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¿Qué fue la Revolución de los Claveles?

Grândola, vila morena, terra da fraternidade. Estas letras, que emocionan a cualquier persona que las escuche, son un símbolo de libertad y democracia asociadas a uno de los momentos históricos más caracterizados por su romanticismo: la famosa Revolución de los claveles.

Es importante, antes de aventurarnos con el cuerpo y la historia protagonistas de este artículo, situarnos en un contexto histórico, en la Portugal de 1926. Año y lugar en los que se inició una dictadura conservadora, en la que pronto destacaría Antonio de Oliveira Salazar, quien comenzó a adquirir importancia al hacerse con la cartera de Finanzas. Su buena gestión económica hizo que, tras distintas dimisiones en los sucesivos gobiernos, Salazar ascendiera hasta alcanzar el cargo de primer ministro. Su primer movimiento fue lanzar una Constitución, reuniendo a un grupo de notorios profesores universitarios para crearla, empezando en 1933 lo que conocemos como ‘Estado Novo’ y  el ‘Salazarismo’.

El Estado Novo no fue otra cosa que la implantación de una dictadura en Portugal, que quizás se diferencia de la española, franquista, en vender una mejor imagen para la comunidad internacional, lo que no quiere decir que esta fuese menos represiva.

Franco y Salazar, jefes de la península Ibérica, no tenían una buena relación entre ellos, ni mucho menos. Las buenas relaciones entre España y Portugal se cumplían, pero esto se debía a que Franco se entendía bien con los presidentes de la República, no con el jefe del Gobierno y quien realmente dirigía el régimen. No obstante, el dirigente luso apoyó firmemente al bando sublevado, pues, los aires de libertad que se habían disfrutado en España no parecían ser afines a sus pensamientos.

La preocupación principal, por parte de Franco, venía dada por la amistad Lisboa-Londres y una posible intervención de Gran Bretaña sobre España a través de la frontera lusa. Esto hacía que, pese a esa poca química entre ambos dirigentes, fuese más que necesario generar lazos. La integridad de España dependía de que Salazar no sufriera algún giro de pensamiento que pudiera derivar en un entorno conflictivo para Franco. Por ello, el dirigente español hizo todos los esfuerzos diplomáticos posibles.

Los historiadores conocen bien que Franco no era precisamente un amante de los viajes y por tanto, sus visitas al extranjero eran escasas. Salazar y éste se reunieron en bastantes ocasiones, aunque tuvo que ser el portugués, al que tampoco le gustaban los largos trayectos, quien tuviese que trasladarse a España. Solamente en una ocasión Franco visitó Portugal.  El Pacto Ibérico, que fue de nuevo objeto de una larga negociación, concluyó con la firma en Lisboa a cargo de Salazar, en su condición de ministro de Negocios Extranjeros, y el nuevo ministro español de Asuntos Exteriores, Francisco Gómez Jordán. 

No voy a ser yo quien hoy os cuente como fue el régimen franquista, eso ya lo han oído muchas veces, aunque siempre sea bueno recordar. En este caso quiero tratar lo que pasaba cruzando la frontera, en Portugal. Salazar y Cateano fueron quienes movieron a su país por la oscura regla de las 3 F: Fado, Fátima y fútbol. Todo lo que salía de ahí, era mal visto. Pese a que Portugal no sufrió una guerra civil como la española, sí contaba con rasgos similares, como por ejemplo, los presos políticos que se agolpaban en las cárceles. Y es que esta dictadura aunque más blanda, compartía un mismo enemigo, los comunistas y todo aquel que se saliese de la identidad nacional homogénea. 

Otro rasgo característico fueron las colonias lusas. Concretamente, una parte del Ejército, la más joven, estaba luchando fuera de sus hogares por la continuidad de éstas bajo la metrópoli lisboeta. Es decir, la Revolución de los Claveles es uno más de los tantos procesos de exigencia de derechos libres que acontecieron tras el famoso Mayo del 68.

Los oficiales jóvenes portugueses veían que mucha patria, mucho Dios y mucha familia, pero el pueblo vivía en la miseria, en la incultura y atenazados por el miedo. Portugal era una cárcel oscura, pero a diferencia de España, el ejército luso, o al menos una gran parte, se posicionó más con el pueblo que con el régimen, y esto provocó un golpe de efecto, lo que conocemos como La Revolución de los Claveles, uno de los momentos históricos más importantes en la península Ibérica.

