La problemática de la política exterior del gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos

Como señaló O´Neill en los años 80 en la Cámara de Representantes de EEUU “toda política es local”. Es decir, la política exterior y la doméstica convergen, la exterior defiende los intereses nacionales igual que la interna determina la acción en el exterior. Ocurrió durante la etapa franquista, con una política exterior sublevada al mantenimiento del régimen, ocurrió desde Suárez a Aznar, Zapatero, Rajoy, y como no podía ser de otra manera, en la actualidad, cuando el gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se está enfrentando a una crisis sin precedentes, al COVID-19.

El triunfo de la moción de censura al gobierno de Rajoy abrió las puertas del ejecutivo al actual presidente, Pedro Sánchez. Fue en junio de 2018 cuando comienza su primera legislatura, aunque con una clara limitación y debilidad política. Con 84 diputados y ningún apoyo permanente, la percepción internacional de un gobierno débil sería inevitable. Aun así, se dieron las primeras repercusiones en materia de política exterior y se elaboró el programa a seguir en esta materia, mantenida, parcialmente, a día de hoy, cuando comparte gobierno con el partido morado, Unidas-Podemos -fruto de las protestas de 2015- y con el que ha formado una coalición autodenominada como progresista.

Análisis de las visiones de política exterior de los partidos integrantes del gobierno de coalición

Sánchez llega al poder tras una época caracterizada por la política exterior de escaso relieve. El gobierno de Mariano Rajoy no solo tuvo que hacer frente a una de las peores crisis económicas en los años que llevamos de democracia, sino que su propia falta de liderazgo internacional lo condicionó a no ir mucho más allá de la Marca España. Aún así, no nos encontramos ante una política exterior radicalmente rupturista, sino a la incorporación de nuevas medidas con las que se pretendía volver a situar a nuestro país, con fuerza, en el plano internacional.

La política exterior de Pedro Sánchez posee una matriz cosmopolita de impronta neokantiana en sintonía directa con la de su antecesor en el gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011). Con esta base, la política exterior del Partido Socialista Obrero Español muestra una acción exterior dirigida a las personas, y riesgosa en cuanto a posibilidad de caer en el idealismo o en la falta de consensos por ser tachada de ello.

Para el ejecutivo del PSOE, España debe fomentar la construcción de un orden internacional cada vez más institucionalizado y humanizado a la vez que atiende y entiende las realidades del panorama internacional y las consecuentes luchas de poder entre las grandes potencias que han recobrado la centralidad en las relaciones internacionales. Este cosmopolitismo es sobre el que se fundamentan la mayoría de las iniciativas centrales del gobierno de Sánchez en esta materia; entre otras, el fortalecimiento del eje europeo de la política exterior española. La integración europea es totalmente necesaria para el ejecutivo en un contexto internacional y nacional en el que los Estados miembros están siendo caldo de cultivo para nacionalismos, populismos y eurofobismos en el seno de la propia UE.

El impulso de la Agenda 2030 y la reconstrucción de la política de cooperación al desarrollo fue otros de los pilares normativos de Sánchez en sus comienzos. Por su parte, las relaciones con EEUU y el mantenimiento del pilar atlantista es otro de sus ejes. Incluso en la última cumbre de la OTAN (2019) aceptó los compromisos de Cardiff ante un altivo y arrogante Donald Trump y propuso que España liderase la nueva misión antiyihadista en Túnez. No obstante, como veremos en las siguientes líneas, aunque para ello es guiado por una disposición pragmática para mantener una buena relación con la superpotencia y no por preferencias ideológicas, esto es una de las áreas que puede generar fricciones en el gobierno de coalición. Recordemos que existe un sector de la izquierda española totalmente antiamericano.

