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Cuando, durante la mañana del 7 de enero de 2015, dos yihadistas irrumpieron en la sede de la revista satírica Charlie Hebdo y asesinaron a 12 personas, el mundo se paralizó. Televisiones y periódicos se llenaron de condenas y repudia hacia los atacantes y la campaña Je suis Charlie se viralizó. Y, sin embargo, ninguna revista volvió a publicar una caricatura de Mahoma.

En un giro de los acontecimientos que críticos de las corrientes puritanas periodísticas modernas llevaban años advirtiendo, pocos canales de televisión se atrevieron a mostrar las imágenes por las que habían muerto sus compañeros de profesión. En la mayoría de emisiones sobre el atentado por la BBC, la cadena se negó a enseñar los dibujos de la revista. Pero, en ese caso, ¿de qué valen las condenas si ignoran deliberadamente los derechos por los que 12 personas fueron asesinadas?

El ataque a Charlie Hebdo reabrió un debate que llevaba varios años latente en el mundo de la prensa: ¿qué se puede y qué no se puede atacar? ¿Tiene la ofensa carácter crítico, o merece la pena ofender por el simple gusto de hacerlo? Y si ataco y ofendo, ¿estoy dispuesto a afrontar las consecuencias?

La brutalidad del atentado, junto con la ola de nuevos ataques que trajo consigo (tan solo un día después, Amedy Coulibaly mató a una agente de policía, y al día siguiente se atrincheró con rehenes en un supermercado kosher, ejecutando a 4 de ellos) llevó a un replanteamiento de lo que significa la defensa a la libertad de expresión, basado principalmente en el miedo a las repercusiones. A pesar de la insistencia de los medios de comunicación sobre su compromiso con la libertad de prensa y la libertad de expresión, apenas ninguno fue capaz de respaldar sus declaraciones publicando las mismas imágenes, muchos de los cuales se justificaron en su deseo de “no ofender a nadie”. ¿Es ofensa mostrar la causa de un ataque terrorista que no involucra nada más que a Charlie Hebdo? Y al desear no ofender, ¿están faltando al derecho a la libertad de expresión que 12 personas murieron defendiendo?

La libertad de expresión, recogida bajo el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, establece “el derecho a la libertad de buscar, recibir y difundir información e ideas de todo tipo, independientemente de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o impreso, en forma de arte, o cualquier otro medio de su elección”. No es una libertad absoluta, al existir diversas regulaciones en lo respectivo a crímenes contra la reputación personal (difamación) o la salud y seguridad públicas (etiquetado de alimentos). Es uno de los principales derechos del liberalismo tradicional que ha influenciado el desarrollo de la sociedad contemporánea. Evelyn Beatrice Hall, seguidora del filósofo liberal francés Voltaire, resumió parte de su obra con la frase: “no apruebo lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Sin la libertad de expresión, ninguna sociedad es capaz de avanzar de manera positiva.

Durante el siglo XX, los regímenes globales más autoritarios (e incluso algunos de carácter mucho más liberal) mantenían un férreo control sobre sus poblaciones mediante la censura y la intimidación. Cualquier tipo de idea o crítica que pudiera alterar el status quo social e inspirar el más mínimo deseo de cambio era reprimido mediante la violencia y la desaparición del material que hubiera generado la polémica. Desde la Unión Soviética a la España de Franco, la libertad de expresión, de prensa y de asociación desaparecieron durante años, siendo sustituidas por propaganda a favor del régimen y una censura general.

A pesar de parecer algo anticuado y arcaico, este tipo de control sigue existiendo a gran escala a día de hoy, y llega incluso a generar conflictos internacionales debido al alcance de la globalización. En 2014, Evan Goldberg y Seth Rogen co-produjeron la película The Interview, una comedia satírica en la que se muestra al dictador norcoreano Kim Jong-un como un aficionado a Katy Perry y al baloncesto, muy alejado de la imagen poderosa y despiadada que ofrece al resto del mundo, y de la concepción casi mítica que muestra en Corea del Norte (según fuentes oficiales, aprendió a conducir a los 3 años, creó una vacuna milagrosa contra el cáncer, el ébola y el VIH, y su cuerpo está tan bien regulado que no tiene la necesidad de orinar o defecar). Cuando la película fue estrenada, el gobierno norcoreano realizó varias amenazas de atacar Estados Unidos si no retiraba la película, y la compañía Sony Pictures Entertainment fue hackeada. Barack Obama intervino a favor de la libertad de expresión mostrada al crear la película, declarando: “si alguien es capaz de intimidar a la gente para que no estrene una película satírica, imaginen que hará cuando vea un documental que no le guste”.

