La Península de Corea: Corea del Norte – Corea del Sur

El siglo XX marcó el rumbo de las siguientes generaciones, ejemplificó, con la dramática experiencia de la guerra, los pasos que se deben seguir y los que no para poder alcanzar un equilibrio global que se traduzca en una paz duradera, a la que el ser humano parece resistirse. Numerosos conflictos son los que ha tenido que vivir el ser humano, y muchos son aquellos los que confiaban en que el progreso traería la paz al panorama global, nada más lejos de la realidad. Con infinidad de choques entre países, culturas y sistemas económicos, el siglo pasado fue tan imprevisible y competitivo que además sigue teniendo consecuencias en estos días, y es aquí donde se haya uno de los choques interestatales que siguen siendo protagonistas hoy en día.

No son otros que Corea del Norte y Corea del Sur, dos de los principales actores de uno de los primeros conflictos que marcaron el comienzo de la denominada Guerra Fría, delimitando de forma clara los dos bandos que se jugaban el dominio de un nuevo mundo nacido de la Segunda Guerra Mundial. Tras la ocupación por parte de Japón en 1910 de la península de Corea, como consecuencia principal de su expansión económica, el nacionalismo coreano aumentó de forma inédita a raíz de las brutalidades de los japoneses en la región[1]. Con el auge nacionalista coreano y una potencia colonial en detrimento en los años 40, la situación fue adquiriendo un carácter más complejo, que tuvo efectos directos en el futuro de la Península.

Pero fue a mediados de la guerra cuando los aliados se plantearon cuál debía ser el futuro de la península coreana, debido a que el país nipón ya mostraba rasgos de flaqueza y la situación era insostenible. En este contexto, en la Conferencia del Cairo de 1943 se establecieron los pactos que afirmaban que los coreanos debían ser independientes, algo que confirmarán las conferencias de Yalta o Postdam, para liberar a Corea del yugo japonés.

Pero las cosas no siguieron el cauce establecido. El miedo y la contraposición de intereses de unos aliados separados ideológicamente de forma abismal fragmentaron la independencia coreana en dos partes. Entre los vencedores de la guerra existía la duda de si ayudar a la independencia coreana potenciaría la presencia de una potencia u otra, por lo que la situación derivó en una delimitación de zonas de ocupación distinguidas entre sí. Así las cosas y con el Paralelo 38 como eje divisor de ambas partes, en el año 1948 se declara la República de Corea (en el sur de la península), territorio bajo ocupación norteamericana. Y, en ese mismo año, el gobernante de la zona norte de la península, Kim Il-sung, proclamaría la República Popular de Corea, que fue reconocida por la URSS como único gobierno legítimo de la península coreana.

Como si de un juego de titiriteros se tratara, EEUU y la URSS tejían sus influencias a través de los gobiernos de ambos Estados, plasmando su visión en el establecimiento de gobiernos afines que obedecían a los intereses de ambas potencias. Tras la división en el paralelo 38 desde el final de la gran guerra surge el primer escollo, donde el Sur y el Norte se distancian escogiendo ambos su bando. En un mundo tan convulso y con cambios tan radicales en períodos de tiempo no muy extensos, no sería extraño afirmar que la ideología es un pilar esencial en el desarrollo de las culturas y, en última instancia, de países enteros, dibujando así el marco del conflicto coreano. Por un lado, un país nacido con valores democráticos, anticomunistas y pro-americanos dio lugar a Corea del Sur, y, en la otra cara de la moneda, de un país con profundas raíces comunistas, con valores anti-americanos y con una marcada clase política elitista de clase familiar, nace Corea del Norte.

Curiosamente,  este conflicto es de los pocos que siguen activos técnicamente desde el período de la Guerra Fría, puesto que, formalmente, nunca se ha firmado un tratado de paz entre ambas, aunque sí un armisticio en el año 1953. Ahora bien, el inicio de esta confrontación se encuentra en el año 1959, cuando fuerzas norcoreanas invadieron parte de Corea del Sur cruzando la frontera, hasta llegar a la capital, Seúl. Con el pretexto de un previo ataque surcoreano en la frontera, nunca probado puesto que años más tarde se sabría que el movimiento militar había sido preparado durante meses, el gobierno norcoreano se vio auspiciado por el apoyo de los países afines ideológicamente para matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, Corea del Norte se hacía con territorios prometidos y, por otra, contrarrestaban la influencia de la ideología capitalista del sur.

