Vivimos en una sociedad en la que el odio está a la orden del día. Lo vemos en el deporte, por el que se enfrentan los aficionados de distintos equipos, e incluso, en la política; la polarización social cada vez es más crítica. Conceptualmente, el odio es la antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea(RAE); mientras que en el ámbito jurídico, puede tener su manifestación en el delito de odio. En España, se recoge en el artículo 510, capítulo IV, sección 1ª del Código Penal, donde se castiga con pena de prisión de 1 a 4 años, además de una pena de multa de 6 a 12 meses.

Este delito suele estar acompañado de otros tipos delictivos, como abuso sexual, lesiones, amenazas, agresiones sexuales o hurtos, entre otros. En España, el origen de este sentimiento suele ir ligado a la orientación sexual e identidad de género, nacionalidad y migración, discapacidad, religión o creencias, situación de pobreza, exclusión social y, antisemitismo. El Ministerio del Interior, en base a la OSCE, lo estipula como cualquier infracción (ya sea contra personas o propiedades) en la que la víctima, el local o el objetivo de la misma se elige por su conexión, simpatía, filiación, apoyo o pertenencia a un grupo (étnico, de determinada religión, sexo, edad, color…). El odio se provoca a través de diferentes discursos:

  • El de intolerancia: niega dignidad y derechos a una persona o colectivo social por motivo de su diversidad. La intolerancia es una realidad multiforme que se manifiesta en el antisemitismo, el racismo, la xenofobia o la islamofobia, entre tantos otros.
  • El de odio: el Consejo de Europa en 1997 lo caracterizó por abarcar todas las formas de expresión que propaguen, inciten, promuevan o justifiquen el odio racial, xenofobia, antisemitismo u otras formas de odio basadas en la intolerancia expresada por agresivo nacionalismo y el etnocentrismo, la discriminación y la hostilidad contra las minorías, inmigrantes y las personas de origen inmigrante.
  • Discriminación: es aquella conducta por la que una persona es tratada de manera menos favorable de lo que sea, haya sido o vaya a ser tratada otra en situación comparable y cuando una disposición, criterio o práctica aparentemente neutra sitúe a personas en desventaja particular con respecto a otras.

El odio se da presencialmente, pero también en las redes. Hablo del ciberodio -cualquier uso de las comunicaciones electrónicas que difunda discurso de odio- y el ciberacoso. Este último se da en contextos escolares, con una implicación electrónica que tenga una motivación de razones que incluyan, pero no se limiten, a la “etnia” real o percibida, el color, religión, nacionalidad u orientación sexual”; cuyo objetivo sea el de dañar físicamente a un estudiante o a sus pertenencias, interferir sustancialmente con las oportunidades educativas del estudiante, ser tan duro, persistente o dominante que se cree un ambiente educativo intimidante o amenazante y perturbar sustancialmente el normal desarrollo de la actividad escolar.

Desde el punto de vista de la prevención, el Ministerio del Interior de España aconseja que se denuncie ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado lo antes posible, se facilite información sobre los hechos, se describa literalmente las palabras dichas por los autores, se señale si se ha cometido en razón de la nacionalidad u otra característica similar y se detalle la vestimenta o cualquier marca, símbolo o distintivo de los autores. Después del incidente, se recomienda anotar o grabar toda la información sobre el hecho. Sin embargo, las víctimas no suelen denunciar estos actos. Esto se debe a que el 60% de las víctimas piensan que nada va a cambiar y el 30% no saben cómo o dónde denunciar los hechos.

