A pesar de todas las muestras constantes de perseverancia de las feministas iraníes ante el régimen de Teherán y el alcance del movimiento, en Occidente apenas se escuchan noticias al respecto. Ningún canal de televisión menciona los arrestos de activistas opuestas a llevar el velo, los castigos físicos y torturas en las cárceles y las dificultades diarias de vivir en un sistema que te considera inferior desde tu nacimiento. El día 8 de marzo, en Occidente, no se menciona a las mujeres atrapadas en sociedades puramente patriarcales. Algunas acciones de organizaciones feministas del primer mundo tienden a ser fuertemente criticadas y acusadas de invisibilizar a estas mujeres.

El caso más comentado en los últimos años es la polémica Marcha de las Mujeres en Washington en 2017. Originalmente planeada en Facebook por Teresa Shook en respuesta a la victoria de Donald Trump en las elecciones americanas de 2016, la marcha rápidamente ganó popularidad en Internet y las activistas Tamika Mallory, Carmen Pérez, Vanessa Wruble y Linda Sarsour se encargaron de crear toda una campaña a su alrededor. La marcha se celebró el 21 de enero, siendo criticada desde el primer momento. Uno de los principales símbolos creados para representar a las feministas de la marcha es una mujer con hijab, y se animó a las asistentes a llevar un hijab como “símbolo de empoderamiento femenino”, ignorando las connotaciones de sexualización y objetificación de las mujeres.

Algunas participantes llevaron el uniforme de las criadas de la popular serie de televisión El cuento de la criada, ignorando por completo que dicho uniforme está basado en el chador y la imposición del hijab a las mujeres iraníes tras la Revolución Islámica. Durante la marcha, otro grupo de manifestantes popularizó el conocido pussyhat, un gorro de lana rosa que representa los genitales femeninos. Muchas feministas criticaron ambos y acusaron a las organizadores de promover la sexualización “en ambos extremos del espectro político”. Una de las exponentes invitadas a hacer un discurso en la marcha, Donna Hylton, fue recibida como una activista. En ningún momento se hizo mención alguna a que Hylton había pasado 27 años en prisión por torturar y asesinar a un hombre de 62 años por ser homosexual. A través de la cuenta de Twitter del evento, las activistas participantes también desearon un feliz cumpleaños a la terrorista Assata Shakur, llamándola “un símbolo de la resistencia”.

Fuente: Wired
Participantes en la Marcha de las Mujeres en Washington muestran la polémica pancarta mientras llevan puesto el pussyhat
Fuente: The Federalist. Participantes en la Marcha de las Mujeres en Washington se ponen voluntariamente tanto hijabs como pussyhats

Las organizadoras no estuvieron exentas de polémica. Teresa Shook se desentendió de la marcha en 2019, después de críticas constantes desde 2017 a la dirección, a la que calificó de “antisemita y anti-LGBT”. Mallory, Pérez y Sarsour han sido acusadas de mostrar apoyo al líder supremacista negro Louis Farrakhan, dirigente de la Nación del Islam, el cual promueve el racismo y el antisemitismo. Una de las organizadoras originales, Vanessa Wruble, abandonó la organización tras ser víctima de bullying por parte de sus compañeras por ser judía. Tamika Mallory y Carmen Pérez sostuvieron, en diferentes reuniones, la posición de Farrakhan respecto a que los judíos “tenían una responsabilidad colectiva especial como explotadores de negros y morenos”. Otras posturas extremistas relacionadas con la Nación del Islam mantienen que los judíos provocaron el 11-S, el Holocausto y el comercio transatlántico de esclavos, que son los principales promotores de la homosexualidad y están más cerca de Satanás que de Yahweh, y que las personas de raza blanca fueron creadas como una raza de demonios por un científico negro llamado Yakub (al cual se podría identificar como el Jacob bíblico) en la isla griega de Patmos mediante un proyecto de eugenesia.