Así dio comienzo el enfrentamiento, con posteriores actuaciones del ejército estadounidense, liderados por el famoso General McArthur, llevando sus tropas incluso más allá de la frontera establecida. Situación que se revertirá y cada parte volverá a su ser correspondiente. Numerosas son las situaciones en las que ambos actores se enfrentaron y enfrentan. El punto álgido fue el estallido de una bomba por parte de los servicios de inteligencia norcoreanos en un avión surcoreano en 1987[2] y la explosión intencionada por parte de los norcoreanos de la oficina de relaciones con Corea del Sur programada por Corea del Norte.

Ver: Guerra de Corea – Resumen, Causas y Consecuencias (Profe en Historia, 2018)

No obstante, este conflicto no ha estado apartado de la vista de las grandes potencias internacionales. Una vez más, EEUU, Japón, China y Rusia son actores del que ejemplifica perfectamente que el paso de los años no pasa factura a los intereses, ya sean de orden geopolítico o económico. Para comprender el papel de estos actores es necesario hacer un repaso de las principales líneas de actuación que se manejan a estos niveles comentados anteriormente. Como de costumbre, es fácil distinguir a los dos bandos y a sus componentes, donde se sitúan a EEUU y Japón del lado de Corea del Sur y a China y Rusia favorables a Corea del Norte.

Ambas partes se confrontan debido a unos intereses esenciales, que se pueden resumir en tres ejes fundamentales: el potencial nuclear norcoreano, la lucha de ideologías predominante y el aumento de la influencia en la zona Asia-Pacífico debido a la situación geográfica de la península coreana.

Las relaciones entre el primer bloque  (EEUU-Japón-Corea del Sur) nacen de una lógica expansionista y dominante del país norteamericano, que desde el primer momento ayuda al desarrollo del Sur mediante apoyo económico y militar, además de aconsejar y delimitar las líneas a seguir por el gobierno surcoreano. Todo ello con el objetivo de fortalecer su posición geopolítica en la zona. Este objetivo se ha visto obstaculizado debido al ascenso de la influencia de China y Rusia (renaciendo con la elección del vigente presidente Vladimir Putin), doblando sus esfuerzos para contrarrestar y diluir la visión norteamericana.

Uno de los puntos esenciales de estas rivalidades radica en el desarrollo de la capacidad nuclear norcoreana. Con multitud de intereses en medio de este proyecto nuclear, Japón se ve directamente amenazado por el alcance nuclear norcoreano, debido a su cercanía y, por otra parte, EEUU no va a permitir que un país tan hostil, tanto ideológicamente como militarmente, alcance de pleno su potencial. Así es como se alinean los intereses estadounidenses, japoneses y surcoreanos, impidiendo que se desarrolle dicha proyección nuclear mientras se estanca económicamente[3].

Ver: El conflicto de Corea (Ministerio de Defensa, 2013)

Desde que en 1993 surgiera la primera crisis nuclear entre EEUU y Corea del Norte, bajo los mandatos de Bill Clinton y Kim Il Sung, las sanciones con el objetivo de minar la capacidad económica y la moral de la sociedad norcoreana no han cesado, poniendo a la población norcoreana en una situación cada vez más difícil e insostenible a distintos niveles. Si bien el programa nuclear norcoreano nace a finales de los años cincuenta gracias al apoyo soviético, no ha sido hasta esta última década cuando ha alcanzado su mayor crecimiento, y con ello los máximos picos de tensión, con numerosas cumbres entre Washington y Pyongyang.

De forma casi sorprendente, los últimos años han estado caracterizados por un desarrollo estratosférico del campo del ciberespacio, lugar en el que hoy se libran batallas como nunca. Aunque la tecnología no sea uno de los puntos fuertes del país norcoreano, éste está teniendo un papel protagonista en las llamadas guerras del ciberespacio contra EEUU, puesto que se sitúa a la cabeza como el principal atacante a servidores estadounidenses[4]. Siendo acusada, incluso, de lanzar el malware Wannacry, que afectó a miles de dispositivos alrededor del mundo para robar información. 