Asimismo, es necesario mencionar la cuestión catalana y la internacionalización de un conflicto que ha dejado mal parada ante la opinión pública internacional a nuestro país. Los nacionalistas consiguieron a partir del referéndum inconstitucional del 1 de octubre de 2017 la consecuente declaración unilateral de independencia y la huida de España de algunos de los principales dirigentes políticos independentistas con Puigdemont en cabeza. Hicieron creer que España era la Turquía de Occidente. Un país opresor que reprime a Cataluña por su anclaje al autoritarismo franquista. Aunque nada más lejos de la realidad, en un primer momento Josep Borrel tuvo que, mediante la diplomacia pública, paliar el relato.

Durante la segunda legislatura, se ha dejado de lado esto y se ha dado paso a González Laya como Ministra de Exteriores, para quien el orden actual institucional y basado en valores está siendo fuertemente cuestionado, al igual que la propia democracia liberal. Para Laya han irrumpido fuerzas que propugnan un orden global más cerrado, menos integrado económicamente y menos multilateral, a las que hay que hacerle frente. Por ello, en la Comparecencia ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados dejó plasmado que el eje central de la política exterior de España durante su liderazgo se opondría a los asaltos a los valores como la libertad, paz, igualdad, justicia, diversidad, progreso y equidad.

Una política exterior propositiva que aborde los problemas de sostenibilidad de la arquitectura internacional con el “multilateralismo, el Derecho y las reglas internacionales, la arquitectura global de paz, seguridad y no proliferación, integración regional y sostenibilidad” como base; y, con cinco ejes: una política exterior basada en la defensa de la democracia, la promoción de los DDHH y el feminismo; la promoción de la integración regional y el multilateralismo; una economía global integrada, justa y equitativa; la lucha contra el cambio climático y el apoyo a la sostenibilidad; y un Servicio Exterior anticipatorio como eje instrumental.

Por su parte, y según el programa electoral de Unidas Podemos para 2019, la Agenda 2030 es una de las piedras angulares tanto de su política interna como exterior. Para su implementación apuestan por su vertiente internacional y centrada en la lucha contra la pobreza, las desigualdades y la sostenibilidad ambiental. Aseguraban que establecerían, de llegar al gobierno, como ha ocurrido, un plan de desarrollo sostenible con marcos de acción concretos con un mecanismo específico de Coherencia de Políticas para el Desarrollo. Asimismo, el Feminismo es otro de los ejes normativos del partido. Apuestan por una “cooperación feminista y defensora de los DDHH” que apueste por construir un sistema de cooperación en el que las mujeres se sitúen como motor y foco del desarrollo. Con España y Latinoamérica como eje geográfico.

Otro de sus puntos en materia de política exterior es el deseo de que se elabore una Política Agrícola Común más justa. Defienden que la PAC tiene que formar parte de la estrategia para la transición ecológica y el futuro del medio rural, e impulsar la ganadería extensiva y sectores con gran aporte social y ambiental, así como el pastoralismo. Para ello, creen necesario destinar al menos el 10% de los fondos a establecer “medidas eficaces que corrijan los desequilibrios del mercado, así como crear un marco en el que la zona euro reestructure coordinadamente las deudas públicas a través de una modificación en los plazos de vencimiento. En concordancia con que las finanzas internacionales deben ser democráticas. Además, buscan un compromiso activo con la paz a través del fortalecimiento de la cooperación europea y un desplazamiento progresivo de la OTAN al PCSD.

En cuanto a los tratados internacionales, los consideran perjudiciales, al servicio de las élites económicas, y ejemplo de ello es el CETA. Defienden que son una amenaza tangible para las pymes y autónomos y que ponen en riesgo nuestra seguridad alimentaria. Por lo que, de estar en el gobierno, impedirían que España firmase cualquier tipo de tratado comercial de condiciones no aceptables -estaremos pendientes respecto a ello-. Además, propugnan que España tiene que ser la impulsora de la democracia internacional frente a la crisis del multilateralismo, para lo que es necesario la democratización del Consejo de Seguridad de las NNUU.  Por último, defienden la libre determinación del pueblo saharaui con el que España tiene una responsabilidad histórica y harán política consecuente con ello, entre la que destaca destinar presupuesto de Ayuda Oficial al Desarrollo, que, por su parte, se debe aumentar hasta la media de los Estados del entorno de la Unión.