Corría la madrugada del 25 de abril de 1974 cuando se averiguó el primer hito de que algo estaba sucediendo en las calles de la capital. A través de las radios de todo el país se escuchaba la canción «E despois do adeus» (El después del adiós), un tema que había representado a su país en Eurovisión y que, ante la sorpresa, nadie pensaba que podía preceder a una revolución. Ese fue el momento en el que se daba el punto de partida. Sería poco tiempo después, a las 00:30 de la mañana, cuando sonaba el mítico «Grândola, vila morena»,  himno escogido por los capitanes del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) para poner fin a la dictadura más vieja de Europa. 

Pese a que se produjeron continuos llamamientos radiofónicos de los capitanes de Abril (del MFA) a la población para que permaneciera en sus hogares, miles de portugueses salieron a las calles mezclados con los militares sublevados. Nadie entendía muy bien que estaba sucediendo, el caos reinaba. Todos sabían que estaban ante un momento histórico, aunque muy pocos supieron prever que muy pronto se expandiría. Las calles de Lisboa se llenaron de tanques. 

Las acciones militares más relevantes del levantamiento fueron protagonizadas por el comandante Salgueiro Maia que, al frente de las fuerzas de la Escola Prática de Cavalaria, ocupó el Terreiro do Paço. Es decir, lo que popularmente y cualquier persona que conozca la ciudad denomina como ‘Plaça do Comercio». Por la mañana se puso sitio a la sede de la Guardia Nacional Republicana, un cuerpo policial partidario del régimen, y a las 17:30 el presidente de Gobierno se rindió ante el general Spínola, es decir, acababa la dictadura. Caetano procedía al exilio y las calles de todo el país se convirtieron en una fiesta reivindicativa. 

Una mujer se hizo famosa al recorrer las calles de Lisboa con claveles rojos intentado entender lo que estaba pasando, la tienda en la que trabajaba cumplía su primer aniversario y ella fue a comprar los claveles con los que quería agasajar al resto de tiendas, comenzando a entender la realidad. La vendedora, llamada por la curiosidad decide no irse a casa, toma el barrio y se dirige hacia la famosa plaza del Chiado (centro de Lisboa), allí tropieza con un soldado al que desgraciadamente no ha vuelto a ver, aunque bien le gustaría. Ella lo cuenta de esta manera: 

El militar hacía varias horas que no había fumado, así que me pidió un cigarro, yo le dije que no tenía, pero podía ir a comprarlos a un estanco. Los estancos estaban cerrados, por lo que con humor le comenté que si en vez de un cigarro quería un clavel, él lo cogió y lo puso sobre la pistola. Continúe andando hasta el cuartel del Carmen y allí repartí todos los claveles que me quedaban y sentía una alegría enorme que ahora mismo no puedo explicar. Subí y le dije a mi madre que esos claveles que estaban en las pistolas y tanquetas, eran míos y los había dado yo.

Los claveles reinaron en las calles y durante la tarde se produjo el momento en que miles de familias habían estado esperando durante años, la liberación de los presos políticos. Esas imágenes llegaron a España, y muchos dicen que esa jornada fue una de las peores que Franco recuerda, ya que bien supo, que aquello que estaba pasando en Portugal bien podría pasar en su país, pero finalmente lo que sucedió es que habría que esperar aún para la muerte del dictador y que la península pudiese avanzar hacia la libertad de forma conjunta.

La Revolución triunfó, pero las jornadas y meses posteriores no fueron fáciles, la incertidumbre reinó y las peleas entre la izquierda y derecha estaban a la orden del día. Es más, hay que destacar que durante todo un año, muchos no veían un futuro claro para el país y se observaba la estabilidad lusa como un proceso muy a largo plazo. El lado más izquierdista fue ganando peso, en algunos casos con una representación mucho mayor de la que realmente debían tener.

Spinola, descontento con la marcha de los acontecimientos en Portugal tras la Revolución, intentó intervenir activamente en la política, con el ejemplo de presentar su dimisión de la presidencia de la República. No fue hasta 1976 cuando Portugal contó con una constitución democrática que realmente representase todo el campo político.

Son bastantes los expertos quienes consideran que sin la Revolución de los Claveles el proceso transitorio que llegaría tras la muerte de Francisco Franco en España no hubiese sido posible o, al menos, habría ocurrido más lento. El 25 de abril de 1974 el pueblo salió a las calles cansado de la miseria para pedir libertad. Portugal empezó su historia.

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