Por lo tanto, Corea del Norte se ha convertido en una amenaza importante en este sentido, ya que está haciendo un gran uso de sus recursos informáticos, con el apoyo de China y Rusia, indudablemente, para explotar al máximo su capacidad y que, además, le permite hacer un gran daño sin realizar grandes gastos. Una clara ventaja para este país, que le está facilitando tener una mayor posición de fuerza. Ejemplo de ello es la noticia que revela un informe del Consejo de Seguridad de la ONU, que afirma que, los hackers norcoreanos se han hecho con más de 670 millones de dólares en criptomonedas y otras divisas extranjeras. Por lo que, expandir su “ejército” de hackers está siendo prioridad para el régimen norcoreano, desafiando, una vez más, el poderío estadounidense, pero en un campo más desconocido y de gran potencial.

El bloque formado por China, Rusia y Corea del Norte tiene sus lazos desde su formación, con el precedente histórico definido anteriormente, y han continuado estableciéndose y desarrollándose con el paso de los años. Lo esencial de estos apoyos para el régimen norcoreano, más allá de sus intereses compartidos, se encuentra en la vía de escape económica, comercial y militar que representan Rusia y China. Ante la imponente presión norteamericana en estos niveles, estos países sirven para esquivar las sanciones y poder continuar el desarrollo militar y nuclear norcoreano, algo que sigue incendiando el panorama geopolítico de la zona. En infinidad de ocasiones se han incautado provisiones chinas o rusas de petróleo hacia Corea del Norte mientras que las sanciones lo prohibían (incluso Naciones Unidas ha impuesto sanciones económicas[5]), alimentando los recelos de ambas partes y magnificando la criba geopolítica.

Ver: Corea del Norte viola sanciones e importa petróleo ilegalmente (DW, 2020) y La ONU impone nuevas sanciones a Corea del Norte que afectarán las importaciones de gasolina al país en un 90% (BBC, 2017)

Por lo tanto, a modo descriptivo y comprendiendo el conflicto geopolítico a grandes rasgos, intereses militares, económicos y comerciales se contraponen desde finales de la Segunda Guerra Mundial, conformando uno de los conflictos más duraderos de la época moderna. Un escenario que no se espera que cambie disruptivamente en los próximos años. Las rondas de negociaciones, los acercamientos diplomáticos, el levantamiento de algunas sanciones, entre otras situaciones, no han avanzado demasiado los términos esenciales del conflicto, que, desde un punto de vista más profundo, abarca mucho más que la geopolítica. La extensión a la que se quiere hacer referencia y que es vital para intentar averiguar la deriva del conflicto no es otra que la ideología que entraña el mismo; así como las consecuencias que tiene para la población norcoreana, que puede ser en última instancia la llave para abrir la puerta de la solución.

Las lecciones aprendidas por la “diplomacia” de las partes implicadas han demostrado que, sin la fuerza de voluntad oportuna y necesaria, hace falta mucho más que ciertos pasos para poder dar solución a este tipo de conflicto. El egoísmo ideológico y la perpetua forma de gobernar del Norte han impedido que a lo largo de los años la situación no llegue a mejorar del todo, aunque se hayan dado numerosos gestos esperanzadores como el que sucedió el pasado 28 de abril cuando cruzaron la frontera de la mano. Es ahí donde se observa la verdadera cara de este arduo conflicto, en una diferencia abismal del desarrollo a multitud de niveles entre las partes, situando a Corea del Sur muy por encima de los indicadores económicos, sociales y políticos, y teniendo como principal contrapartida a una población norcoreana incapaz de progresar y vivir en plenas condiciones de vida.

Ver: ¿Otra crisis en Corea? El papel del Sur en la resolución del conflicto (Nueva Sociedad, 2018)

La población norcoreana ha sufrido, sufre y seguirá sufriendo, si no se pone remedio, las consecuencias de una estructura económica y social que son propias del siglo pasado. Con numerosos rasgos del sistema comunista como la planificación central, las cotas a la producción y un sector primario poco desarrollado -entre otros-, los cambios y la innovación no son características del sistema económico norcoreano, teniendo sus principales efectos en la población. Ojalá los problemas se situasen únicamente en la economía, pero no es así. El país vive en una situación de aislamiento de tal magnitud que tiene repercusiones en el ámbito tecnológico, industrial, comercial y político. Es  un país de altos contrastes, mientras la mayor parte de la población no tiene acceso a Internet, el país norcoreano se está haciendo un hueco entre los países con mayor potencial en el ámbito del ciberesapcio para realizar ataques informáticos a otros países.

