Cómo funciona el sistema judicial estadounidense

El juicio por la muerte de Michael Jackson

El Artículo III de la Constitución de los Estados Unidos garantiza que toda persona acusada de un delito tiene derecho a un juicio justo ante un juez competente y un jurado. 

El proceso mediante jurado constituye la piedra angular de la idea de justicia norteamericana. Su prestigio proviene del papel que desempeñaron los Tribunales de Jurados en la lucha por la independencia como representantes del pueblo americano en abierta oposición a los jueces de nombramiento real. 

Consiste en someter la culpabilidad y responsabilidad de los procesados al veredicto de un grupo representativo del pueblo, para lograr ello, cada miembro del jurado emite un voto en base a los hechos del caso específico acorde a su conciencia, es decir, sin el empleo de ningún material jurídico, ya que el uso del mismo solo puede ser usado por el juez. El Jurado se divide en El Gran Jurado y el pequeño jurado. El proceso de selección de los integrantes que conformarán ambas instituciones es estrictamente al azar.

El Gran Jurado es el encargado de llevar a cabo la acusación, por lo que su función consiste en indicar si existen razones suficientes que indiquen que se ha cometido un delito y que una o varias personas pueden ser las culpables. Por otro lado, el Jurado ordinario o petit jury, decide acerca de la culpabilidad del acusado, para lo que deben emitir un veredicto cuyo resultado se haya alcanzado unánimemente.

Una de las responsabilidades de los ciudadanos estadounidenses es participar como jurado en un proceso civil o criminal, si así lo requiere la nación, aunque se necesitan cumplir algunos requisitos para hacerlo. 

En primer lugar, los requisitos para poder ser miembro del Tribunal del Jurado en Estados Unidos son: ser ciudadano estadounidense, ser mayor de edad (situándose la mayoría de edad en los dieciocho o veintiún años según el Estado en cuestión), saber inglés, saber leer y escribir, haber vivido al menos un año en el distrito del que se trate, no padecer enfermedades físicas o psíquicas que les inhabiliten para el ejercicio de la función de Jurado y no haber sido condenado o procesado por un delito.

Cuando un juez se hace cargo de un caso que ha de juzgarse ante un jurado, su misión consiste en organizar, facilitar y supervisar un proceso que culminará en un resultado basado en una evaluación justa e imparcial de las pruebas del caso.

Pero, ¿qué sucede con la selección de los miembros del jurado cuando se trata de juicios de gran repercusión mediática? ¿Cómo se eligió a los miembros del Jurado para los juicios por la muerte de George Floyd o Michael Jackson?  

En relación a la muerte de George Floyd, es poco probable que los posibles jurados no tengan conocimiento previo de la muerte de Floyd, ocurrida en mayo del año pasado en Minneapolis y que inspiró protestas a nivel mundial.

En juicios de alto impacto, a menudo se utilizan consultores especiales que analizan factores como los antecedentes de los miembros del jurado e incluso su lenguaje corporal. Por ejemplo, para este caso, a cada potencial jurado ya se le ha pedido que complete un cuestionario de 16 páginas sobre el caso. Las preguntas clave incluyen: ¿cuántas veces viste el video de la muerte de George Floyd? ¿Participaste en marchas contra la brutalidad policial? De ser así, ¿portabas carteles? ¿Cuáles son tus puntos de vista sobre el grupo Blue Lives Matter (el movimiento que apoya a la policía), favorables o desfavorables? ¿Crees que nuestro sistema de justicia penal funciona?.

En 2011, en el juicio por la muerte de Michael Jackson, el que fuera médico personal del “Rey del pop” en el momento de su fallecimiento, Conrad Murrayse enfrentaba a una pena de hasta 4 años de cárcel acusado por la fiscalía de homicidio involuntario al administrar presuntamente al artista una dosis letal del anestésico propofol.

Para este caso, se les entregó un documento de 30 páginas con 113 preguntas sobre drogas (¿permitiría que se le administrara Propofol?), la imparcialidad del sistema (¿puede Murray tener un juicio justo?) o el acoso mediático (“¿afectará la presencia de las cámaras y medios su capacidad para poder ser completamente imparcial con ambas partes implicadas en el caso?”). Por supuesto, gran parte de las preguntas versan sobre si el cuestionado era seguidor de la música y figura de Jackson o si ha visto la película póstuma del artista This is it, cuya grabación quedó inconclusa por el fallecimiento de la estrella, pero que fue un éxito.

Todas éstas preguntas son confidenciales, sin embargo, ocurrió que se filtraron por medios televisivos y de páginas web, ciertas preguntas que debían responder los candidatos al jurado para discernir si podían ser neutrales en el asunto. El juez que llevaba el caso admitió su preocupación por “el daño potencial y el real que supone la filtración de cierta información” ya que puede “impactar a los miembros del jurado a la hora de contestar a las preguntas”.

Sin embargo, pese a la repercusión del jurado en las causas que hemos mencionado anteriormente, en el sistema judicial estadounidense, el enjuiciamiento por un jurado es cada vez más una singularidad estadística. El declive en el empleo de esta institución, manifestado en la cantidad asombrosamente pequeña de juicios por jurado que se celebran cada año con respecto al total de casos penales, es, indiscutible. En 1994, el 90% de todos los casos penales resueltos en las cortes federales involucró un acuerdo negociado de condena con la fiscalía (guilty plea). Ese mismo año, el 93% de los condenados por delitos en las Cortes Estaduales se declaró culpable sin un juicio siguiendo el mismo procedimiento. Con respecto a las ofensas penales menos graves —llamadas misdemeanors y definidas como ofensas con menos de 1 año de prisión como sanción—, la cifra fue todavía más alta

No se sabe con certeza que ha podido suceder para la disminución en los juicios del empleo de esta institución. Pero lo que podemos concluir para este artículo es que una de las razones por las que la justicia es un producto misterioso radica en la extraordinaria dificultad de saber bajo qué condiciones la decisión que resuelve un conflicto es justa. 

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