Seguro que alguna vez has escuchado los términos “jamón de Jabugo”, “anchoas de Santoña” o “vino de Montilla-Moriles”, y es que las denominaciones de origen protegidas -o DOP- son muy conocidas. Son, como bien dice la Real Academia Española, un signo distintivo de carácter geográfico utilizado para singularizar aquellos productos agroalimentarios que deben su calidad exclusiva o primordialmente al lugar en el que se producen y elaboran.

En España existen alrededor de 100 Denominaciones de Origen solamente en vinos, más de 30 si hablamos de aceite de oliva, y la cifra sigue en aumento si vamos sector por sector dentro de los productos agroalimentarios. Es más, en el año 2015, las Denominaciones de Origen obtuvieron su propia Ley

Y, ¿por qué nos interesan a nosotros? Porque son importantes en términos de exportación. Lo cierto es que aumentan las posibilidades comerciales de los productos. Por el mero hecho de poder poner la pertenencia de Denominación de Origen de La Rioja, ese vino ya cobra, de partida, un valor añadido superior a otro que no la tenga. Esto se debe a que, para que un producto se califique de este forma, debe sufrir un proceso de cultivo y transformación controlado y apto para ello; lo que es sinónimo de garantía de calidad del producto, así como de seguridad alimentaria. Además, las Denominaciones de Origen tienen el respaldo de instituciones y organismos públicos, lo que le da una mayor visibilidad y fiabilidad de cara a potenciales clientes. Una Denominación de Origen con renombre y que se preocupa de posicionar su “marca” adecuadamente puede ser una gran baza.

No obstante, no todo es positivo, y lo debemos tener en cuenta. Las acciones de las instituciones que controlan la Denominación de Origen repercuten directamente en la imagen de nuestro producto, queramos o no. Es más, incluso cuando hay un problema con otra marca dentro de nuestra Denominación de Origen, las consecuencias pueden afectarle a nuestro producto y que, en los medios de comunicación, se hable de un problema con, por ejemplo, los vinos de La Rioja cuando, a lo mejor, el problema es solamente con los vinos de tal marca.

Ventajas y desventajas que tendríamos que sopesar en nuestra estrategia comercial. Igualmente, hay más opciones, como la Indicación Geográfica Protegida -o IGP-. La principal diferencia entre una Denominación de Origen y una Indicación Geográfica Protegida recae en si las fases de producción, transformación y elaboración del producto se elaboran dentro de la zona geográfica propia, como es el caso de la primera, o, si alguna de dichas fases sale fuera de dicha zona.

¡Ya nos contarás por cuál te decantas!

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