Las relaciones entre China y Japón: 15 siglos de conflicto y comercio

Introducción: las tensiones continuas en Asia Oriental 

China y Japón están separados por una estrecha franja de agua, que ha servido tanto de campo de batalla como de mercado a lo largo de su historia de relaciones de vecindad, pasando por un ciclo interminable de subidas y bajadas. La relación chino-japonesa ha influido en la política de Asia del este más que cualquier otro factor, y ahora está ganando importancia global a la luz del reciente desplazamiento del poder desde Occidente hacia el continente asiático. Sin duda, China y Japón comparten una herencia cultural, que ha creado un vínculo especial entre ellos pero a la vez ha dado lugar a malentendidos y amenazas que se toman con la ferocidad de una disputa familiar.

El imperio chino, que se enorgullecía de ser establecido en el tercer siglo AC y percibía a sí mismo como el Reino del Centro, mantenía un detallado registro histórico en el que mencionó Japón por primera vez en el primer siglo AD. La cultura china influyó en Japón de forma profunda y duradera, exportando el sistema de escritura, los palillos y las técnicas de cocina, la ropa, los instrumentos musicales, la medicina tradicional, las enseñanzas budistas e incluso la burocracia.

Sin embargo, no fue hasta el siglo VI que se establecieron formalmente las relaciones diplomáticas y comerciales entre los dos países. Y pronto siguió la primera batalla por el control de ciertas islas. Después de sufrir una derrota, Japón se quedó temporalmente aislado hasta que el comercio volvió a intensificarse. En la década de 1590 Japón invadió Corea y el emperador chino no dudó en ayudar a su vasallo. No obstante, la guerra agotó los recursos imperiales de modo que contribuyó a la conquista por Manchuria. En 1633 el shogunato Tokugawa decidió cortar todos los vínculos con el mundo exterior, lo que limitó el comercio con China durante los dos siglos siguientes. 

Nombre oficialRepública Popular ChinaJapón
Población1.403.000.000126.500.000
Superficie9.500.000 km2 377.000 km2 
Densidad146/km2 335/km2 
GobiernoRepública unitaria socialista Monarquía parlamentaria  
Fundación 3 AC7 AD 
Última constitución19821947
Jefe de estadoXi JinpingEmperador Naruhito
Jefe de gobiernoLi KeqiangYoshihide Suga
PIB (nominal)$14.000 trillón ($10.153 per cápita)$5.000 trillón ($40.846 per cápita)
PIB (PPP)$27.000 trillón ($19.559 per cápita)$5.000 trillón ($44.227 per cápita)
IDH0,76 (alto)0,91 (muy alto)
Tabla 1. Comparasión entre China y Japón (Fuente: Wikipedia)

Por lo tanto, a pesar de ser socios comerciales, la tensión siempre han sido la característica definitoria de la relación entre China y Japón, ya que ambos luchan por el liderazgo de la región. Si bien el Occidente idealista ha llegado a un consenso de que China y Japón lograrán la paz gracias a factores como el comercio, la identidad, la socialización y la política interna, la perspectiva neorrealista de Relaciones Internacionales exige reconocer que entre Pekín y Tokio hay una dinámica espiral de transición de poder y dilema de seguridad.

En cuanto a los temas más polémicos, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China identificó la historia, Taiwán, las islas Diaoyu/Senkaku (ni siquiera hay consenso sobre el nombre), las reparaciones de guerra, la cooperación de seguridad entre Japón y Estados Unidos y las armas químicas japonesas, y a estos se pueden añadir desde el punto d vista japonés los derechos humanos y las armas de alta tecnología. No obstante, la animosidad va más allá de la élite política, ya que está profundamente arraigada en las sociedades que mutuamente se perciben como arrogantes y violentas, con un notable deterioro desde el año 2006.