Identificación y desarrollo de los elementos de convergencia existentes en el seno del gobierno de coalición en materia de política exterior y de seguridad

La política exterior del actual gobierno bebe, sin duda, del anterior; sin embargo, como no podía ser de otra mantera, la coalición la ha redefinido. El pacto PSOE-Unidas Podemos ha supuesto la renuncia de ambos partidos y en el caso del segundo, a una moderación marcada por el posibilismo y el deseo de estar en el gobierno. Asimismo, su corto recorrido y la crisis sanitaria, humanitaria, social, política y económica a la que nos enfrentamos por la incursión del COVID-19 en la sociedad a nivel internacional ha reconducido tanto la política doméstica como la exterior, que ha dejado los objetivos en espera. Sin embargo, es necesario analizar cuál fue esta redefinición por la unión del Partido Socialista Obrero Español y Unidas Podemos en esta coalición progresista.

El pacto PSOE-Unidas Podemos ha supuesto la renuncia de ambos partidos y en el caso del segundo, a una moderación marcada por el posibilismo y el deseo de estar en el gobierno

En el acuerdo de coalición nos adelantaban la pretendida política exterior a desarrollar durante la legislatura. Podemos hablar del fortalecimiento de la influencia internacional de España como el eje central que dirigirá su puesta en escena en los organismos e instancias internacionales, así como del activismo en materia comunitaria, el impulso del multilateralismo, la defensa de los DDHH, y el cumplimiento de los Acuerdos de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 que sentarán las bases de los ejes normativos, con Iberoamérica, África y Europa como ejes geográficos.

Asimismo, las principales iniciativas internacionales van a ir dadas de la mano de la visión cosmopolita que caracteriza el PSOE, con los esfuerzos de mejora de la vida de los seres humanos, desde sus condiciones económicas hasta la promoción de los DDHH, que ello supone; siendo el multilateralismo el instrumento que lo guía. Asimismo, el europeísmo es la prioridad absoluta, con una apuesta clara por avanzar en la integración europea de corte federalista y de modelo social ampliamente ligada con el Partido liderado por Pablo Iglesias. Pretenden impulsar una Europa más democrática, más social y más comprometida con la reducción de desigualdades, de la precariedad y la pobreza. Es decir, una UE que no sea un mero mercado de circulación de bienes y capitales sino un espacio caracterizado por un gran modelo social en el que converjan Estado, sociedad y mercado.

De hecho, pretenden promover una política europea de inmigración justa y solidaria que respete los DDHH y garantice las libertades y principios de la UE para todo el mundo a través de la articulación de vías legales y seguras. En un momento en el que por el BREXIT la Unión se ha visto debilitada, González Laya advertía en su primer discurso ante la comisión de Asuntos Exteriores que España actuaría bajo las alianzas variables en función de la materia y no el seguidismo de Alemania o Francia -denotándose un claro activismo-. Reflejan en el Acuerdo de coalición el interés por promover iniciativas para proteger mejor a los europeos frente a nuevas eventuales crisis económicas y la defensa de la progresiva armonización fiscal, con el fin de evitar el dumping fiscal entre los EEMM y la erradicación de los paraísos fiscales.

Se vuelve a apostar por la Agenda 2030, principal foco en materia de política exterior tanto de Podemos como del PSOE, eje normativo basado en el desarrollo sostenible, que a día de hoy, es responsabilidad del Secretario General del partido morado -reelegido en la Asamblea hace unos días nuevamente-. Pretenden impulsar un verdadero Green New Deal en la UE, dotado de recursos presupuestarios y técnicos adecuados, con el que hacerle frente a la contaminación a través de la “creación de un fondo europeo específico para favorecer la transición justa de los sectores y territorios más vulnerables frente al proceso de descarbonización”.

