Vestigios de la Guerra Fría: Estados Unidos y Rusia. Ejemplificación en el Báltico

Vestigios de la Guerra Fría

El resquebrajamiento y desestructuración de la Unión Soviética y consecuente finalización de la Guerra Fría dio lugar a la independencia de varias de las antiguas repúblicas socialistas soviéticas amparadas tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea -Comunidad Económica Europea por aquel entonces-, dando lugar a una relación compleja entre Occidente y la Federación Rusa. Que, finalmente ha derivado en la intervención de la OTAN en los Estados Bálticos y un retroceso hacia un lenguaje propio de la Guerra Fría. Por ello, es necesario atender a la contextualización del conflicto más importante de las últimas décadas para posteriormente analizar la situación actual. ¿Empezamos?

Contexto

La finalización de la Segunda Guerra Mundial marca el punto álgido de las expectativas del comunismo en el sistema. Las muestras de fortaleza de la Unión Soviética, sus aspiraciones hegemónicas y expansivas, junto con el abandono del control colonial de las exhaustas potencias europeas tanto en Asia como en África, dieron lugar al progresivo afianzamiento del poder de los partidos comunistas a lo largo y ancho de la sociedad internacional. Así, entre 1945 y 1947 comienza la Guerra Fría, un estado de tensión bélica permanente entre las dos superpotencias enfrentadas política, económica, social, militar, informativa y científicamente tras el final de la Segunda Guerra Mundial (Estados Unidos y URSS), que se extendió entre los dos bloques conformados en torno al liderazgo de estas. (Kissinger, 1995)

Se trató de un enfrentamiento no bélico en un Sistema bipolar y flexible cuya estructura internacional giraba en torno a dos ejes: Este-oeste, de carácter político-ideológico; y, Norte-Sur, de carácter económico-social, donde junto a las superpotencias y sus respectivos bloques se encuentran actores no alineados y la ONU, que intenta, sin éxito, ser neutral.

Santos Carrillo, 2016

Distinguiéndose la gobernanza de los actores por el objetivo de ampliar su radio de influencia, y el respeto mutuo por la superpotencia rival para no incrementar la tensión con riesgo de guerra.

Así, la pretensión de la política exterior soviética fue la creación de un sistema socialista universal que hiciera frente a las agresiones imperialistas y militaristas del bloque occidental, que lideraba Estados Unidos mediante la alianza militar de la OTAN. Por lo que, una de sus estrategias fue establecer un perímetro de seguridad en torno a esta y sus aliados que garantizase la expansión del comunismo. No obstante, no fue así. Tras más de 30 años de conflicto entre las potencias que representaban en aquel entonces el sistema bipolar mencionado anteriormente, el colapso económico, político y social de la URSS dio lugar al fin de la Guerra Fría.

Las repúblicas soviéticas que anhelaban la independencia lo consiguieron, y como salvaguarda de su soberanía estrecharon lazos con Europa e, incluso, la OTAN. Algunas de ellas, como Estonia, Letonia y Lituania consiguieron adherirse a ambas organizaciones, provocando un enorme malestar en el gigante ruso, que veía vulnerado aquel territorio que aún consideraba suyo. Por ello, como respuesta y en aras de reconquistar su status quo en el sistema internacional decidieron participar y promover tanto el conflicto de Georgia como la anexión de la península de Crimea. Hechos que dieron lugar a un nuevo enfrentamiento entre Europa y Estados Unidos, que participaron moderadamente -y no lo suficiente- en el conflicto, y la Federación de Rusia. Actitud cargada de reminiscencias de la Guerra Fría por ambos bloques.

Reminiscencias de la Guerra Fría

Estados Unidos y la Unión Europea, a pesar de desaprobar totalmente la actitud del gigante ruso no participan debidamente en el conflicto salvaguardando la soberanía de dichos Estados, para no deparar en un conflicto bélico de mayor envergadura que supusiera de nuevo una total desestabilización del sistema internacional y la confrontación directa entre dos bloques; además de, por supuesto, por intereses económicos. Mientras que Rusia actúa con el fin de expandir su zona de influencia.

Es decir, al igual que en la Guerra Fría, y a pesar del sistema multipolar actual, la sociedad internacional se polariza en dos entes, con intereses opuestos y un sistema totalmente diferente, que se respetan para salvaguardar la integridad de su respectivo territorio.

Sin embargo, es con la presencia de la OTAN en los Estados Bálticos cuando se ejemplifica totalmente lo anterior. La Alianza, liderada por Estados Unidos, con el fin de salvaguardar los intereses de sus Estados miembros europeos (bloque Occidental), se posiciona en un punto estratégico evitando la expansión de una Rusia que, de no ser por la inexistencia del comunismo, podría identificarse como Unión Soviética, debido a sus aspiraciones hegemónicas y expansivas.

Cambio geopolítico

No obstante, aunque sí hablamos de reminiscencias de la Guerra Fría, e incluso, vestigios, el factor que caracterizó este enfrentamiento no existe en la actualidad. El comunismo, la doctrina ideológica, económica, política y social que propugnaba la URSS y todos sus países aliados -China, Camboya o Cuba-, no es un factor definitorio en este conflicto entre la OTAN y la UE, y la actual Rusia. Por lo tanto, en vez de un retroceso hacia la división del Sistema por el telón de acero, posiblemente estemos en el primer episodio de un cambio geopolítico profundo a las puertas de la Unión Europea. Originado por una Rusia con una economía en retroceso, consciente de que la herramienta energética tiene los días contados y que necesita sobreponerse a los impedimentos que le impiden proyectar su poder.

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