Imágenes 1 y 2: Encuestas de opinión (Fuente: Pew Research Center)

De 1850 a 1950: el siglo de la guerra

En la década de 1850 Japón fue forzado a abandonar su aislacionismo por el comodoro Perry de la marina estadounidense. El país rápidamente se dio cuenta de que necesitaba modernizarse para evitar la humillación sufrida por China en las dos Guerras del Opio contra Occidente. Las reformas estructurales de la Restauración Meiji dieron como resultado una rápida modernización, industrialización y militarización, siguiendo el modelo imperialista occidental. China, que estaba significativamente empobrecida en ese momento, era vista como una civilización cerrada y atrasada, incapaz de defenderse a sí misma. Por tanto, el modelo de igualdad soberana establecido por la Paz de Westfalia llegó al este de Asia justo a tiempo para dar el empujón final a la desaparición del orden jerárquico sinocéntrico.

En la década de 1870 Japón y China se enfrentaron por el control de las islas Ryukyu, la influencia política sobre Corea y varias cuestiones comerciales. Japón masacró a China logrando una victoria fácil en la Primera Guerra Sino-japonesa de 1894-95, que terminó con el Tratado de Shimonoseki en el que China reconoció la independencia de Corea y cedió a Japón varias islas, incluida Formosa (nombre anterior de la isla de Taiwán). Además, China tuvo que pagar una indemnización enorme, abrir sus puertos al comercio internacional y permitir fábricas japonesas en el continente. En 1900 las tropas japonesas participaron en el levantamiento de los bóxers y China se vio obligada nuevamente a pagar una indemnización.

Japón aprovechó la Gran Guerra para hacerse con las posesiones alemanas. La república china recién establecida era políticamente inestable y militarmente débil. Con la esperanza de crear alianzas de posguerra contra el expansionismo japonés, China declaró la guerra a Alemania en 1917 como un tecnicismo únicamente para asistir a la conferencia de paz. Sin embargo, el ultimátum japonés de las Veintiuna Demandas de 1915 fue confirmado en la conferencia y esta humillación impulsó el nacionalismo chino y culminó en el Movimiento del Cuatro de Mayo.

La guerra civil estalló en 1927 y debilitó aún más a China. Desde 1931 los incidentes entre tropas chinas y japonesas fueron constantes y ejercieron una presión constante sobre China, obligándola a firmar varios acuerdos a favor de Japón. El año 1937 marcó el inicio oficial de la Segunda Guerra Sino-japonesa y la famosa Batalla de Shanghái que duró meses. Japón continuó avanzando hacia el sur y el oeste, cometiendo numerosos crímenes de guerra, entre los que destaca la violación de Nanking. El rechazo japonés a disculparse por estas crueldades ha dejado una cicatriz duradera en la memoria colectiva del pueblo chino.

Desde 1938 China comenzó a utilizar tácticas de guerrilla y contó con el apoyo de Estados Unidos, Gran Bretaña y Holanda. De ahí que Japón vio sus suministros restringidos y procuró evitar una guerra total con Rusia, pero llevó a Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial a través del ataque a Pearl Harbor. A pesar de la lucha en varios frentes, Japón solo aceptó la rendición después de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki.

De 1950 a 2006: entre calentamiento y congelación

Después de la fundación de la República Popular China en octubre de 1949, comenzó a surgir algún tipo de cooperación con Japón. A pesar del aumento de los contactos, la hostilidad persistió a medida que China percibía las fuerzas de Estados Unidos en Japón como una amenaza directa a su supervivencia. Como respuesta, el Tratado de Amistad, Alianza y Asistencia Mutua Sino-Soviético de 1950 incorporó una disposición sobre protección mutua en caso de agresión japonesa. En consecuencia, Estados Unidos impidió que Japón estableciera relaciones más estrechas con China como parte de sus esfuerzos por contener al bloque comunista. Esto frustró las intenciones de Japón de reactivar su economía devastada por la guerra y circunscribió el dilema de seguridad regional a la Guerra Fría global.