Unido también a la ayuda a la cooperación al desarrollo en terceros Estados, trabajarían en África, para convertirla en una prioridad de la política exterior europea y plantearían a Bruselas iniciativas que contribuyesen al desarrollo sostenible del continente. Así como contribuirían a reforzar las relaciones entre la UE y los países latinoamericanos y caribeños en los planos económico, social, político y cultural. Así como se establecerían nuevas relaciones con las potencias emergentes de Asia. El Feminismo es otro de los ejes para el gobierno de coalición progresista, coherente con su apoyo a la Agenda 2030 pero que, como ahora veremos, ha causado reticencias entre los partidos.

Identificación y desarrollo de los posibles elementos de divergencia existentes en el seno del actual gobierno de coalición en materia de política exterior y seguridad

Cualquier gobierno de coalición aumenta las contradicciones per sé; y, en este caso, no es diferente, menos al tratarse de partidos con diferentes visiones y con un choque no baladí de liderazgos. Aunque es el Partido Socialista Obrero Español el que se ha reservado la mayoría de las competencias en cuanto a política exterior se refiere con González Laya como Ministra de Asuntos Exteriores, es bien conocido que cualquier Ministerio actúa ya en el panorama internacional. Asimismo, el partido morado, que abraza la Agenda 2030 desde sus inicios es el encargado, a través del Vicepresidente Segundo, Pablo Iglesias, de gestionarla. Lo que puede suponer, más adelante, que se generen fricciones en el propio marco de la ONU. No obstante, las más latentes y por tanto, en la que es necesario avanzar, son las siguientes:

Latinoamérica es un punto de choque entre los dos partidos de difícil solución. El apoyo de Unidas-Podemos a Evo Morales, a quien creen que le hicieron un golpe de Estado en Bolivia, es innegable, al igual que su posición ante Venezuela. El colectivo de izquierdas no reconoce a Guaidó al considerar legítimo el gobierno de Nicolás Maduro, mientras que el de centro-izquierda sí que lo hace. Y de ahí el caso Delcy Rodríguez y que el gobierno juegue a la ambigüedad. Por su parte, Enrique Santiago, portavoz de Unidas Podemos para Latinoamérica defiende el régimen castrista sin estupor; e incluso llama “a luchar contra el imperialismo estadounidense” en América Latina.

De hecho, ha instado a la ministra González Laya varias veces a apartarse de “cualquier actitud injerencista” sobre la zona. Sin embargo, éste no es el único punto de fricción, también lo es el Sáhara Occidental y las relaciones con Marruecos. En el propio programa electoral de Podemos, ya se definen pro-saharauis, poniendo en alto riesgo las relaciones España-Marruecos. Por su parte, el conflicto Palestino-Israelí es otra de las divergencias. La visión de Podemos es marcadamente pro-Palestina y sus dirigentes no intentan encubrirlo, no es complicado leer acusaciones a Israel por “Estado genocida”. Mientras que el PSOE debe intentar mantener la concordia tanto con Rabat como con Israel.

Respecto a la visión sobre los acuerdos comerciales, el partido salido del 15-M como refleja en su manifiesto, los rechaza por instrumento neoliberal de explotación de las clases medias y bajas con los que solo ganan las empresas transnacionales, mientras que el PSOE los cree un instrumento tradicional para gobernar la globalización, aunque trata de regularlos y darles un componente social.

Otra cuestión que se mueve sobre arenas movedizas es la de la OTAN y EEUU. No es ningún secreto que dentro del sector de Unidas Podemos se encuentra gran parte de la izquierda más antiamericana, y nunca apoyarán la actuación que viene manteniendo España respecto a ellos los últimos años. De hecho, durante la votación en el Congreso de los Diputados para la ampliación de la OTAN por el caso de la República de Macedonia del Norte, se abstuvo. No obstante, de seguir Iglesias por la senda del pragmatismo, puede lograr contener a algunos de sus diputados y contener los choques frontales entre ambos partidos. Habrá que verse cuando la crisis del COVID-19 acabe y se reabran las prioridades ya mencionadas.

