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África y el Made in China 2025

Desde hace años, el continente africano ha afrontado multitud de desafíos económicos y sociales que giran en torno a la volatilidad de los precios en sus materias primas, las condiciones climáticas y la falta de empleo que, de haberlo, es poco cualificado, en una escena en la que el incremento demográfico hará que cada año al menos diez millones de africanos se incorporen al mercado laboral. Situación que desde Europa supone una grave amenaza, pero que, para China, configura una gran oportunidad por la que lleva años contribuyendo a la necesaria diversificación de las economías africanas. Las empresas del gigante asiático están construyendo todo tipo de infraestructuras, desde puertos a hospitales y colegios, mientras que influyen en la incorporación de algunos países africanos a las cadenas de valor globales. No obstante, no solo es importante la economía de los países africanos para la RPC, sino que es la base de sus aspiraciones geopolíticas en su carrera hacia el liderazgo del sistema internacional. China ha reservado a África un lugar prominente a largo plazo, y es que pretende convertirlo en su laboratorio particular.

El Made in China 2025 tiene, en líneas generales, tres objetivos: el ascenso de la industria manufacturera china en la jerarquía tecnológica de las cadenas de valor, la transformación de China en potencia tecnológica y la reestructuración del sector industrial. Contempla tres fases: i) la reducción de la diferencia tecnológica con los países líderes para 2025, ii) el fortalecimiento de la posición tecnológica del país en 2035 y iii) el liderazgo de la innovación globalmente en 2045. De esta forma, China aspira a crear cuarenta nuevos centros nacionales de ciencia e innovación tecnológica para 2025.

De acuerdo con Hemmings (2020), para conseguir los objetivos de esta estrategia se propuso la BRI Digital en el marco de la BRI, con la que se pretende la colaboración entre el gobierno y las empresas tecnológicas chinas en el diseño e implementación de la Ruta, así como en los aspectos de la difusión tecnológica china que se enmarcan en esta. Shen (2018) señala que la BRI Digital pretende mitigar la sobrecapacidad industrial de las empresas chinas mientras que favorece la internacionalización del yuan gracias a la concesión de préstamos y fondos a través de los bancos de desarrollo chinos o los específicos de la BRI para financiar proyectos de desarrollo tecnológico. También, pretende construir una red de infraestructuras digitales transnacionales cuyos estándares estén marcados por China y la “promoción de una globalización inclusiva mejorando el acceso de la población mundial a Internet” (Xi, 2017).

La BRI o Nueva Ruta de la Seda fue puesta en marcha por China para consolidarse como una potencia con ambiciones e intereses globales. Ello, ha supuesto un enorme desafío para la economía mundial y toda una revolución en las infraestructuras de transporte de mercancías, hidrocarburos y tecnología, entre otros. Esta vía cuenta con la BRI Digital y con rutas marítimas que se encuentran bajo el llamado “Collar de Perlas”, constituido por una amplia red de puertos comerciales y bases militares que permiten a China ganar influencia y prestigio en la esfera internacional, mientras que se asegura el suministro de los recursos necesarios para su desarrollo. Su principal localidad portuaria es la de Dolareh, en la costa norte de Yibuti, que da acceso al Corredor Económico China – Pakistán. La elección de este lugar del Cuerno de África como país anfitrión responde a una cuidadosa evaluación de las necesidades geoestratégicas de China. Yibuti es el país más seguro y estable de este entorno conflictivo y tiene una gran importancia estratégica. Por otra parte, el Cuerno de África, flanqueado por el mar Rojo y el golfo de Adén, alberga el estrecho de Bab el – Mandeb, que constituye una de las rutas comerciales marítimas y de transporte de energía más importantes del mundo, concentrando hasta el 25% de las exportaciones mundiales y actuando como lugar de paso de alrededor del 30% del petróleo dirigido al Oeste.

Además, la economía china ha evolucionado hacia un nuevo modelo en el que el consumo interno es el protagonista. Diversos factores socioeconómicos y demográficos han provocado la subida del salario medio, y con ello, la clase media. Lo que ha provocado que el gigante asiático pierda competitividad en términos de mano de obra y que el consumo haya aumentado. Por lo que, para satisfacer el incremento de esta demanda, que cada vez es más sofisticada, se vuelven a necesitar más materias primas, más energía, más alimentos y más servicios. Y en este panorama África tiene un rol muy importante: es proveedor de materias primas y de mano de obra. Si China en las últimas décadas del siglo XX se incorporó a los escalafones más bajos de las cadenas de valor globales al acoger parte de la producción de los países más desarrollados, ahora quiere que África sea su sucesora. Parte de la producción industrial china está tendiendo a reubicarse en países con una creciente mano de obra barata y poco cualificada como Etiopía. Esto está promoviendo tanto la incorporación de ciertos países africanos a las cadenas de valor globales, como la creación de actividades intensivas en mano de obra

Para autores como Wim Naudé (2018), la manufactura es un elemento esencial del desarrollo y África se encuentra ante una oportunidad única para industrializarse. Siguiendo a Dani Rodrik y su “imperativo manufacturero”, el crecimiento del sector manufacturero es esencial en el proceso de desarrollo, y en África, concretamente en la subsahariana, contribuye apenas el 11% del PIB y al 6% del empleo. Ahora, las nuevas tecnologías están facilitando la manufactura y con ello el ascenso de la clase empresarial, la demanda de la industrialización y el incremento de la clase media (Arahuetes, 2019). En esta línea, Marwala señala que los líderes africanos deben adoptar la tecnología y utilizar la cuarta revolución industrial para sacar al continente de la pobreza e impulsarlo hacia un futuro mejor. El continente africano en su conjunto no tiene otra opción que adoptar la 4RI y utilizarla para resolver los numerosos problemas a los que deben hacer frente.

Fragmento extraído del Trabajo de Fin de Grado en Relaciones Internacionales realizado por Mar Gámez para la Universidad Loyola (sede Córdoba).

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