El gobierno de la República de China había estado administrando la isla de Taiwán desde la rendición japonesa en 1945 y se trasladó formalmente allí en 1949. Sin embargo, no se realizó una transferencia formal de la soberanía territorial en el Tratado de Taipéi de 1952. De todos modos, el establecimiento de relaciones con Taiwán suponía un claro problema para la República Popular China de Mao Zedong. Dado que en ese momento Japón reconocía a la República de China y no a la República Popular China, el gobierno del Kuomintang no aceptó las reparaciones japonesas.

Pekín empezó a influir en Japón de manera informal a través de ONGs como el Instituto de Relaciones Exteriores del Pueblo Chino, acuerdos comerciales como el de 1952 y la diplomacia ciudadana sobre todo contactando a los partidos políticos de la oposición. Al no lograr sus objetivos, en 1958 China suspendió su comercio con Japón. Sin embargo, cuando la República Popular China rompió sus relaciones con la URSS, enseguida buscó revitalizar el comercio con Japón firmando un memorando. Pero ante las protestas de la República de China, Japón limitó sus exportaciones y China tomó represalias degradando el comercio e intensificando la propaganda contra Japón como el títere de Estados Unidos. En la década de 1960, cuando China entró en la Revolución Cultural y Japón experimentó su milagro económico, los lazos entre los dos se desplomaron. El lado chino estaba particularmente preocupado por la posible remilitarización de Japón en vista de la reducida presencia estadounidense.

Todo cambió en 1971 cuando la República Popular China tomó el lugar de la República de China en las Naciones Unidas y Nixon visitó Pekín (conocido como el “Nixon shock“, ya que tomó a todos por sorpresa). En 1972 el comunicado conjunto estableció relaciones diplomáticas entre Japón y China: Japón aceptó el estatus político de Taiwán y China renunció a la demanda de reparaciones de guerra.

En 1974 los dos Estados iniciaron negociaciones para un tratado de paz y amistad, pero un año después estas se estancaron. La muerte de Mao en 1976 dio lugar a las reformas económicas de Deng, que a su vez alentaron la inversión japonesa. Sin embargo, en 1978 una disputa sobre las islas Diaoyu/Senkaku interrumpió el impulso. Ambas partes actuaron con moderación y después de que Japón anunciara ayuda al desarrollo para China se alcanzó un acuerdo final. El tratado de 1978 prometía “relaciones de paz y amistad perpetuas entre los dos países sobre la base de los principios de respeto mutuo de la soberanía e integridad territorial, no agresión mutua, no injerencia en los asuntos internos de cada uno, igualdad y beneficio mutuo y coexistencia pacífica”.

Esto marcó la llamada “edad de oro” en las relaciones entre Japón y China, que duró aproximadamente una década. Intereses comunes como la retirada vietnamita de Camboya y la condena de la ocupación soviética de Afganistán acercaron a los dos países. No obstante, incluso este período no estuvo libre de controversias: en 1982 Japón causó controversias por la revisión de los libros de historia sobre la guerra con China y en 1985 el primer ministro visitó el Santuario de Yasukuni, que según los chinos conmemora a los criminales de la guerra. 

Pronto siguió una “edad de hielo“, que se puede explicar con la tendencia china a adoptar una política exterior dura tan pronto como su economía florezca y las relaciones externas sean favorables. El calentamiento de las relaciones con la URSS eliminó los incentivos para mantener relaciones amistosas con Japón. A pesar de la política de Apertura y Reforma, China aún tenía altos déficits comerciales con Japón y los contactos personales entre los líderes disminuyeron, lo que desató el auge del nacionalismo. Todo salió a la luz con la represión de Tiananmen en 1989. Japón impuso sanciones a China al igual que Occidente, pero tuvo cuidado de no aislarla para evitar un alejamiento de las reformas y, por lo tanto, pronto reanudó su ayuda al desarrollo. 