Los delitos de odio no se dan solamente en España, ni mucho más lejos de la realidad. En Estados Unidos, en el año 2019, los delitos de odio crecieron un 9%. De hecho, casi todos conocemos al Ku Klux Klan (KKK de ahora en adelante). Veamos:

América: el supremacismo blanco y el Ku Klux Klan

Este grupo se funda a finales de 1865 por veteranos de la Guerra de Secesión, y se disuelve en 1871 por el presidente Ulysses Grant a través de la famosa Acta Ku Klux Klan. En 1915 se constituye un nuevo grupo con el mismo nombre, que tuvo gran popularidad hasta la Gran Depresión de 1929 y durante la Segunda Guerra Mundial, cuando algunos miembros de la alta cúpula del KKK apoyaron abiertamente a la Alemania nazi (1933 – 1945). En el año 1920, el KKK contaba aproximadamente con 4.000.000 de miembros, un número muy alto si lo comparamos con el de la actualidad: unos 8000. Dos tercios de los grupos que siguen activos se encuentran en Estados que fueron confederados, y se organizan en diferentes secciones, como la Iglesia de los caballeros estadounidenses del KKK, los Clanes imperiales de Estados Unidos, los Caballeros de la camelia blanca o los Caballeros del KKK.

En cuánto al papel de las mujeres en el KKK, se centran en las agendas morales, cívicas y educativas del Klan. Su papel fue primordial en la década de los años 20 del siglo XX, cuando tuvieron gran peso en los Estados de Ohio, Pennsylvania, Indiana y Arkansas. En el ámbito internacional, el KKK no se ha expandido a otros países, pero sí los líderes de estos han elogiado a líderes de partidos de otros Estados, como fue el caso de Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, que fue felicitado por uno de los jefes de la organización.

Desde mayo de 2020, tras la muerte de George Floyd, se han producido grandes protestas a lo largo y ancho de Estados Unidos, traspasando, incluso, fronteras a través del movimiento Black Lives Matter. En una de estas manifestaciones, un miembro del KKK embistió con su coche a los manifestantes, provocando un herido leve. Se estudia si puede ser imputado por delito de odio. Las penas de estos crímenes, al estar relacionados con otros, oscilan ampliamente, llegando hasta la pena capital, como fue el caso de John William King.

La idea del supremacismo blanco sigue viva, y no solo lo predica el KKK, también lo hacen otras organizaciones como Combat 18 o Trueno Nórdico. Es decir, aunque es ampliamente conocida su presencia en EEUU, está latente a lo largo y ancho del mundo.

Y ejemplo de ello fue y es el nazismo, cuyos fundamentos, basados en ideología racial, política, económica y cultural, hablaban de la dominación del pueblo germano o raza aria. Adolf Hitler, en su libro “Mein Kampf” (Mi lucha), elogiaba el racismo institucional que tenía Estados Unidos a principios del siglo XX, defendiendo, incluso, los abogados del partido nazi el uso de este modelo. De hecho, se promulgaron hasta las Leyes de Núremberg (1935) para prohibir relaciones y matrimonios de “alemanes” con judíos, en primer lugar, y gitanos y eslavos, más tarde.

En la actualidad, continua a través del neonazismo, fundamentado sobre el ultranacionalismo, el racismo, la xenofobia, homofobia, islamofobia, el antisemitismo y el anticomunismo. Esta vertiente niega el holocausto y busca la creación del Cuarto Reich, con una clara admiración a Adolf Hitler. Desgraciadamente, ha ganado influencia internacional, como ahora iremos viendo.

En Canadá han surgido partidos políticos como el Partido Nacionalista de Canadá. En Estados Unidos, sigue funcionando el Partido Nazi Americano.

Asia: Japonofobia

También en países como Indonesia, Israel, Japón, Mongolia o Taiwán hay partidos neonazis. Por su parte, en China, Corea, Taiwán o Filipinas se da, además, la japonofobia. Sentimiento antijaponés por el que se odia, desconfía, deshumaniza e intimida al pueblo japonés.

