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Qué está pasando en el Canal de Panamá

El Canal de Panamá es una de las rutas marítimas más importantes para el comercio internacional. Sin embargo, debido a su propia ingeniería y la sequía continuada en la zona, se está enfrentando a diferentes retos que pueden afectar económicamente a empresas y sociedad civil. 

En el comercio internacional juega un papel fundamental la distancia entre países, la red de infraestructuras y la posibilidad de lograr esas economías de escala que hacen más o menos competitivos a los países en cuanto a exportaciones e importaciones se refiere. Por eso, en el comercio marítimo se usan los canales internacionales.

Los canales internacionales como el de Suez o Panamá son vías artificiales de agua que comunican dos espacios marítimos, acortando distancias. Son“choke points” (o cuellos de botella) que se configuran como zonas con un alto valor estratégico para los actores internacionales. 

El Canal de Panamá es una de las vías marítimas más importantes del mundo, asociada al 6% del comercio mundial. Es administrada por una entidad autónoma del gobierno de Panamá; y conecta por su franja de 80 kms a 1920 puertos de 170 países diferentes a través de 180 rutas marítimas. Lo que se traduce en reducción de tiempos y distancias, y por tanto, de costes económicos

El principal usuario del Canal de Panamá es EEUU, que representa casi el 67% de la carga total transportada a través de la vía interoceánica; y las principales rutas son: 1) entre la costa este de EEUU y Asia, 2) la costa este de EEUU y la oeste de América del Sur, 3) la costa este de EEUU y la coste oeste de América Central, 4) Europa y la costa oeste de América del Sur y 5) entre Asia y la costa este de América Central.

Por eso, de no existir, los países de la coste oeste de América del Sur, por ejemplo, que exportan a Europa y la costa de EEUU y Canadá se enfrentarían a la llamada “tiranía de la distancia”, siendo bastante menos competitivos internacionalmente; lo que repercutiría directamente en sus economías nacionales. Y, por supuesto, en la propia globalización.

La gran desventaja del Canal de Panamá, que conecta los océanos Atlántico y Pacífico, respecto a otros como el Canal de Suez, que ya puso en “jaque” la cadena de suministro global en 2021, es que opera con agua dulce y depende del agua de lluvia; y, por tanto, de la evolución del llamado cambio climático.

Este canal usa un sistema de esclusas para elevar los buques varios metros sobre el nivel del mar para que estos puedan pasar por el lago Gatún, que une los océanos atlántico y pacífico. Este lago artificial se nutre del río Chagres, cuya agua procede de las precipitaciones de las lluvias locales en la provincia de Panamá. Por lo que, mientras que llueve, no hay problema. Sin embargo, cuando hay sequía continuada, como es el caso, este lago sufre; añadiéndosele que por su propio funcionamiento pierde agua con el tránsito de cada buque.

Fuente: BBC

Por tanto, si para que transite uno de los 12.000 buques que lo hacen anualmente  este canal necesita alrededor de 200 millones de litros, es evidente que: si bajan los niveles de agua de zonas como el lago Gatún, el tránsito se tiene que paralizar, por lo menos, parcialmente. Y es en este punto en el que nos encontramos. 

A día de hoy la autoridad del Canal de Panamá ha limitado la profundidad de los portacontenedores que pueden navegar, así como reducido el número de buques que pueden pasar, provocando una espera de aproximadamente 21 días para que estos continúen con su ruta. Hay más de 120 buques en espera de tránsito, y los que pasan lo hacen con menos carga, lo que repercute directamente en la facturación del propio Canal al estar relacionadas las tarifas que se cobran por la carga que lleva el buque.

La consecuencia económica de todo esto es clara. Se aumenta la presión para la cadena de suministros. Se “obliga” a las empresas usuarias a buscar vías alternativas, lo que aumenta directamente sus costes, que luego repercuten a los precios de los productos, que serán sustancialmente más elevados. Es decir, aumentan los precios por la propia idiosincrasia del comercio internacional, coincidiendo con el último trimestre del año, y las fiestas Navideñas, que se pueden llegar a ver comprometidas.

Todo esto es un “caldo de cultivo” que puede provocar una crisis económica desde el punto de vista de la demanda. Agravándose ello, por supuesto, en el caso de Panamá, al aportarle este canal casi un 7% a su PIB. No podemos olvidar que aún no nos hemos recuperado del golpe que se vivió con la pandemia del COVID, ni con el conflicto en Ucrania, o del colapso del Canal de Suez, además de la propia desaceleración del ciclo de la economía y la inflación.

Encontrándonos, además, en una temporada alta para el comercio, que a consecuencia del bloqueo parcial del Canal de Panamá puede ver perjudicado su stock, confluyendo todo ello con la vuelta de las vacaciones y las compras navideñas.

No obstante, como todo en Relaciones Internacionales, debemos esperar a ver las consecuencias reales; partiendo de la premisa de la resiliencia del comercio mundial que, ni una pandemia como la del COVID le ha afectado tanto como para repercutir en la globalización. La pregunta aquí podría ser, ¿aprovecharán esta situación Nicaragua y China para hacer realidad ese proyecto canalero que comenzaron en 2012?

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