Se calcula que de los alrededor de 25 millones de habitantes que tiene el país norcoreano, únicamente 3 millones tienen acceso a un teléfono móvil. Además, su red de Internet es interna y está dominada y cercada por el gobierno norcoreano. Apenas el 1% de la población puede buscar algo en la red llamada Kwangmyong, que únicamente permite acceder a ciertas páginas, puesto que el resto están censuradas. Dentro de ese 1% se encuentran, en su mayoría, líderes político, sus familias, los estudiantes de las universidades de élite y aquellos al servicio del gobierno norcoreano en el ámbito cibernético.

No es un secreto que un sistema económico y social poco abierto apenas dispone de recursos para su población, pero a esta situación se suma que, dada la posición internacional conflictiva, Corea del Norte  dedica gran parte de su PIB a la inversión militar, con un ejército que ronda las 1.200.000 personas frente a los 630.000 de Corea del Sur. Esto resulta esencial cuando se dan datos abrumadores como los índices de pobreza o desnutrición[6], que muestran que, un 43,4%  de la población norcoreana sufre desnutrición. En cuanto a la pobreza, en el año 2016 se estimó que un 28.6% de la población vive diariamente en este umbral. Este nivel de pobreza y desnutrición tiene su explicación en varias partes entrelazadas entre sí. Por una parte, el bajo PIB per cápita del que disponen las familias, que se sitúa en 604$ -frente a los más de 22.000 de las familias surcoreanas-.

Por otra parte, con un sector primario que abarca más del 23% de la economía y otros de servicios estatales que apenas generan valor añadido, la sociedad norcoreana no dispone de las opciones suficientes como para aumentar sus ingresos y mejorar su situación. Además, Corea del Norte se encuentra en el puesto número 174 (de 176 naciones analizadas por Transparencia Internacional) de países más corruptos, lo que deriva de la mala gestión de los recursos y del reparto de la riqueza del país. Un ejemplo de ello es el alto número de depósitos de minerales de los que puede llegar a disponer el suelo norcoreano que no se pueden explotar, a razón de que el gobierno norcoreano no es capaz de gestionar adecuadamente sus minas y no deja actuar a otras empresas no gubernamentales, la minería privada es ilegal.

Pierden billones de beneficios por la mala gestión de sus recursos, el ejemplo anterior de los minerales sitúa un beneficio de explotación que puede ir desde los 6 hasta los 10 billones[7], algo que repercute directamente en la sociedad, en sus ingresos y su forma de consumo. La falta de infraestructuras para la explotación de los minerales no es sino un ejemplo más de la mala situación de la población norcoreana, que no dispone de la infraestructura necesaria para un despliegue asequible de servicios esenciales. Por ejemplo, el 97% de las rutas norcoreanas se encuentran sin pavimentar[8], mientras que en Corea del Sur un 8% no están pavimentadas. Hecho que ejemplifica las dificultades de transporte y abastecimiento de muchas regiones norcoreanas. Así existen muchos más ejemplos, desde la red de transporte norcoreana frente a una de las redes de metro más avanzadas como la de Corea del Sur, o la diferencia abismal en las exportaciones (952 millones frente a  63.800 de Corea del Sur), que demuestran cómo la población no puede desarrollarse y vivir correctamente en su día a día.

Tal es la situación que, incluso, existen varios precios para un mismo producto; es decir, la inaccesibilidad a ciertos productos debido a las rentas bajas ha derivado en la creación de un doble sistema de precios, uno estatal y otro sumergido, en los que las personas negocian el precio de forma ajena al sector público. Los precios afectan incluso a la cantidad que hay que desembolsar para poder desertar del país norcoreano. Sí, desertar, puesto que se considera que si sales del país estás traicionando al régimen y al gobierno. Tal es la situación que, los “precios” por desertar (pagar a alguien para que te ofrezca una vía de escape) han subido desmesuradamente, pasando de pagar 45 dólares en el año 2000 hasta 12.000 hoy en día por lo mismo. Así podría abarcar muchas más paginas describiendo la situación de los derechos de los norcoreanos, trabajos forzados, ejecuciones, detenciones injustificadas, etc. pero el mapa de la situación está bastante ejemplificado para el motivo de este artículo, mostrar como la geopolítica puede afectar directamente en la población de manera negativa.