África: conflictos étnicos y supremacismo blanco

Los conflictos étnicos no son baladís. En el genocidio de Ruanda de 1994, el pueblo tutsi fue masacrado en apenas 3 meses por el hutu, provocando entre 500.000 y 1.000.000 de víctimas con herramientas rudimentarias como son los machetes. En la actualidad, uno de los mayores focos de odio se encuentra en Mali, donde los enfrentamientos entre agricultores y pastores fulani por parte de dogones han causado la muerte de cientos de personas y el desplazamiento de muchas otras. El hecho más brutal ocurrió el 23 de marzo de 2020 en Ogossogou, cuando murieron 160 personas del poblado fulani. Este odio no es actual, viene del pasado, remontándose al siglo IV, con el origen del pueblo. Nigeria es el país con más población fulani, con 15 millones de habitantes, mientras que en Mali se estima que el 17% de la población lo es, siendo el segundo grupo étnico. Este conflicto ha pasado de combatir con garrotes y espadas al uso de Kalashnikov, armas que son fáciles de conseguir.

¿Causa? El reparto de África y la conferencia de Berlín:

En 1948, el Partido Nacional de Sudáfrica introdujo el apartheid, sistema de segregación racial que actuaría en Sudáfrica, Namibia y Rodesia (Zimbaue en la actualidad); con el que los blancos dominaban desde las instituciones a otros: sufragio a favor de ellos, prohibición de matrimonios entre personas de piel blanca y negra…

Hoy día, hay varios grupos como el Afrikaner Weerstandsbeweging, descritos y manifestados abiertamente como neonazis.

Europa

En la actualidad, en la mayoría de sus Estados, tienen visibilidad partidos neonazis. Es en Grecia -con el partido Amanecer Dorado-, Francia -con el Frente Nacional-, Hungría -con el Partido de la Cruz Flechada (tercera fuerza política en 2010)-, Polonia (a pesar de que la Constitución cita que promover cualquier sistema totalitario incita al odio y la violencia) o Ucrania, donde mayor representación social e institucional ocupan.

Hasta principios de los 2000 los insultos racistas estaban a la orden del día. En España, continúan; y algunos ejemplos son:

  • En 1997, Jesús Gil, antiguo alcalde de Marbella y ex presidente del Atlético de Madrid, se refirió a los jugadores del Ajax como “Los negros del Ajax”. Hecho por el que, obviamente, tuvo que pedir perdón.
  • En 2006, el jugador del Fútbol Club Barcelona Samuel Eto´o quiso abandonar el terreno de juego del Real Zaragoza tras escuchar cánticos racistas desde la grada. Cuando estaba ya apunto de encaminarse hacia el túnel de vestuarios, el entrenador del Barcelona por aquel entonces, el holandés Frank Rijkaard, lo convenció, desafortunadamente, para que volviese al juego.
  • En 2014, en un Villareal – Barcelona, un plátano, acompañado de cánticos racistas, fue arrojado hacia el jugador culé Dani Alves. Este lo cogió y se lo comió previamente a lanzar el saque de esquina que estaba dispuesto a ejecutar. Este hecho tan lamentable fue castigado por el club amarillo con sanción a la persona que lanzó el plátano, y la Policía Nacional le arrestó.

Estas acciones vienen propiciadas por los grupos ultras de los equipos, que suelen cometer delitos comunes, como son los de odio o lesiones; y, en algunos casos, de homicidio y asesinato. Los ultras consiguen adeptos de edades tempranas, y se estructuran con un cabecilla o “capo” que dirige la banda, y la división de esta en diferentes secciones. Se financian a través de delitos de hurto y robo, además de la venta, principalmente, de merchandising del propio grupo. Casi todos los clubes de España tienen sus fieles seguidores con una ideología concreta.

En la extrema derecha encontramos a los ultras de Frente Atlético (Atlético de Madrid), Ultras Sur (Real Madrid) o Frente Bokerón (Málaga). En la extrema izquierda, algunos ejemplos son, los Bukaneros (Rayo Vallecano), Riazor Blues (Deportivo de la Coruña) o Celtarras (Celta de Vigo). Estos grupos tienen hermandades entre sí, tanto nacionales (alianza de Riazor Blues con Biris Norte (Sevilla FC)), como internacionales (Ultras Sur y los de la Lazio italiana). Algunos clubes ya les han vetado la entrada a sus estadios, como a los Ultra Sur en el Santiago Bernabéu.  

Aunque es difícil de erradicar, ojalá algún día se acabe el odio; o, por lo menos, su propagación.

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