Con este mensaje, el expresidente muestra a la perfección la necesidad de defender la libertad de expresión frente al sentimiento de ofensa por parte del aludido. La libertad de expresión no solo no debería acarrear consecuencias desproporcionadas, sino que sirve como herramienta frente a regímenes o ideologías que creen tener una superioridad moral o política. Al expresar no solo crítica, sino también ridículo, la libertad de expresión amenaza su poder y fomenta la discusión entre la población de “ideas prohibidas”. Como dice la desertora coreana Yeonmi Park, refiriéndose a The Interview: “la idea principal de The Interview es que es posible matar a un dios”.

La película (a veces llamada “la película que casi provocó la Tercera Guerra Mundial”) no es el único ejemplo del uso de la libertad de expresión contra regímenes autoritarios. En los últimos años, el uso de memes en las redes sociales contra Xi Jinping, presidente de la República Popular China, en los que se le equiparaba con Winnie the Pooh, provocó que la imagen del famoso osito fuera prohibida en China. A modo de respuesta, las redes sociales multiplicaron el fenómeno Xinnie the Pooh a escala global, mostrando su rechazo a su forma de gobernar. Este uso político del ridículo es un mensaje directo hacia el gobierno comunista de China: no tienen tanto control sobre las masas como piensan.

Otra de las bromas más virales en rechazo a regímenes e ideologías extremistas son aquellas relacionadas con las traducciones del Instituto de Investigaciones de Medios de Comunicación en Oriente Medio (MEMRI TV). Conocido por realizar transcripciones al inglés de programas de televisión del mundo árabe, MEMRI TV alcanzó una gran popularidad al mostrar en Occidente algunas de las ideas más ridículas expresadas por clérigos salafistas en lo referente a asuntos sin importancia. Entre las de mayor fama, “los hombres que promueven la igualdad son homosexuales encubiertos”, “según la ley islámica, Mickey Mouse debería ser asesinado en todos los casos”, “hermanos, hay homosexualidad en los dibujos animados (referido a Bob Esponja)” y “es peor que un judío, es, y que Alá me perdone por usar esta palabra, un albanés”.

La propia crítica a esta clase de ideas, prevalentes en lugares que usan la censura y la violencia generalizada para controlar a disidentes, dio lugar a la creación del Día de la blasfemia. Celebrado el 30 de septiembre, ha adquirido un carácter internacional basándose en los principios de la libertad de expresión para criticar religiones y regímenes que las emplean para controlar a la población. En esta fecha se recuerda a las víctimas de leyes contra la blasfemia, que pueden suponer la pena de muerte en cerca de 10 países. Expresando la misma idea, desde 2010 se celebra el Día de dibujar a Mahoma, reivindicando el derecho a la libertad de expresión y el desafío hacia aquellos que tratan de imponer una ley contra la blasfemia mediante la presión y el miedo social.

Charlie Hebdo no estuvo solo en su lucha por la defensa de los derechos y las libertades contra ideologías radicales. Sin embargo, fue uno de los pocos en mantener una presión constante e intensa desde la controversia generada por el periódico danés Jyllands-Posten tras publicar unas caricaturas del profeta Mahoma en 2005. Los dibujos dieron lugar a protestas en todo el mundo, y diversas amenazas dirigidas a los principales artistas. El artista Kurt Westergaard, uno de los autores, vive bajo protección oficial debido a las amenazas de muerte que sigue recibiendo a día de hoy, y ha sido víctima de varios atentados fallidos. Su nombre se encuentra en las listas de objetivos de la mayoría de organizaciones terroristas islámicas, junto a otros dibujantes de Mahoma, como Lars Vilks (el cual estuvo presente durante el ataque a un centro de artistas en Copenhague en 2015) o Stéphane Charbonnier (asesinado en el atentado de Charlie Hebdo).

