Nikolay Gertchev, en su artículo From Monetary Nationalism to Monetary Imperialism: Fractional Reserve Banking and Inter-Government Cooperation, nos expone el paso del nacionalismo monetario al imperialismo monetario, así como los elementos de las relaciones económicas internacionales y sus rasgos limitantes: la banca de reserva fraccionaria y los bancos centrales nacionales. Mientras que los bancos de reserva fraccionaria son el motor del ciclo económico, los segundos intensifican la inestabilidad consecuente. En esta explicación solo explicaremos el primer fenómeno: el nacionalismo monetario, dejando el imperialismo monetario para un momento posterior.

El sistema de reserva fraccionaria vs reserva del 100%

En cuanto a la reserva fraccionaria, lo primero es distinguir ésta de la reserva del cien por cien: mientras que en la primera sólo hay una parte de los depósitos de los clientes en reserva, en la segunda se mantienen el 100% de los depósitos en la reserva. La consecuencia de esta diferencia radica en que, mientras que en la primera los bancos pueden emitir préstamos, ya que hay una parte en reserva (nivel mínimo de dinero llamado coeficiente de caja) y otra en los depósitos originales, en la segunda el banco no podría emitir dichos préstamos y desapareciendo así el multiplicador bancario al no poder aumentar la cantidad de dinero y, como veremos más adelante, impedir que el ciclo económico se desarrolle. El multiplicador bancario es el fenómeno que se produce cuando, desde un sistema de banca fraccionaria, al crearse depósitos esto lleva a un aumento de la masa monetaria. Tal como vemos, el multiplicador es inversamente proporcional al coeficiente de caja, lo que significa que a mayor coeficiente de caja, mayor multiplicador monetario y mayor masa monetaria se generará. 

Imaginemos que Pepe realiza un depósitode 1.000€ en un banco, si el coeficiente de caja es del 10%, el banco tendrá que guardar el 10% de esos 1.000 euros (100 euros) y podrá prestar 900€ de ese dinero a María. Si la persona que recibe ese dinero lo deposita otra vez en el banco, el banco guarda un 10% de los 900€ depositados (90 euros) y presta los 810 restantes a Fulano, así sucesivamente en una serie infinita decreciente. Para calcular en cuánto se han convertido esos 1.000€ iniciales usaremos la fórmula que tenemos arriba:

  • m = multiplicador monetario
  • c = coeficiente de caja

Si m = 1/10% = 10; multiplicamos el depósito inicial por el resultado: 1000 x m = 10.000.

Podemos comprobar que la cifra final es de 10.000€ en el mercado. Sin embargo, si Pepe y María quisieran retirar todo su dinero del banco, no podrían, formándose así un corralito monetario, colas de personas queriendo retirar todos sus depósitos del banco. Si un banco tuviera 3 millones de clientes, y dos millones quisieran retirar todos sus depósitos, el banco quebraría.

Todo empieza porque los seres humanos tenemos una preferencia temporal inherente por el valor de las cosas. Preferimos ahorrar para lo que tenemos el día de hoy valga más mañana. Es por eso que al ahorrar, al haber una demanda agregada de efectivo, esto es seguido de un aumento en la oferta del crédito bancario al haber más dinero en los depósitos de los bancos, lo que se denomina como expansión crediticiaAl aumentar la oferta monetaria de los bancos, lo que pasa es que el tipo de interés disminuye y aumentan los préstamos bancarios. Entonces, lo que se va a hacer con ese dinero es invertirlo en bienes de capital para así poder desarrollar un proceso productivo más largo y obtener más beneficios. Otra consecuencia de invertirlo en bienes de capital es que se acumulan stocks de bienes de consumo, lo que permite mantener a los trabajadores y así favorecer ese nuevo proceso productivo más largo.

Sin embargo, el problema es que, en un sistema de reserva fraccionaria, se produce una bajada del tipo de interés no respaldada por un ahorro de la población debido al multiplicador bancario, al aumento de la masa monetaria. Esto confunde a los empresarios de bienes de capital pensando que es hora de utilizar todos sus recursos aumentando así los precios de las materias primas y los factores de producción en una situación en la que su demanda no ha cambiado realmente. Es por ello que los factores de producción se redireccionan a los sectores de bienes de consumo donde serán mejor invertidos dado que las condiciones en la producción de bienes de capital decaen, por ejemplo, con una bajada de los sueldos.

¿Qué sucede cuando los bancos imprimen dinero nuevo y lo prestan a los negocios? El nuevo dinero se derrama en el mercado de préstamos y reduce la tasa de interés de los préstamos. Parece que la oferta de fondos ahorrados para inversión ha aumentado, ya que el efecto es el mismo: la oferta de fondos para inversión aparentemente aumenta y la tasa de interés se reduce. En resumen, los empresarios se sienten engañados por la inflación del banco y creen que la oferta de fondos ahorrados es mayor de lo que realmente es. Ahora, cuando los fondos ahorrados aumentan, los empresarios invierten en “procesos de producción más largos”, es decir, la estructura de capital se alarga, especialmente en las “órdenes superiores” más alejadas del consumidor.

Las personas de negocios toman sus fondos recién adquiridos y suben los precios del capital y otros bienes de los productores, y esto estimula un cambio de inversión de la “más baja” (cerca del consumidor) a las “más altas” órdenes de producción (más alejadas del consumidor), desde bienes de consumo a industrias de bienes de capital.