La organizadora que más controversia ha generado es la activista palestino-americana Linda Sarsour. Sarsour es conocida por su actividad en las redes sociales a favor de distintos movimientos feministas. Sin embargo, sus acciones y declaraciones a favor de sistemas opresores de mujeres han hecho que muchos se cuestionen su objetivo real en la organización de la marcha. Sarsour ha afirmado en múltiples ocasiones apoyo a la ley sharia, empleada en Irán y Arabia Saudí, entre otros Estados. Como se ha mencionado anteriormente, la sharia establece la posición inferior de la mujer frente al hombre y le niega toda clase de derechos fundamentales. A pesar de esto, y del obvio conflicto con los valores feministas, Sarsour ha defendido la existencia de juzgados islámicos basados en la sharia, y ha insistido que es una buena forma de vivir porque “no hay interés en los préstamos”, ignorando la opresión de las mujeres, las torturas físicas, las penas capitales hacia inocentes y la violencia de este sistema. 

Según la activista, “la ley sharia es razonable y cuando lees los detalles tiene mucho sentido. La gente solo conoce lo básico”. Nunca ha mencionado a qué se refiere con ‘lo básico’ de la ley sharia, si a las lapidaciones o a la matanza indiscriminada de homosexuales. Sarsour también ha indicado apoyo a Arabia Saudí, que emplea la sharia, ya que “tienen 10 semanas de baja maternal pagada. Sí, pagada. Y os preocupáis porque las mujeres puedan conducir.” El antiguo Cónsul General de Israel en Nueva York, Dani Dayan, le respondió: “en Israel, las mujeres tienen 14 semanas de baja maternal pagada y pueden conducir”. Sarsour había expresado numerosas críticas contra Israel y los judíos previamente, declarando que la persecución a los judíos “no es sistemática”. De todas las organizadoras de la marcha de las mujeres, Sarsour y Mallory son las que se han mostrado más cercanas a Louis Farrakhan. Sarsour también ha defendido públicamente a la organización terrorista Hermanos Musulmanes en un tweet, escribiendo “¡los Hermanos Musulmanes sí que saben divertirse! ¡Así que estos son los islamistas radicales tomando el control! Son los que más molan.”

Algunas organizaciones sionistas se han mostrado preocupadas por el activismo de Sarsour debido a su apoyo al movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS), asociado con Hamas. En un tweet, Sarsour escribió: “Arabia Saudí decapita a más gente que ISIS #hecho”. En varias ocasiones, la activista feminista se ha referido a mostrarse contraria al presidente electo Donald Trump como “una forma de jihad”. En 2017, Sarsour dijo sentirse “honrada y privilegiada” tras participar en una conferencia junto a la terrorista Rasmea Odeh, la cual asesinó a dos estudiantes israelíes en 1969. A pesar de las obvias discrepancias que todos estos hechos suponen respecto al activismo feminista de Sarsour, su declaración más infame y cruel debería haber bastado para alejarla de cualquier clase de aceptación entre el movimiento feminista occidental.

Tras recibir críticas por parte de Brigitte Gabriel y Ayaan Hirsi Ali por apoyar la sharia, Sarsour publicó en su cuenta de Twitter: “Brigitte Gabriel=Ayaan Hirsi Ali. Está pidiendo que la azoten. Desearía poder quitarle sus vaginas, no se merecen ser mujeres.” Ayaan Hirsi Ali es una superviviente de una mutilación genital femenina en la infancia. Gabriel, experta en seguridad, ha asegurado que a Sarsour no le interesa el feminismo y que a través de la marcha de las mujeres y varias organizaciones “manipula a las ignorantes para avanzar su causa. […] Quiere que la ley sharia sea la ley de los Estados Unidos, como ha twitteado tantas veces, hablando sobre lo maravillosa que es la sharia y la suerte que tienen las mujeres de Arabia Saudí”.

Fuente: Newsweek. Tweet eliminado de Linda Sarsour sobre Brigitte Gabriel y Ayaan Hirsi Ali

Las activistas feministas no son las únicas que muestran esta clase de hipocresía. En un gran momento de empoderamiento y valentía, el autodenominado “primer gobierno feminista” de Suecia se tomó una fotografía burlándose del presidente norteamericano Donald Trump, mostrando al grupo, compuesto exclusivamente por mujeres, afirmando su compromiso con el feminismo y la ecología de manera seria y contundente. Diez días después, todas ellas se cubrían con el hijab y abrigos oscuros durante una visita al régimen iraní. La ministra de comercio, Ann Linde, decidió llevar una túnica negra similar a un chador. Linde es una de las encargadas de la “política exterior feminista” cuyo principal objetivo es “promover una perspectiva de igualdad de género, en la cual la igualdad entre hombres y mujeres sea un objetivo fundamental”.