En el 1995 las pruebas nucleares y los ejercicios militares chinos reforzaron la percepción de la amenaza china en toda la región, que la República Popular trató de mitigar comprometiéndose con marcos multilaterales como la ASEAN. El poder económico japonés comenzó a declinar a principios de la década de los 90 y nunca se recuperó de la burbuja de 1997, mientras que China no se vio afectada por la crisis y en 2001 ingresó en la Organización Mundial del Comercio. Además, la caída del antiguo régimen político japonés incrementó el nacionalismo y llamó a fortalecer la defensa y los valores tradicionales. Surgió la teoría de la “amenaza de China” que sostenía que la ayuda y el comercio japoneses habían expandido la influencia china en la región en contra de los intereses de Japón.

El período 2004-2005 vio un deterioro alarmante: los fans chinos intimidaron a la selección japonesa de fútbol durante la Copa Asiática y submarinos chinos infringieron la Zona Económica Exclusiva japonesa y, en respuesta, China fue declarada una amenaza a la seguridad en el Programa de Defensa Japonés. En 2005, EE.UU. y Japón emitieron una declaración conjunta sobre Taiwán que enfureció a China hasta el punto de aprobar la Ley Antisecesión y llevar a cabo manifestaciones antijaponesas. La campaña contra un posible asiento japonés del Consejo de Seguridad de la ONU reunió 22 millones de firmas.

En el período 2001-2006 el primer ministro Kouzimi fue la principal causa de las tensiones con sus repetidas visitas al Santuario Yasukuni, y al final de su mandato las relaciones entre China y Japón estaban en su punto más bajo desde la normalización debido a una escalada en espiral. Una vez que el primer ministro cambió, China decidió bajar las tensiones.

De 2006 en adelante: asertividad y pragmatismo 

Las relaciones entre China y Japón mejoraron considerablemente después de la toma de posesión de Shinzo Abe, cuya política pro-China quedó clara durante su visita a Pekín en 1999. Abe y Hu acordaron construir una “relación mutuamente beneficiosa basada en intereses estratégicos comunes”, incluyendo las áreas de cooperación energía, medio ambiente y cambio climático, e intercambios de personal.

En 2008 se celebró la primera cumbre trilateral entre China, Japón y Corea del Sur como extensión del marco ASEAN+3, y en 2011 se estableció una secretaría en Seúl. Cabe mencionar que China y Japón son parte solo de una organización internacional regional: el Diálogo de Cooperación de Asia (ACD). Este fue creado en 2002 para integrar los distintos organismos regionales como ASEAN, SCO y SAARC. A un nivel más informal, la Cumbre de Asia Oriental se inició en 2005 y el Consejo de Asia en 2016, pero los esfuerzos de integración en la región van a la zaga de otros continentes.

Imagen 3. Organizaciones internacionales en Asia (Fuente: Wikipedia)

Sin embargo, 2008 marcó un cambio cualitativo en la política china, ya que esta se volvió más asertiva y abandonó la prudencia, y por tanto, las relaciones bilaterales con Japón se deterioraron. El poder económico chino estaba en constante aumento, mientras que Estados Unidos se deslizaba hacia abajo como resultado de la crisis financiera de 2008, y en 2010 China superó a Japón como la segunda economía más grande. Pero aparte de las capacidades, también cambiaron los intereses de China: a medida que su fuerza militar crecía, el gigante asiático comenzó a desafiar a los japoneses que “intentaban perturbar el statu quo anteriormente estable” en el Mar Oriental de China. Como era de esperar, un Japón reacio se negó a ser un testigo pasivo.