Si este fuera el efecto de una caída genuina en las preferencias de tiempo y un aumento en el ahorro, todo iría bien, y la nueva estructura alargada de la producción podría sostenerse indefinidamente. Pero este cambio es producto de la expansión del crédito bancario. Pronto, el nuevo dinero se filtra hacia abajo desde los prestatarios comerciales a los factores de producción: en salarios, rentas, intereses. Ahora, a menos que las preferencias de tiempo hayan cambiado, las personas se apresurarán a restablecer las proporciones anteriores, y la demanda cambiará de orden superior a orden inferior. Las industrias de bienes de capital encontrarán que sus inversiones han sido erróneas: que lo que consideraron rentable realmente falla por falta de demanda por parte de sus clientes empresariales. Las órdenes de producción más altas han resultado ser un desperdicio, y la mala inversión debe ser liquidada.

El economista austriaco Friedrich Hayeken su obra Monetary Nationalism and International Stability, dicta que “la característica más perniciosa de nuestro sistema actual es que un movimiento hacia tipos de dinero más líquidos causa una disminución real en la oferta de dinero y viceversa”. Imaginemos que hay dos países. Uno exporta bienes a cambio del dinero del que los importa. Esto transforma al país exportador de bienes en importador de dinero, y al país importador de bienes en exportador de dinero. En el país que exporta el dinero, se produce una contracción del crédito al haber menos masa monetaria y subirá el tipo de interés. Sin embargo, en el país que recibe el dinero, el tipo de interés bajará y se producirá el ciclo económico. Como consecuencia de esto, el tipo de interés se desconecta de la preferencia temporal social y se propagan las malas inversiones. Hayek establece que con un sistema bancario del 100% no habría relación entre el movimiento de dinero y los tipos de interés, por lo que la solución para lograr una estabilidad monetaria internacional pasaría por una reforma bancaria a un sistema del 100%.

El sistema de banca central

Con respecto al banco centrallas críticas de Hayek a las políticas de estos bancos desbaratan los supuestos beneficios del nacionalismo monetario: doctrina según la cual la oferta monetaria es controlada por el banco central de un país y no por las fuerzas del mercado entre las diferentes regiones de una misma nación. Hay un banco central y una moneda independiente, cuya regulación y producción no depende de nadie salvo de él mismo. Bajo tal sistema, el proceso de ajuste a los cambios de la demanda internacional debe producirse por medio de cambios en los valores de la moneda. Estos cambios en las tasas de cambio ponen en marcha una redistribución del ingreso entre todas las industrias, incluidas aquellas para las que la demanda no ha bajado.

Esto significa que al haber un solo banco central que controla la regulación de cambio de la moneda, este cambio afecta a todas las industrias de la nación, incluidas para las que la demanda no ha cambiado. Lo que pasaría si no hubiera un banco central, es que solo la industria afectada es la que sufre, y es en la que los factores de producción se redireccionan a otros sitios donde serán mejor empleados, siendo consistente con la nueva demanda. Sin embargo, con el sistema de banca central se produce una depreciación uniforme de la moneda y se forma un entorno generalmente inflacionario, pues se produce un aumento de los precios en todos los sectores. En conclusión, un sistema de banca central es inherentemente inflacionario.

Otra falacia que desmiente Hayek, es que la inflación supuestamente permite el ajuste económico en el caso de los salarios rígidos o evitar los recortes en los salarios nominales. Ante todo tenemos que entender lo que es el salario real a diferencia del nominal. El salario nominal es la cifra que cobramos por una determinada actividad, es decir, el salario. El salario real, por otra parte, es nuestra capacidad de compra, que viene determinada tanto por el salario nominal como por el precio de mercado de los productos. Cuando la productividad baja, en vez de reducir los salarios nominales y mantener los precios, lo que sucede es que los gobiernos prefieren aumentar los precios produciendo así que se reduzcan todos los salarios reales al disminuir la capacidad adquisitiva. Es decir, se prefiere una inflación general a una bajada de los salarios en una industria o sector determinado porque el recortar salarios es algo política y socialmente mal visto por parte de los gobiernos.

Por último, Hayek habla de que los bancos centrales siempre tienen un sesgo inflacionario. Primero, las presiones del grupo de bancos comerciales evitan que, cuando se necesite una deflación para compensar un aumento de la demanda internacional, el banco central pueda emitir tal deflación. Esto se explica porque los bancos comerciales están ganando dinero gracias a la expansión crediticia y no quieren dejar de aumentar la masa monetaria. En segundo lugar, está lo que Hayek llama moral hazard o peligro moral. Esto quiere decir que los bancos centrales, al actuar como prestamistas de última instancia de los bancos comerciales, crean un peligro moral en lo relativo a que al tener siempre un prestamista que rescate a los bancos, éstos siempre querrán aumentar los créditos y así aumentar la expansión crediticia y produciéndose así un más perturbador ciclo económico. La única solución pasaría porque dejara de ser prestamista de última instancia, pero eso sería contradictorio con la existencia de las monedas nacionales independientes y los bancos centrales.

Referencias

Gertchev, Nikolay. From Monetary Nationalism to Monetary Imperialism: Fractional Reserve Banking and Inter- Government Cooperation. (2013)

F.A. Hayek. Monetary Nationalism and International Stability. (1937)

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