Masih Alinejad criticó duramente este doble estándar en el Parlamento Europeo. “Las políticas europeas son unas hipócritas. Apoyan a las mujeres musulmanas francesas y condenan la prohibición del burkini, porque creen que la compulsión es algo malo. Pero, cuando se trata de Irán, tan solo les importa el dinero. […] Van a mi país, e ignoran a los millones de mujeres que me envían sus fotos y se ponen a sí mismas en peligro para que las escuchen. Y [las políticas] siguen sonriendo, y poniéndose el hijab, y diciendo “este es un problema cultural”, lo cual es falso.”

A pesar de todo, muchas políticas europeas han continuado obedeciendo las demandas machistas de la teocracia. El mismo día que Shaparak Shajarizadeh era arrestada por protestar contra la imposición del hijab, tres políticas neerlandesas se cubrían frente al régimen. Varios partidos y políticos europeos que dicen defender el feminismo y la igualdad han colaborado con el gobierno de Teherán a cambio de poder e influencia. En varias ocasiones, la policía de la moralidad ha utilizado estas visitas de líderes europeas para acosar a las iraníes en contra del velo. Curiosamente, las únicas que han defendido públicamente a las mujeres iraníes y desafiado la imposición del hijab han sido las jugadoras del Campeonato Mundial Femenino de Ajedrez de 2017, las cuales organizaron un polémico boicot al negarse a llevar el hijab tras anunciarse que la competición sería celebrada en Teherán.

Fuente: The Guardian. El ‘primer gobierno feminista’ de Suecia firma una nueva ley sobre el cambio climático
Fuente: UN Watch. El primer gobierno feminista de Suecia en Irán, diez días después de firmar la nueva ley

El movimiento #metoo también ha sido acusado de crear más hipocresía y centrar la conversación sobre los derechos de las mujeres en torno a las occidentales. El hashtag #mosquemetoo, que pretendía señalar los abusos sexuales que sufren las mujeres en el mundo musulmán, apenas pudo verse impulsado debido a las polémicas en torno al movimiento estadounidense original. Creado por actrices de Hollywood para denunciar los abusos de la industria, el #metoo fue usado para acusar a miles de personas en las redes sociales sin ninguna prueba, como una auténtica caza de brujas. Varias de las actrices que impulsaron el hashtag fueron acusadas de abusos físicos y sexuales por terceros, como Amber Heard (la cual admitió haber abusado físicamente de Johnny Depp, quien la culpó de haberlo quemado en la cara con cigarrillos y cortarle un dedo con una botella de cristal) y Asia Argento (la cual mantuvo relaciones sexuales con Jimmy Bennet cuando este tenía 17 años, y le pagó 380.000 dólares por su silencio, lo que trató de ocultar durante sus alegaciones contra Harvey Weinstein).

Numerosas celebrities de Hollywood han defendido durante años al director Roman Polanski, exiliado en Francia para no ser detenido por violar a una niña de 13 años en 1977. Varios días después de que las acusaciones de agresión sexual contra Joe Biden salieran a la luz, Lisa Bloom, famosa abogada de casos de acoso y abuso, manifestó en su cuenta de twitter: “te creo, Tara Reade. Tienes a gente que recuerda que les contaste esto hace décadas. Sabemos que es un “sobón”. No estás pidiendo dinero. Sabemos que has tenido que pelear duramente por esto. Yo sigo teniendo que luchar contra Trump, así que seguiré apoyando a Joe. Pero te creo. Y lo siento”. En los siguientes mensajes, reiteraba la necesidad de apoyar a Biden por sus creencias políticas, mientras atacaba a Fox News por prestar atención al caso de Tara Reade y no al que ella representaba en el momento.