El ejemplo por excelencia es el episodio de 2010 en torno a las islas Diaoyu/Senkaku. La colisión de dos buques desencadenó una serie de cancelaciones de intercambios y reuniones, así como declaraciones oficiales llegando a llamarse unos a los otros “histéricos” o “absurdos”. Las protestas estallaron en ambos lados del mar y una reunión de diez minutos entre los primeros ministros en la Cumbre de Asia Oriental no logró resolver el problema. Dos años después, un empresario japonés compró unas islas (también en disputa) y el gobierno decidió nacionalizarlas para evitar desestabilizar aún más las relaciones con China, pero esto resultó contraproducente ya que Beijing lo vio como un insulto calculado. Entre finales de 2012 y principios de 2013 Japón interceptó varios aviones chinos y China reaccionó publicando un libro blanco sobre los japoneses que “causaban problemas”. Barack Obama organizó una reunión informal de dos días con los dos líderes asiáticos, pero estos no siguieron su apelación a la desescalada. El Ministerio de Defensa de Japón adoptó una postura más dura y China declaró una zona de identificación de defensa aérea sobre el Mar Oriental de China, con un 50% de solapamiento con el japonés. Entonces Abe provocó directamente a China al visitar el Santuario de Yasukuni y China lo criticó por honrar a los “nazis de Asia”.

Pero las cosas no se quedaron ahí. En 2014 el gobierno de Abe anunció la revocación del compromiso de “escapar de la energía nuclear” y levantó la prohibición a las exportaciones militares impuesta en el 1967. Durante el viaje de Obama a Asia este declaró que las islas Diaoyu/Senkaku estaban cubiertas por el Tratado de Seguridad Mutua. Además, Japón se comprometió con apoyar a los miembros de la ASEAN expresando así su intención de seguir desafiando a China. En consecuencia, la República Popular China aprovechó la visita de Ángela Merkel para criticar a Japón por la agresión en tiempos de guerra. Y luego los informes de defensa de Japón identificaron explícitamente a China como una amenaza a la seguridad.

Sin embargo, la relación personal entre Abe y Xi, quien asumió el liderazgo en noviembre de 2012, logró superar las dificultades después de la reunión en 2014. La guerra comercial de Trump contra China y las disputas comerciales con Japón acercaron a los dos países y, a pesar de la retórica incendiaria de Trump, la presencia cada vez menor de Estados Unidos en la región muestra un bajo interés en la escalada del conflicto. A los factores favorables se pueden añadir las tensiones creadas por el programa nuclear de Corea del Norte. Para paliar la incertidumbre innecesaria en la seguridad de la región, los líderes japoneses y chinos calcularon que la disputa les salía demasiado cara. Abe respaldó la Iniciativa de la Franja y la Ruta (a pesar de las preocupaciones por sus implicaciones geopolíticas) como un paso concreto para mejorar la relación chino-japonesa, ya que Xi la considera su política distintiva. La retirada de Trump de la Asociación Transpacífica dejó a Japón sin ningún plan de respaldo. Pero incluso este período más cálido experimenta fricciones ocasionales, como la participación de Japón en la condena del trato chino a los uigures por parte de 22 estados en 2019 y la declaración de octubre de 2020 sobre Hong Kong por parte de 39 países.

El brote de COVID-19 vio una muestra de solidaridad sin precedentes entre China y Japón con el intercambio de donaciones, máscaras, pruebas, etc. pero también el apoyo popular en las redes sociales. 2020 también trajo la inesperada renuncia de Abe, y se espera que su sucesor, Yoshihide Suga, adopte una posición más dura hacia China. En sus primeros meses fue anfitrión de una reunión del “Quad” (EE.UU., Japón, India, Australia) que Pekín llama “mini-OTAN” que contiene a China. Luego visitó Vietnam e Indonesia ofreciendo su apoyo en el disputado Mar del Este de China, así como diversificación de la cadena de suministro para disminuir la dependencia de China. Además, Japón firmó un acuerdo de seguridad con Australia, que recientemente se ha visto envuelta en numerosas disputas con China. Sin embargo, durante su primer discurso en la Dieta, Suga se comprometió a continuar la relación estable con China y expresó una postura suave que desmiente la impresión inicial de oposición. 

