Es tarea imposible hoy en día el pensar en un tema que no esté influenciado directa o indirectamente por la famosa globalización. Conocemos el fenómeno por ser la interconexión de todas las naciones que componen el globo, a la vez que la interdependencia. Pero ni mucho menos se trata de un suceso sin críticas ni aspectos negativos.

Aunque situaciones que se podrían categorizar como “globalización” ha habido desde tiempos antiguos, el fenómeno como tal existe desde mitad del siglo pasado. Pero para ver sus problemas no hay que mirar más lejos que hace doce años. La crisis financiera de 2007 tuvo a sus causantes en Estados Unidos, y a sus afectados en todo el mundo. De no ser por la carencia de controles de capitales de la época (causada por la creencia de que iba en contra de la globalización financiera), los créditos basura estadounidenses no habrían cruzado fronteras y el impacto de esta crisis en el planeta habría sido menor. Suceso parecido es el conocido como “pecado original”. Este se da cuando economías emergentes adquieren mucha deuda en monedas extranjeras y, debido a la volatilidad de su moneda nacional, acaban pagando altísimas sumas.

Otro reto al que se enfrenta la globalización es la disparidad de poderes. Cuando un país como Estados Unidos puede ejercer bloqueos y sanciones a voluntad usando el poder del dólar, no podemos hablar de un sistema justo. El gigante americano doblega la voluntad de cualquier nación e impone sus intereses propios. Esta circunstancia se ha agravado con los años y empeora con gobernantes impredecibles como el actual Donald Trump.

Como ya mencioné anteriormente, la globalización también conlleva interdependencia. Esto se traduce como la necesidad de los países de adquirir y vender bienes y servicios entre sí, pero esto no siempre es positivo. Reiterando la presencia del presidente Trump, es de todos sabido que la actual ralentización económica se debe en parte a su guerra comercial con China, además de sus arbitrarias medidas. Cuando un líder de una nación tan poderosa toma una decisión tan ciega en una materia tan importante como el comercio con China, es de esperar que los resultados nefastos estén a la vuelta de la esquina. No solo no ha conseguido potenciar la industria americana, sino que ha causado una caída tal en su economía y en la china que ha temblado el planeta entero. Y aunque muchos se excusen en la falsa teoría de que las recesiones son cíclicas y naturales, lo cierto es que no había motivos para pensar en que se avecinaba una.

Asimismo, merece especial mención la teoría de que la interdependencia generada por la globalización produce paz total. Y es que aunque esta paz es visible en la forma no bélica de solucionar las tensiones internacionales que se ha aplicado durante el último siglo, no hay que olvidar las salvedades. En la acutalidad, son Oriente Medio y África, que siguen sufriendo por la sed de recursos de Occidente, y las nuevas guerras económicas que están a la orden del día.

Les habla un declarado adorador de la globalización, la cual ha generado avances y colaboración sin precedentes en la historia. Pero las imperfecciones deben ser tratadas. Y las soluciones existen. Desde los controles más exhaustivos de capitales y medios financieros, hasta instituciones internacionales realmente justas que equilibren la balanza de poder. Si hemos mejorado, no nos hará falta un choque para abordar dichos problemas, como ha sido en el siempre pasado.

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