La propia Alyssa Milano, que catapultó el movimiento original, defendió a Biden después de escribir “no puedes fingir ser el partido de los americanos y después no apoyar a una mujer que presenta su historia de #metoo” y “no creo que la misoginia de un hombre deba tener precedencia sobre la humanidad de una superviviente”, ambas respecto a las alegaciones de agresión sexual contra el juez Brett Kavanaugh, y “tolerancia cero. Si no responsabilizamos a todos por un comportamiento horrible, nada cambia. Lo siento, [Al Franken], no deberías estar en una posición para representar a las mujeres constituyentes en tu Estado” en referencia a las mismas acusaciones contra el senador demócrata Al Franken.

Esta clase de acciones en nombre del feminismo, totalmente contrarias a los derechos de las mujeres, han provocado que numerosas activistas feministas hayan decidido distanciarse de la ola actual. Mientras se toman decisiones que supuestamente muestran la auténtica relevancia de las mujeres en la sociedad, como el uso del lenguaje inclusivo, muchas las califican de paternalistas e insisten que, en lugar de promover el papel de la mujer como igual al hombre, tan solo infantilizan al sexo femenino. Pensadoras feministas acusan a las defensoras de la ola actual de ver el mundo a través de unas “lentes de género”, de tal manera que siempre serán las víctimas de un sistema opresor y no serán responsables de sus propios fallos.

Una de las principales acusadas de este victimismo es la política americana Hillary Clinton, la cual ha reiterado que la misoginia es lo que provocó que perdiera las elecciones presidenciales en 2016, pero que ha atacado a varias mujeres por no apoyarla, como Melania Trump o la candidata demócrata Tulsi Gabbard, a la que ha acusado de ser una agente rusa. Gabbard llamó a Clinton “la reina de los belicistas, la encarnación de la corrupción y la personificación de la podredumbre que ha plagado el Partido Demócrata” por su apoyo a la participación estadounidense en conflictos extranjeros y sus actividades en la Fundación Clinton. Christina Hoff Sommers criticó a Clinton por sus “comentarios discrepantes” respecto al abuso sexual: “debería empezar denunciando a su marido”.

La vicepresidenta americana Kamala Harris también ha sido objeto de ataques por similares declaraciones, en las cuales admitía creer las acusaciones de acoso sexual contra su jefe, Joe Biden. La fundadora de la escuela de pensamiento feminista conocida como “feminismo amazonas”, Camille Paglia, ha calificado al movimiento feminista contemporáneo como “feminismo burgués” que “está institucionalizando la neurosis. […] Busca que el Estado proteja [a las feministas] de manera paternalista […] Se trata de debilitar a las mujeres, no de fortalecerlas”. Paglia ha criticado al movimiento actual de sexista por presentar al sexo masculino como opresor de las mujeres.

Todos estos conflictos, unidos a los acalorados debates que chocan con la ideología feminista interseccionalista contemporánea (ya sea si J.K. Rowling merece “ser cancelada” por defender que la palabra para “persona que menstrúa” es “mujer”, si la masculinidad es intrínsecamente tóxica, si los baños de las mujeres deberían ser eliminados en favor de baños de género neutro, si se debe eliminar el uso de la palabra ‘madre’ por no ser lo suficientemente inclusiva, o si los rascacielos son demasiados fálicos) han provocado que las feministas provenientes de países como Irán o Arabia Saudí se sientan olvidadas y abandonadas.

La destacada activista Yasmine Mohammed se ha burlado del movimiento feminista occidental, pero también ha expresado frustración y resentimiento, acusando a las feministas de usar a las mujeres de países patriarcales cuando les es conveniente. Mohammed celebra el #nohijabday y #freefromhijab (iniciados junto a la activista musulmana Asra Nomani) en sus redes sociales, luchando contra “una herramienta que promueve la subyugación femenina” y “la cultura de la violación”, pero que muchas feministas occidentales acogen como “una prenda de empoderamiento femenino”, a las que Mohammed llama “traidoras del feminismo”. Ha sido especialmente dura con Miley Cyrus, la cual celebró el lanzamiento de una nueva Barbie vistiendo un hijab: “[utiliza] su poder e influencia para apoyar su propia libertad y la libertad de otras mujeres en Occidente, y [usa] ese mismo poder e influencia para apoyar la misoginia y la subyugación de otras mujeres. Es una hipocresía angustiosa”. 

