se presume que lo mejor es la sumisión cuando se llegue a un acuerdo.

Leer: Mecanismos de resolución de conflictos entre la UE y China en el marco de la Nueva Ruta de la Seda

Conclusiones

A modo de recapitulación las conclusiones a las que se puede llegar son varias:

La primera de ellas es que la UE y China son socios estratégicos, pero también rivales sistémicos que mantienen contenciosos abiertos desde hace años. China, incluso, culpa a la Unión de eurocentrismo o falta de comprensión ante su auge económico mientras que la UE cree que precisamente éste ha alterado las relaciones en los últimos años por la aspiración del gigante asiático de convertirse en primera potencia mundial. Por lo que, las que son origen y destino de la BRI, deberán trabajar en resolver sus puntos de enfrentamiento si quieren que las relaciones marchen bien en el marco de la Nueva Ruta de la Seda.

La segunda es que la BRI busca asegurar la sostenibilidad del crecimiento económico del país asiático además de ser un instrumento de geopolítica y política exterior, que está indicando un punto de inflexión en el sistema internacional. La economía mundial y el equilibrio de poder puede que se estén desplazando hacia China. Lo que le puede suponer innumerables ventajas a la UE, como un foco de oportunidades para sus empresas, o una mayor estabilidad y seguridad en Eurasia e Indopacífico, así como la construcción de infraestructuras como la ferroviaria entre Madrid y Yiwu. Por lo que deberá participar activamente si quiere formar parte de ello.

La tercera es que la iniciativa plantea una serie de desafíos para la UE en materia comercial, económica y de inversión que recaen en la falta de transparencia en las licitaciones, inversiones y contratos, así como un difícil acceso al mercado, entre otras. Desafíos que pueden convertirse como ya han hecho en otras ocasiones en conflictos que deberán resolverse conforme al derecho internacional. Siendo el arbitraje, como medio jurídico, el más idóneo para ello por ser ad hoc, y por su flexibilidad. Y la OMC y el AIIB las instituciones que lo pueden llevar a cabo al ser respetadas y reconocidas por el gigante asiático.

La cuarta es que la BRI puede afectar negativamente al medioambiente, clima, DDHH (Derechos Humanos), y muchos otros; cuyas controversias pueden resolverse conforme a medios diplomáticos como la negociación o la conciliación, que al hacer valer aspectos políticos, sociales y económicos son los más idóneos para la UE-China, como ya quedó establecido con la creación de la Comisión Mixta UE-China y los diálogos en las diversas cumbres ministeriales y foros, donde tratan estos asuntos.

La quinta es que China está poniendo de su parte y quiere incidir en la normativa internacional a través de los mecanismos propios para la BRI. Pero que, sin embargo, al tener aún poca trayectoria y recorrerlos rumores sobre su dudosa actuación será difícil que tenga una buena acogida aún; más habiendo más mecanismos en la propia China como el Centro de Arbitraje Internacional de Hong Kong; y otros como la Cámara de Comercio Internacional. Lo que queda claro es que el arbitraje es la mejor opción también para los privados al ser más flexible que la litigación y contar con mayor capacidad ejecutoria que la mediación.

Como vemos, la que en 2013 era solo una iniciativa, la de la Nueva Ruta de la Seda, hoy es un proyecto clave en la comunidad internacional, y en especial, para las relaciones sino-europeas.

[1] A la categoría de las rutas combinadas citadas se pueden añadir dos ámbitos más, la ruta tecnológica y la ruta aeroespacial, cuyas características difieren del resto pero con un mismo objetivo, aumentar el papel chino como potencia global.

[2] La historia de las relaciones en relación a las inversiones chinas en suelo europeo comienza en el año 2012, con las negociaciones y el acuerdo denominado 16+1, que reúne a 16 países de Europa (11 de ellos pertenecientes a la UE), que ha servido a la diplomacia china para promocionar sus intenciones comerciales y la introducción a su gran proyecto.

[3] Actualmente, a día 9 de Julio de 2020, sigue en discusión el modo y la cuantía final de los fondos de recuperación en esta situación de emergencia, pendientes del liderazgo de la nueva presidencia alemana, adquirida el 1 de Julio de 2020. Las negociaciones no parecen desarrollarse favorablemente debido a los desacuerdos entre los países europeos.

[4] Así como el respeto de los Derechos Humanos, factor esencial si quieren que las empresas chinas logren desarrollarse en Europa.

[5] Figura 3. Documento online, disponible en: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2019/DIEEEO78_2019AGUPAR_RutaSeda.pdf

Referencias:

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Zhou, H. (2017) China – EU Relations. Reassessing the China-EU Comprehensive Strategic Partnership. Singapure, Editorial Springer

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The people´s Republic of China (2017). Full text of the vision for maritime cooperation under the belt and Road initiative. The State council. Retrieved 04/03/2020 from http://english.www.gov.cn/archive/publications/2017/06/20/content_281475691873460.htm

Leung, C.T. (2019). Silk Road to Belt Road. Reinventing the Past and Shaping the Future. Springer, Singapur.

Delage, F., Maillo, J. y otros (2018). El papel de España en la Nueva Ruta de la Seda. Oportunidades, Retos, Recomendaciones. Navarra. Editorial Thomson Reuters Aranzadi.

Comisión Europea (2017). Libro blanco sobre el futuro de Europa. Reflexiones y escenarios para la Europa de los Veintisiete en 2025. COM (2017) 2025 de 1 de marzo de 2017. Bruselas.

Comisión Europea (2019). La UE revisa las relaciones con China y propone 10 acciones. Comunicado de prensa. Visitado el 18-2-2020 en https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/IP_19_1605

Comisión Europea (2019). Cumbre UE-China: reequilibrio de la asociación estratégica. Comunicado de prensa. Visitado el 18-2-2020 en https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/IP_19_2055

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-48004208

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https://www.consilium.europa.eu/es/meetings/international-summit/2019/04/09/

https://www.abc.es/economia/abci-y-japon-alian-frente-nueva-ruta-seda-china-201910130149_noticia.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.es%2F

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