La Nueva Ruta de la Seda

La Nueva Ruta de la Seda

Los que me conocéis ya sabéis que Asia me flipa, así que no podía dejar de escribir sobre la Nueva Ruta de la Seda y la política exterior del Gigante Asiático, aunque lo haré de forma muy breve:

La política exterior de Xi Jinping recoge la visión neoliberal propia de este Estado desde la caída del muro de Berlín, enfatizada por el mundo globalizado e interdependiente en el que la cooperación mutuamente beneficiosa es no sólo posible sino que necesaria deja atrás, por lo menos en la teoría, el conocido como juego de suma cero.

Ver: La política exterior de Xi Jinping tras el 19º Congreso: China quiere un papel central en la escena global

Xi Jinping se inspira en la teoría del desarrollo pacífico de Hu Jintao para aseverar aún más en la necesidad de cooperar entre Estados para construir “una comunidad de destino compartido”. Para ello, conociendo la importancia de la reputación del país en el exterior, han redoblado los esfuerzos diplomáticos y propagandísticos como instrumentos de soft power, argumentando su compromiso con la liberalización del comercio internacional y el respeto por los modelos socioeconómicos de otros países.

La RPC o República Popular China se muestra como un actor responsable que promueve los bienes públicos globales, la mejora del medio ambiente y el mantenimiento de la paz, como se vio en 2014 con el acuerdo contra el cambio climático que anunció junto a EEUU, en el que se comprometía por primera vez a reducir el volumen total de emisiones de cara a 2030. Postura imprescindible para alcanzar un acuerdo en la Cumbre del Clima de París. Además, participa activamente desde 2013 en las misiones de Naciones Unidas, lo que lo ha posicionado como el miembro permanente que más contribuye con la Organización.

Estos esfuerzos por incrementar su perfil internacional están siendo especialmente notables en Asia Oriental, pues es el área donde se concentran los mayores desafíos geoestratégicos.

En cuanto a los instrumentos que usa para todo ello, se puede destacar la diplomacia pública con la que difunde numerosa información sobre el papel del comercio y las inversiones internacionales de China, con la intención de mostrarse como un país de oportunidades que apoya a sus vecinos. Pero sin duda, su apuesta más fuerte es la BRI –Belt and Road Initiative-, ampliamente ligada al Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, que lidera el Gigante Asiático.

La oficialmente conocida como “Belt and Road initiative” es un ejemplo claro de la nueva línea de política exterior de la República Popular China. Mediante este proyecto está intentando crear una arquitectura panasiática que la convierta en imprescindible en la región a la vez que un instrumento diplomático y económico que forje o intensifique las relaciones interestatales con actores como la Unión Europea, Latinoamérica o Rusia. Este nuevo “cinturón”, en palabras del Secretario General del Partido Comunista Chino, iría de China al mediterráneo, a través del mar de China meridional y el océano Índico.

Uno de los objetivos es facilitar el desarrollo de los países que se incluyan (más de 70 en la actualidad, que suman 4.400 millones de personas, el 55% del PIB mundial y el 75% de las reservas energéticas conocidas) conectándolos a través de una red de infraestructuras como aeropuertos, puertos, redes de fibra óptica, autopistas, ferrocarriles, oleoductos y gaseoductos, y parques industriales.

De esta manera, se busca vincular la economía china con suministradores de materias primas, además de nuevos mercados para sus exportaciones. Es decir, es un nuevo motor de crecimiento frente a su desaceleración.

De esta forma, nos encontramos ante una estrategia geoeconómica, que también es geopolítica. Y un ejemplo de ello podría ser que, frente a las relaciones estadounidenses con Estados como Japón o Taiwán, intensificadas en los últimos meses, al integrar diversas subregiones asiáticas y sumarlas estratégicamente en una dirección tanto continental (Euroasia) como marítima (Pacífico e índico) se convierte en un elemento central del orden regional que reduce las capacidades de maniobra de Estados Unidos.

Pesa a todo lo anterior y aunque el gobierno chino está trabajando concienzudamente en ella, aún falta para ver completado el proyecto. Quizá, estamos ante el cambio del rumbo de Euroasia y del sistema internacional.

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