En un podcast presentado por Sam Harris, Mohammed habló de un “sistema a dos niveles, de todas las chicas que importan y las chicas que no importan” y dio las gracias al académico por su apoyo a las mujeres en países de Oriente Medio: “era la primera vez que había visto a alguien en Occidente […] hablando por nosotras como si fuéramos seres humanos, como cualquier otra chica en el mundo”. Se refirió a la polémica portada de una revista que instaba a ‘celebrar’ el hijab como símbolo de libertad: “¿celebrarías la ropa interior mormona en la portada de Sports Illustrated? No, no lo harías, verías automáticamente que es ridículo, por muchos motivos diferentes. Pero, tener un burkini en la portada de Sports Illustrated, ¿es algo que celebrar? Quiero que lo piensen 4 segundos más, y piensen ¿por qué celebramos esto, pero esto no?” Mohammed, la cual pasó toda su infancia en una familia abusiva después de que un juzgado canadiense dictaminara que sus malos tratos simplemente se debían a “diferencias culturales”, rompió a llorar recordando la famosa charla TED de Harris en 2010: “era la primera vez que, en algún medio de comunicación, escuché a alguien preocuparse por esas chicas de la misma forma en que te preocuparías por cualquier otra chica. El razonamiento que estabas haciendo en esa charla TED… estas chicas de Afganistán, ¿cómo son distintas a unas chicas en una secta mormona?”.

La activista recalcó sus creencias en la libertad de vestimenta, pero también de crítica, especialmente a las defensoras del velo que jamás se han visto obligadas a llevarlo: “me da mucha pena que consideren a las mujeres musulmanas de alguna otra especie, que son completamente distintas a ellas. […] Cuando se trata de estas mujeres de fuera, ¿entonces es empoderador? ¿Sería empoderador para ti, si a ti te dijeran que tienes que ponerte esta ropa para protegerte de hombres que podrían violarte? O, ¿tienes que ponerte esta ropa para poder ser buena, y pura, e ir al Cielo, porque si no la llevas eres una sucia puta? Ninguna mujer quiere escuchar eso, ninguna niña de 7 años quiere que le digan “tienes que vestir esto para poder ir al colegio, tu hermano no, él puede llevar lo que quiera, pero tú debes ponértelo, o no vas a recibir una educación. Es una atrocidad, es algo que debería molestar a todos y cada uno de los seres humanos, y el hecho de que piensen que está bien para esas humanas de allí, pero no para nosotras, es lo que verdaderamente me duele. […] ¿Por qué las mujeres de estos países no se merecen, no #freethenipple, sino #freetheface? ¿Por qué ellas no se merecen libertad? ¿Cómo son un tipo de ser humano distinto a ti?”

Mohammed comentó acerca de varios casos en los que esta clase de opresión se ha vivido en países occidentales, señalando, en particular, el asesinato de Aqsa Parvez, estrangulada hasta la muerte por su padre y su hermano con el mismo hijab que se negó a llevar. Parvez vivía en Mississauga, Canadá. Por esto, se mostró especialmente dura con las mujeres que ignoran la relevancia simbólica del hijab: “cuando la primera ministra de Nueva Zelanda, o Meghan Markle, se ponen un hijab, no es un apoyo benigno a una práctica cultural benigna. No es solo un símbolo, sino una herramienta de opresión. […] Hay una lucha contra el hijab ahora mismo. Mujeres en Sudán, Egipto, Irán, Arabia Saudí, están quemando sus hijabs en la calle, están luchando contra esto… y ver a mujeres occidentales libres, mujeres occidentales libres y líderes, tomando esto contra lo que están combatiendo, y poniéndoselo voluntariamente […] están apoyando a los opresores contra los que están luchando estas mujeres”.