¿Qué problemas plantea un gobierno de coalición para la formulación e implementación de la política exterior de España?

Internamente nos encontramos ante la inestabilidad característica de la política española en los últimos años, que nos ha dado un gobierno de mayoría precaria con una coalición destinada al fracaso por los pocos puntos en común. Estamos ante una sociedad polarizada, conformada en dos bloques políticos (izquierda-derecha) y con un auge de los extremismos, independentismos y nacionalismos. Es decir, inestabilidad política, mayoría precaria y fragmentación parlamentaria; por tanto, ruptura de consensos. No se puede hablar de una política exterior de Estado ni a medio ni largo plazo.

Además, a nivel externo, estamos ante una de las mayores crisis globales de las últimas décadas, un cisne negro de difícil análisis. No sabemos la magnitud ni los cambios que va a provocar en el orden mundial. En cuanto a España, no somos conscientes aún de la profundidad que va a tener la crisis económica (una caída de casi el 10% del PIB). Es decir, España va a tener que dedicar todos sus recursos y prioridades de política exterior al combate de la crisis económica -si es que no sanitaria, por otra ola-, postergando o relegando de los demás objetivos.

Por lo que es difícil analizar el gobierno de coalición que ahora mismo dirige España; no solo por su corta duración, sino porque ante el COVID, y una oposición tan poco cooperante, cualquier fricción sobre algún tema, incluso en materia de política exterior, podría ser letal para la supervivencia de la unión. Lo que está claro es que los intereses de ambos partidos difieren en cuestiones fundamentales como la Saharui e incluso con los tratados comerciales que España lleva abrazando desde su reincorporación al panorama internacional. Unidas Podemos se ha moderado institucionalmente ante el posibilismo de formar gobierno, pero eso no significa que todos sus diputados estén dispuestos a hacerlo. De hecho, no hay más que investigar brevemente por las RRSS para intuir que el radicalismo sigue latente y que no va a tardar en aflorar.

Lo que es innegable es que cualquier gobierno de coalición multiplica las incoherencias y contradicciones entre política interna y exterior porque ya entre ambos partidos hay diferentes bases. Y si además la sociedad está excesivamente polarizada y politizada, como sucede en la actualidad, y los votantes de unos y otros se están radicalizando, el choque de liderazgos es inminente. Esta coalición llega pocos meses después que Sánchez advirtiese que jamás pactaría con Iglesias, al igual que tampoco lo haría con nacionalismos vascos ni catalanes.

Y este temor a dormir con un gobierno en el que estuviese el líder morado no era baladí, sino que se daba por las diferentes percepciones y las fricciones que se generarían. Como ya hemos mencionado no son pocas para los meses que llevan y con una acción exterior paralizada. No se puede ser atlantista y antiamericanista a la vez, ni pro UE y estar en contra de la zona euro. El COVID nos ha impedido ver cómo se irían desarrollando estas cuestiones, pero no es difícil imaginarlo.

No obstante, no creo que todos los gobiernos de coalición seas negativos para la política exterior de España. Todo depende de la coherencia y acercamiento de los propios partidos para mantener una política exterior de Estado. Y no creo que el COVID frene esta acción exterior, sino que va a multiplicar la necesidad de una gobernanza global y un multilateralismo que España puede liderar perfectamente dentro de la Unión. Ante una sociedad internacional cargada de líderes populistas, con un EEUU tendente al unilateralismo, y una China que aspira ser el hegemón por excelencia antes de 2049, no quedan más opciones. No solo el coronavirus nos amenaza, también el cambio climático, e inminentemente. Si estos dos partidos uniesen sus esfuerzos y puntos en común para liderar la que ellos llaman “nueva normalidad”, la coalición podría mantenerse. Habrá que esperar para saberlo.

Referencias

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Lobato, P. y Rodríguez V. (2019). Crónica de Política Exterior española (Diciembre 2018 – mayo 2019). Revista electrónica de Estudios Internacionales. DOI: 10.17103/reei.37.17. 24 de mayo de 2020.

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