Concluyendo, este conflicto ejemplifica cómo la geopolítica puede ser esclava del egoísmo ideológico. Los responsables de todo lo anterior no sufren las consecuencias, puesto que disfrutan de infinidad de recursos para vivir una realidad que mucho dista de la de su población. La abismal diferencia entre las dos Coreas, en palabras de Acemoglu y Robinson[9], radica en el carácter de sus instituciones. Mientras el Sur encuentra un tejido institucional abierto, competitivo y democrático, el otro extremo solamente hace uso de un sistema institucional cerrado, monopolístico y autoritario.

Esta desigualdad es la base del desarrollo de unos y de la pobreza de otros, pues mientras en el Norte se viven situaciones de círculos viciosos (derivado de instituciones exclusivas), en el Sur disfrutan de círculos virtuosos (situación opuesta a la anterior) que favorecen un mejor crecimiento y riqueza. Y estas instituciones son consecuencia directa de la pugna geopolítica, por lo que es lógico pensar que, mientras este enfrentamiento siga encendido, los cambios políticos, sociales y económicos no llegarán a Corea del Norte, que se seguirá alimentando de la lucha ideológica existente y de sus defensores, mientras que la parte que mayor lo sufre lo hace en silencio y sin voz alguna, siendo esta la triste realidad de un conflicto inacabable.

6 gráficas que te explican la economía de Corea del Norte (El Financiero, 2017)


[1] Los japoneses se apropiaban de las tierras por medios poco ortodoxos para su explotación económica, aprovechándose de la mano de obra coreana para trabajar las tierras, por lo que los coreanos sufrieron trabajos forzados  en sus tierras o eran enviados a Japón con el mismo fin ,como si de esclavos se tratara. Además, no son pocos los testimonios de  mujeres y niñas coreanas que sufrían abusos sexuales por parte de las tropas japonesas, algo que alimentó el odio de los coreanos hacia el país nipón y clave para entender que la población coreana apoyase tanto a EEUU como a la URSS en la guerra.

[2] Donde un total de 115 personas fallecieron.

[3] No cabe desarrollar aquí las extensas y mediáticas sanciones económicas que se han impuesto desde EEUU, más   notables a partir de 2016, con Donald Trump a la cabeza. Aunque, también es notable el esfuerzo por acelerar la cooperación entre las partes. Tanto así, que inclusive se ha nominado al presidente norteamericano al Premio Nobel de la Paz en 2016.

[4] Así fue el caso del ataque a la compañía Sony, que fue atacada en el año 2014, en el cual se filtraron miloones de datos de usuarios, registros financiros, etc. La causa del ataque se dice que puede estar en que es la  productora de la película ‘The Interview’, que tiene lugar en Corea del Norte  y tiene como objetivo asesinar al líder norcoreano dentro del marco de la comedia.

[5] En 2017, un ejemplo de estas sanciones, supuso un golpe a las importaciones de combustible  norcoreanas en un 90%, demostrando el duro carácter de estas sanciones.

[6] Son datos aproximados, puesto que el régimen norcoreano no aporta cifras, sino que muchas organizaciones no gubernamentales dedicadas a la cooperación y desarrollo realizan sus estimaciones en base a informes de otros países.

[7] Se estima que disponen de más de 200 tipos de minerales, de los que destacan el hierro, zinc, oro, entre otros.

[8] Según datos del Observatorio de Complejidad económica (OEC). Explica cómo Corea del Norte solamente tiene pavimentado un total de 25.000 km.

[9] En su libro Por qué Fracasan los Países explican cómo una región que comparte numerosas características tienen un desarrollo diferente en base a sus instituciones y el progreso adjunto a ellas. Donde tienen un capítulo único para abarcar las diferencias entre los países de la península coreana, con varios ejemplos y situaciones que demuestran las diferencias, desde el grado de luminosidad de las calles hasta la pobreza en ambos países.

Para saber más:

Henry Kissinger – Diplomacy

D. Acemoglu y Robinson – Por qué fracasan los países.

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