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La UE y China en el orden geopolítico tecnológico internacional

La UE no presenta batalla alguna para liderar la transición tecnológica que lidera China, o lo hace de forma tímida acompañando grandes inversiones con normativas enfocadas a mejoras lineales de sus sectores consolidados. Clica en el enlace al final del texto y descubre el informe completo sobre La UE y China en el orden geopolítico tecnológico internacional.

Informe ejecutivo

El crecimiento económico sin precedentes que China ha experimentado en las últimas décadas ha trastocado el orden liberal diseñado tras la II Guerra Mundial en el que EEUU era la potencia hegemónica, provocando una nueva realidad en la que el enfrentamiento estructural con el país norteamericano por el liderazgo, tecnológico en este caso, es clave; como también lo es la necesidad de que la UE juegue su propio papel para no tener que acabar posicionándose radicalmente con una de las dos potencias.

China y la Unión han ido estrechando vínculos económicos y financieros que han deparado en la dependencia, siendo en la actualidad socios estratégicos al ser sumamente importantes mutuamente en términos económicos. Además, son economías y actores muy relevantes para las relaciones internacionales y la gobernanza global. Sus relaciones, en términos económicos, políticos y de cooperación, se asientan sobre más de 50 diálogos mantenidos en cumbres, foros y conferencias ministeriales, además de en las cumbres bilaterales UE-China, celebradas desde 1998. Y, se rigen, desde un enfoque realista y polifacético (para la perspectiva europea), por la nueva Agenda Estratégica de Cooperación 2020, que busca garantizar unas relaciones justas, equilibradas y mutuamente beneficiosas.

En esta línea, el pasado 30 de diciembre de 2020, los actores anunciaron el acuerdo de inversiones (CAI, de Comprehensive Agreement on Investment). Uno de los más ambiciosos para China desde su apertura económica, y muy útil para la Unión Europea al introducir regulaciones para la transferencia tecnológica, las empresas públicas chinas, los subsidios públicos, el desarrollo sostenible o la eliminación de las restricciones cuantitativas a las joint ventures, entre otros. Incluso los acerca en reciprocidad en el sector de las manufacturas y de los servicios, al conceder China mayor libertad de acceso en campos como el de las finanzas, salud, investigación biológica, telecomunicaciones y nubes digitales, informática o transporte marítimo internacional. Siendo las redes 5G las que constituirán la espina dorsal del futuro desarrollo económico y social. El CAI se constituye de esta forma como un reflejo de la estrategia europea hacia China, que identifica a Pekín como un socio, competidor y rival, pero no como un enemigo.

Por su parte, el discurso oficial de China es favorable a la Unión; sin embargo, se está esforzando en mejorar sus relaciones bilaterales con los estados miembros directamente, sobre todo, los de la periferia, para atender a sus propios intereses e ignorar la normativa de la UE. Siendo cada aproximación y consecuente respuesta a cada estado miembro, distinta; lo que pudiera llegar a causar fracturas a nivel institucional. De hecho, Alemania llegó a proponer durante su presidencia del Consejo de la UE, un foro 27 + 1 (China). Ahora bien, de momento los estados miembros al tener sus propias relaciones con China están aprovechándose de la situación. Siguen tomando a EEUU como su aliado más importante, mientras que buscan los beneficios de estrechar relaciones económicas con el gigante asiático.

En este marco, la relevancia de la UE como actor global cuyos pilares fundamentales son la promoción del multilateralismo y los valores políticos, podría acabar, y la tecnología tendría mucho que ver. Para el European Political Strategy Centre (2019), quien controle la tecnología digital tendrá cada vez más influencia económica, social y política en un contexto de geopolitización de la tecnología. La digitalización ha cambiado las reglas del juego, amenazando, incluso, la supervivencia de las prácticas tradicionales a medio y largo plazo; un proceso similar al que provocó la industrialización o terciarización de las revoluciones tecnológicas anteriores. En las próximas décadas, la combinación de tecnologías como la IA (Inteligencia Artificial), el Internet de las cosas o el blockchain prometen una fase de crecimiento exponencial que llevará a otras disciplinas como la biotecnología, la medicina o la física a niveles desconocidos. La cura de enfermedades, la lucha contra el cambio climático o la comprensión del universo van a depender del impulso de la economía digital y sus tecnologías. 

Por lo que, ante esta perspectiva, sería un error quedarse fuera de la prometedora era de aceleración del conocimiento global, que requiere de economías ágiles. En el caso de la hoy Unión, ya lo lleva desde la década de los 70 con EEUU, cuando comenzó a fomentar las economías de escala con los planes eEurope (1999, 2002 y 2005) sin óptimos resultados, mientras que en los mercados estadounidense y asiático una ola de empresas jóvenes como Google o Tencent tomaban el pulso de la disrupción y el liderazgo del crecimiento económico mundial. 

En octubre de 2019, con el informe EU Coordinated risk assessment of the cybersecutiry of 5G networks se detectó la importancia del 5G, pero las respuestas no fueron las esperadas. Si bien es totalmente necesaria la autonomía estratégica, esta pasa por la tecnológica, y la Unión y sus estados miembros siguen posicionados con EEUU mientras que les hacen guiños a Pekín y buscan aprender “el lenguaje del poder”. Hay sectores que abogan por repensar la autonomía estratégica en la era digital, más cuando empresas como Ericsson y Nokia cuentan con herramientas para implementar las redes 5G. Sin embargo, la falta de fondos coordinados para la investigación (como el Horizonte 2020) hace que la UE no sea competitiva (Moreno y Pedreño, 2020)1. 