Fuente: The Guardian. Participantes en una marcha feminista visten el atuendo de las criadas en El cuento de la criada
Fuente: Imgur. Captura de un vídeo en el que una mujer es atacada por la policía moral por no llevar bien puesto el hijab

A pesar de todos sus intentos, las feministas iraníes, y del resto del mundo que queda fuera de la esfera de Occidente, continúan sin recibir atención por parte de grandes grupos feministas. La activista por los derechos de las mujeres y fundadora de Faithless Hijabi, Zara Kay, fue detenida el pasado 28 de diciembre en Tanzania (había viajado para ir a visitar a su familia) y acusada por blasfemia por el gobierno, al que había criticado por su gestión del COVID-19. Su pasaporte australiano fue confiscado y, a través de breves comunicados, ha admitido que no está recibiendo apoyo por parte del consulado. Compañeros activistas en contacto con Kay, entre ellos la propia Yasmine Mohammed (con la que colaboró en Youtube para explicar los orígenes del hijab), han iniciado el movimiento global #justiceforzarakay. Sin embargo, apenas está recibiendo atención mediática.

Una de las mujeres detenidas en Irán por negarse a llevar el hijab en público, Monireh Arabshahi, preguntó en un vídeo viral: “si nos detienen, ¿seréis nuestra voz?”. En un mundo en el que las redes sociales pueden ayudar a elevar hasta la más mínima preocupación, ¿qué lo impide?

NOTA: Debido a la longitud del artículo, ha resultado imposible incluir las historias de todas las mujeres que han sido encarceladas o ejecutadas debido a su actividad a favor de sus derechos o por desafiar al régimen. Entre las no mencionadas previamente, se encuentran Elham Barmaki, Nazanin Zaghari-Ratcliffe, Aras Amiri, Masoumeh Ataei, Soheila Jorkesh, Masoumeh Jalilpour, Fatemeh Borhi, Rayhaneh Ameri, Fatemeh Barihi, Samaneh Norouz Moradi, Fariba Adelkhah, Fariba Kamalabadi, Mahvash Shahriari Sabet, Negin Tadrisi, Farah Hesami, Azita Rafizadeh, Nasim Bagheri, Elham Hosseinabadi Farahani, Negin Ghodamian, Forough Taghipour, Nasim Jabbari, Maryam Banou Nassiri, Nejat Anvar Hamidi, Zahra Safaei, Parastoo Mo’ini, Maryam Akbari Monfared, Sedigheh Moradi, Fatemeh Mossana, Behnaz Zakeri Ansari, Rayhaneh Haj Ebrahim Dabbagh, Zahra Zehtabchi, Zahra Akbari-Nejad, Nahid Fat’halian, Marzieh Farsi, Somayeh Bidi, Elham Ahmadi, Maryam Naghash, Ziba Pourhabib, Fatimeh A’rafi, Leila Jafari, Sima Entesari, Zahra Mohammadi, Daiman Fat’hi, Somayyeh Roozbeh, Mojdeh Mardouki, Shima Babaei, Marzieh Vafamehr, Bahareh Hedayat, Giti Pourfazel, Nahid Shaqaqi, Akram Nasirian, Zahra Kazemi, Reyhaneh Tabatabaei, Afarin Chitsaz, Noushin Jafari, Shahrzad Jafari, Raheleh Ahmadi, Marzieh Rasouli, Parastoo Dokouhaki, Sepideh Gholian, Mourdia Amiri, Atena Farghadani, Tahereh Jafari, Roya Saberinejad Nobakht, Sara Sheriatmadari, Niloufar Motiei, Foruzan Abdi, Mabubeh Parcham Kashari, Shahla Shahdoust, Monireh Rajavi, Nasibeh Shamsaei, Farrakhroo Parsa, Mona Mahmudnizhad, Atefeh Sahaaleh, Mahboubeh Abbasgholizadeh, Parvin Ardalan, Noushin Ahmadi Khorasani, Shadi Sadr, Mahnaz Afkhami, Roya Toloui, Shiva Nazar Ahari, Mansoureh Behkish, Maryam Shafipour, Shohreh Bayat, Shahla Jahanbin, Shahla Entefari, Zahra Jamali, Samira Jamali, Marzieh Amiri, Neda Naji, Atefeh Rangriz, Parvin Mohammadi, Narges Mansouri, Haleh Safarzadeh, Ronak Safarzadeh, Hanna Abdi, Fatemeh Goftaria, Rayhaaneh Jabbari, Farangis Mazloumi, Sahra Afsharian, Mehrangiz Kar y Homa Darabi. Estos son todos los casos conocidos públicamente. Esta lista no incluye a las más de 400 mujeres asesinadas durante las protestas contra el régimen iraní en noviembre de 2019.

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