Los ataques contra defensores de la libertad de expresión no se limitan a artistas y caricaturistas. En 1989, el ayatolá Jomeini, líder supremo de Irán tras la Revolución Islámica, instauró una fatwa (edicto religioso) instando a la ejecución del escritor Salman Rushdie tras la publicación de su novela Los versos satánicos. En el libro, Mahoma aparece en un sueño como un charlatán interesado tan solo en acumular poder, sin capacidad alguna de raciocinio, y obsesionado con el sexo. Mahoma no es la única figura religiosa que aparece satirizada y ridiculizada en la obra, pero ninguna otra causó el mismo nivel de escándalo. Rushdie continúa viviendo bajo protección policial, pero muchos otros asociados con el libro han sido víctimas de amenazas y ataques. El traductor japonés, Hitoshi Igarashi, fue asesinado poco tiempo después de la instauración de la fatwa. El hotel en el que se encontraba el traductor turco, Aziz Nesin, fue incendiado en respuesta a su presencia. Aunque él logró escapar, 37 personas perecieron.

La política y crítica del islam Ayaan Hirsi Ali lleva toda su carrera amenazada por su trabajo defendiendo la libertad de expresión. En 2004 creó la película corta Sumisión junto al director Theo van Gogh, denunciando los abusos contra las mujeres en sociedades islámicas. La película muestra a una mujer vistiendo un niqab transparente, con pasajes del Corán en donde se establece la posición subyugada de la mujer frente al hombre escritos sobre el cuerpo. Algunos de estos pasajes son usados para justificar la violencia contra las mujeres, permitida según el Corán. Meses después del estreno de la cinta, Theo van Gogh fue asesinado, y Ali se mantuvo escondida bajo protección policial durante un año. Hoy se mantiene en la esfera pública, defendiendo la libertad de expresión como uno de los principales pilares para construir una buena sociedad. En su libro, Infiel, escribe: “la libertad de expresión es la base de la libertad y de una sociedad libre; y sí, incluye el derecho a blasfemar y ofender”.

Ayaan Hirsi Ali no solo ha recibido amenazas por fanáticos debido a sus ideas y acciones en la defensa de los derechos. En 2011, la polémica activista feminista Linda Sarsour escribió de Ali: “está pidiendo que la azoteen. Desearía poder quitarle su vagina, no se merece ser mujer”. Ali, superviviente de una mutilación genital cuando era niña, había criticado a Sarsour por defender la ley sharia y a varias organizaciones terroristas, los Hermanos Musulmanes y Hamas entre ellas.

El 1 de septiembre de 2020, en conmemoración del ataque y de la celebración del juicio por el atentado, Charlie Hebdo volvió a publicar caricaturas satíricas de Mahoma. El 25 de septiembre, dos personas fueron heridas por un atacante en la antigua sede de la revista. En respuesta a la multitud de atentados contra Francia desde el tiroteo original en 2015, el 2 de octubre de 2020 el presidente Emmanuel Macron anunció medidas para frenar lo que denominó “separatismo islámico”, prohibiendo la financiación de mezquitas extranjeras y la llegada de nuevos imanes al país. Estos tienden a crear centros de radicalización, importando ideologías salafistas o wahabistas destinadas a fanatizar a miembros de las comunidades musulmanas francesas. Muchos de los atacantes de los últimos años habían atendido este tipo de mezquitas, a las que también se acusa de adoctrinamiento de jóvenes (tras el atentado de 2015, se registraron 200 incidentes en colegios en los cuales grupos de alumnos se habían negado a condenar las acciones de los atacantes). El pasado 16 de octubre de 2020, un joven decapitó a un profesor de instituto que había mostrado imágenes de Mahoma durante una charla sobre la libertad de expresión. Publicó las imágenes en Twitter, con el mensaje: “en nombre de Alá: a Macron, dirigente de los infieles, he ejecutado a un perro, que vaya al infierno”.

Charlie Hebdo fue de los primeros en condenar este nuevo ataque y defender el derecho a la libertad de expresión. Durante años, ha insistido que el miedo a la violencia y a las posibles repercusiones no deberían limitar las discusiones sociales de temas escabrosos, ya que esto solo llevaría a más restricciones sobre el lenguaje y lo que se puede o no decir o hacer, comparándolo con la novela 1984, de George Orwell. Rushdie, en defensa de su libro, declaró: “¿qué es la libertad de expresión? Sin la libertad de ofender, deja de existir […] La defensa de la libertad de expresión comienza en el momento en el que alguien dice algo que no soportas. Si no puedes defender su derecho a decirlo, entonces no crees en la libertad de expresión”. Sin embargo, es Ayaan Hirsi Ali la que muestra mayor insistencia a la hora de defender la libertad de expresión y animar a toda la población a alzarse por este derecho y contra aquellos que quieren reprimirlo. En sus propias palabras: “la tolerancia de la intolerancia es la cobardía”.

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