La propia Comisión Europea en su informe Web 2.0: where does Europe stand? reconoció la débil situación empresarial en el sector TIC y la urgencia de plantear políticas comunes que impulsaran el sector digital. Los efectos del retraso europeo son notorios en la mayoría de sus sectores, aunque todavía no han alcanzado su punto álgido. Aún existe una demanda analógica suficiente como para sostener a las empresas que no han iniciado sus procesos de reinvención. Pareciendo, incluso, que la especialización tradicional puede resultar positiva. Más de una década después de la última crisis financiera seguimos sin estrategias de desarrollo y transformación tecnológica apropiadas.

Aunque la Unión ha tratado de definirse como una líder digital normativamente, jamás podrá imponer una regulación global siendo tecnológicamente dependiente del resto de potencias tecnológicas. Debe, entonces, buscar pactos globales en los que una gran mayoría de países vayan conformando unas reglas del juego de adopción generalizada a nivel internacional. China es totalmente consciente de ello y lo utilizará a su favor. La intensidad de los cambios disruptivos genera diferencias competitivas y una importante brecha tanto entre empresas como entre países, con fricciones geopolíticas de las que ya somos testigos y que amenazan el orden económico conformado por la globalización. Y esto puede afectar al desarrollo económico de la Unión Europea

Si Europa y EEUU dominaron los cambios de cada nuevo paradigma tecnológico desde la I Revolución Industrial, y a finales del s. XX China aún conservaba estructuras feudales y su riqueza por habitante era inferior a la media de los países del África Subsahariana; hoy, China equipara la inversión de EEUU en empresas digitales. Pretende dejar de ser la fábrica del mundo para ser su cerebro, y las tecnologías disruptivas son clave para ello. La política tecnológica de China se ha concretado a través de una fuerte apuesta por la atracción de empresas, desarrollo de talento y compra de tecnología, pero también con el impulso de su propio sector tecnológico. Las políticas económicas e industriales chinas, proactivas e impulsadas por el estado, como el MIC25 pretenden crear campeones nacionales y ayudarles a convertirse en líderes mundiales en sectores estratégicos de alta tecnología

China comenzó a impulsar su estrategia Go Global en 1999 en términos de disrupción con idea de aprovechar las ventajas que los mercados internacionales podían ofrecerle, y seleccionó a empresas como Huawei para que fuesen beneficiarios. Hoy, estas empresas tecnológicas son el pilar fundamental de su gran estrategia geopolítica tecnológica. Por eso, China mantiene sus mercados interiores para sus campeones, protegiéndoles de la competencia mediante una apertura selectiva de los mercados, restricciones a la inversión, el cierre de su mercado de contratación pública, obligaciones de localización (incluidos los datos) y la limitación del acceso de las empresas extranjeras a los programas financiados por el estado. Además, les concede fuertes subvenciones y las favorece en términos de protección de derechos de propiedad intelectual.  

En esta línea, el gigante asiático ha impulsado su inversión pública en Inteligencia Artificial con valores impresionantes. Las expectativas de inversión son de 10.000 millones de dólares hasta el año 2030, a los que se suman la iniciativa individual de cada región y la captación de fondos internacionales. En total, más de 70.000 millones de dólares estimados solo en el año 2020, enmarcado en el MIC2025 para liderar la nueva era tecnológica; y la construcción del parque tecnológico de Mentougou (Pekín) es ejemplo de ello. El impacto esperado de la IA durante la próxima década será de 16 billones de dólares, una cantidad suficiente como para impulsar cambios en el liderazgo geopolítico y económico de orden mundial. Y los que se beneficien de ello serán las economías que mejor orienten sus estrategias a la renovación del tejido productivo, al pensamiento computacional o a una política de datos abiertos. 

Ejemplo de todo ello ha sido la gestión del COVID-19. En China la IA y el Big Data han servido para controlar la pandemia en un tiempo récord a través del rastreo de cientos de millones de teléfonos inteligentes, obteniendo la información necesaria para contener el brote: los algoritmos diseñados estimaban si un individuo había estado expuesto al virus a partir de la ubicación de los casos infectados conocidos. Aquellos que habían compartido espacio con los portadores del virus pasaban a ser también potenciales contagiados. Por su parte, en la UE contamos con la misma tecnología, pero las leyes de privacidad impiden que los gobiernos recopilen y exploten datos individualizados, así que la alternativa asiática no era válida. El coste de la ineficiencia y el retraso digital ya se ha traducido en miles de vidas humanas y un dramático impacto económico y social.

La UE no presenta batalla alguna para liderar esta transición, o lo hace de forma tímida acompañando grandes inversiones con normativas enfocadas a mejoras lineales de sus sectores consolidados. Se abre una brecha tecnológica que nos acerca al abismo de la desaceleración económica, desempleo y deuda pública. (Moreno y Pedreño, 2020). 

1 MORENO, L. y PEDREÑO, A. (2020). Europa frente a EEUU y China. Prevenir el declive en la era de la inteligencia artificial. Editorial KDP. ISBN: 8409212110

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