El nacionalismo ha estado en auge en China durante la última década, pero se ha visto exacerbado por el extendido sentimiento antichino causado por el coronavirus. En la ceremonia de la celebración del 70º aniversario de la “Guerra de Resistencia a la Agresión de Estados Unidos y Corea” Xi Jinping inequívocamente mostró que China no tenía miedo de los EE.UU. y continuaría la defensa de sus intereses. A la espera de la transición incierta a una Casa Blanca Biden, Japón y China han optado por la cooperación regional, a saber, la Asociación Económica Integral Regional firmada a mediados de noviembre. El acuerdo es de suma importancia porque cubre un tercio de la economía mundial, lo que lo convierte en el mayor bloque comercial, pero además es el único pacto comercial multilateral firmado por China. Por otro lado, el 25 de noviembre el Ministro de Asuntos Exteriores de China viajóa Japón para reafirmar la cooperación comercial y sanitaria pero dejó pendiente la solución de la disputa territorial.  

Conclusión: equilibrio de (gran) poder

La revisión histórica de las relaciones entre China y Japón ha puesto de relieve la continua proclamación de una “nueva era” de acuerdo con los cambios en las capacidades y los intereses de dichos países. Aunque Pekín ha asegurado una y otra vez al mundo que su “ascenso pacífico” es sólo un regreso a la posición que China siempre ha merecido por su población y tamaño, esto inevitablemente ha provocado preocupaciones e incluso un miedo entre la comunidad internacional. Paradójicamente, los mayores socios comerciales de China son también los que más la temen.

Tal ansiedad es especialmente pronunciada en Japón: una potencia en declive obligada a ceder paso a su rival de larga data. Japón y China están atrapados en el dilema de seguridad mientras intentan evitar la trampa de Tucídides. El recién elegido primer ministro Suga no tiene más remedio que continuar la política dualista de involucrar y equilibrar a China, a través de una mezcla de disuasión y mayor capacidad de respuesta con aliados por un lado y diálogo estratégico con China por otro. Mientras Estados Unidos vuelve a caer en el aislacionismo, la Tierra del Sol Naciente tiene la tarea imposible de controlar la “amenaza china”, que es demasiado grande para que cualquier país la enfrente solo.

Un deterioro de las relaciones chino-japonesas sería perjudicial para la estabilidad de toda la región asiática. Un escenario aún más inquietante es la dinámica del dilema de seguridad de las alianzas, que parece aún más plausible en los últimos meses a medida que el debate público ha comenzado a hablar de una Segunda Guerra Fría. Una paz de gran potencia traería el comercio y el desarrollo tan necesarios, así como la cooperación en temas globales como la salud y el cambio climático (recientemente tanto China como Japón se comprometieron a lograr la neutralidad de carbono para el 2050). Pero el mundo está avanzando hacia la dirección opuesta: como dijo Kissinger en noviembre (actor clave en la apertura de China al mundo) “a menos que se encuentre alguna base para la acción cooperativa, el mundo se deslizará en una catástrofe comparable a la Primera Guerra Mundial”.

Aunque el estado actual de las relaciones entre China y Japón ofrece un punto de partida esperanzador, está lejos de ser una solución estable y duradera a los problemas que llevan 15 siglos de historia. Sus relaciones están influenciadas tanto por factores domésticos como internacionales, y los principales obstáculos siguen siendo los temas históricos y el nacionalismo, ya que en los países confucianos la importancia de la “cara” es primordial. Por lo tanto, al menos en el futuro previsible, China y Japón seguirán en un círculo interminable de competencia y cooperación, confrontación y cautela, conflicto y comercio.

Soluciones

Promoción exterior, Información y Formación. Te damos las claves para internacionalizar tu negocio.  

 

Print Friendly, PDF & Email

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *