Cada día se emplea una cantidad de agua considerable en numerosas y diferentes actividades, desde en sectores económicos como la construcción a nuestra rutina diaria. Solo se valora aquello que se pierde, y en este contexto, tiene todo el sentido del mundo. Aunque en los países occidentales y más desarrollados esté bastante normalizado su uso y su total acceso, otras partes del mundo viven una realidad muy diferente[1], en la que la gestión y el acceso al agua son cuestiones que no están al alcance de todos. Para hacernos una pequeña idea, del 100% de agua que se encuentra en nuestro planeta un 97,5%  es salada,  otro 2,5% se encuentra en la Antártida y, el resto, es la que se encuentra en el subsuelo terrestre y se emplea para el uso cotidiano, en su mayoría. Y, aunque la Asamblea General de la ONU haya declarado en el año 2010 el acceso al agua y al saneamiento de la misma como un derecho humano, la realidad global es muy dispar y no alcanza los estándares que muchos desearían. 

Mucho se puede discutir sobre cuánto puede costar el último barril de petróleo, que es un recurso escaso y con un marcado límite en su uso en las próximas décadas, pero nadie sabe cuánto puede llegar a costar el último litro de agua. Con toda probabilidad, incalculable. La diferencia entre estos dos elementos muy presentes en nuestras vidas es fundamental, uno de ellos es necesario para la vida humana y el otro no. Es ahí donde se sitúa el foco del asunto, si hoy en día, y a lo largo de los años anteriores, se observan múltiples conflictos entre Estados debido a los recursos energéticos como el anteriormente citado, los escenarios  futuros deparan una realidad bastante parecida, pero con un foco de confrontación bastante diferente: el agua

Ver: Geopolítica hidrológica: las guerras del agua

Demasiados son los países que se ven amenazados por un futuro donde el acceso al agua va a convertirse en el principal desafío para sus sociedades, desde India[2] hasta Bolivia, pasando por Afganistán o Sudáfrica[3], son algunos ejemplos de Estados donde la preocupación por este recurso está creciendo. Además, se están dando situaciones de verdaderas crisis relacionadas con el agua en el mundo, siendo el reflejo más triste de esta realidad Yemen, el país a cuyo conflicto civil se le suma la aguda sequía y el desabastecimiento de su población, convirtiéndola  en una de las peores crisis humanitarias de la actualidad. El denominado estrés hídrico , que hace referencia al grado de uso del agua del que disponen, afecta en una dependencia mayor de una buena gestión del agua. Casi todos estos ejemplos tienen características muy similares, desde predominación de paisajes áridos hasta núcleos poblacionales grandes que demandan una gran cantidad de agua. A esta problemática se le añade, e incluso lo agrava, el reto más grande de nuestro siglo, el cambio climático

Por lo tanto, son diversos los factores que afectan a la situación del agua en el mundo, presentando características que pocas veces se han dado en el panorama internacional y que están generando tensiones internacionales entre Estados que no estamos acostumbrados. La historia ha venido marcada por conflictos ideológicos claramente identificados, por razones que pueden estar más o menos justificadas, por ambición o por otras causas, pero en pocas ocasiones han sido por un recurso que es vital para la vida humana.

Ver: La crisis por el agua pronto afectará a un cuarto de la población mundial

El ejemplo actual más candente por la lucha de este recurso es el denominado conflicto por el Nilo, donde Egipto, Etiopía y Sudán están en disputa por las delimitaciones de los recursos que ofrece el río. En concreto, el conflicto está más presente entre Egipto y Etiopía, dos de los países más grandes del África del norte, donde las tensiones están creciendo debido a las acusaciones de distribuir el agua de forma “colonial” y “bloquear” el cauce del río. El foco se sitúa en la construcción por parte de Etiopía de la llamada Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD) en el Nilo Azul, el embalse más grande de la zona y que puede llegar a abastecer a gran parte de la población etíope. En la parte contraria se sitúa Egipto, que reclama sus derechos históricos sobre el Nilo y que declara que los problemas derivados de su gestión afectan a su seguridad nacional, dado que es una fuente de abastecimiento hídrico [4]y eléctrico para su sociedad. Así las cosas, las disputas para hacerse con el control de este recurso tan preciado se pueden observar en numerosas formas.

Dado que es un recurso que se emplea en varios ámbitos y su uso está íntimamente vinculado con la alimentación, la energía, la salud o la construcción, un problema de abastecimiento puede tornarse en una situación bastante comprometida para aquel que sufra la escasez. Además, como se ha comentado anteriormente, el  mayor porcentaje de agua dulce se encuentra en ríos, lagos y aguas subterráneas, las cuales son compartidas, en su mayoría, por dos o más Estados. Por lo tanto, teniendo en cuenta los diferentes y extensos sectores en los que el agua es fundamental para su desarrollo y evolución, en este artículo se situará la atención sobre los retos geopolíticos que más reflejan la necesidad de saber gestionar los recursos de tal manera que no se lleguen a producir conflictos entre los interesados.

Se puede afirmar que  el nacimiento de la civilización en la historia reciente tiene su origen en un lugar donde el agua es la protagonista. Concretamente, fue en la región que abarca el río Tigris y el Éufrates donde nace Mesopotamia, que daría lugar a la creación de las primeras ciudades y albergaría el primer imperio conocido, el Babilónico. A partir de ahí, el resto es historia. Partir de este punto es fundamental, puesto que hoy en día estos lugares y sus zonas colindantes siguen disputándose el control sobre el agua, que se encuentra distribuida en tres grandes ríos: el Éufrates, el Tigris y el Jordán[5]. Entendiendo aquí el factor esencial para comprender la geopolítica del agua, su localización

Ver: La geopolítica del agua

La localización del agua es el principal elemento que constituye los diferentes conflictos que se citarán, en los que el motivo que emplean aquellos actores que se ven involucrados es reclamar su soberanía sobre la zona y, por lo tanto, sobre el agua. Aquí se puede encuadrar las disputas entre Turquía, Irak y Siria durante bastantes años tras la construcción del primero del llamado embalse de Atatürk. Construida en los años ochenta, su desarrollo alrededor del rio Éufrates desató una confrontación entre dichos países debido a la adjudicación turca de la zona. En 1992, se levantó una central hidroeléctrica que abastece la parte suroriental turca, provocando un descenso contundente del cauce del río y que el resto de países sufre, por lo que acuden a un desabastecimiento mayor que el anterior a dicha obra. 

Por otra parte, atendiendo a otra zona del mundo, para ejemplificar cómo el agua es un problema de carácter global y que no entiende de culturas o regiones, es necesario citar el enfrentamiento sino-tibetano. No es nada nuevo decir que China tiene varios frentes abiertos con el Tíbet, siempre ha mostrado interés y ha buscado ampliar su influencia en varios campos. Pero, raramente, se nombra cómo el agua es uno de los elementos que más afectan a las relaciones entre estos actores. Es desconocido que el Tíbet es el punto de origen de los ríos más grandes e importantes del continente asiático, que no son otros que el río Mekong, el Amarillo, el Yangtzé y el Indo. Por su posición geográfica, el Tíbet tiene grandes montañas heladas que, según la época del año, sufren deshielos y alimentan a estos grandes ríos, siendo una causa clave del interés geoestratégico chino en la zona. Ante tal situación, no es complicado llegar a la conclusión de que, con una población china en aumento, el gigante asiático reclama y seguirá reclamando una mayor parte depende tanto y, con ello, su posición global.[6]

Otra región de bastante interés, y que no se debe dejar sin citar es África, en especial el corazón de este continente. Para este caso, es esencial demostrar que la mala gestión del agua también puede ser origen de un grave conflicto. En la zona denominada el corazón del continente africano se encuentra el río Zambeze, que sirve de abastecimiento a un amplio conjunto de países, en los que se encuentran Angola, Namibia, Congo, Zimbabue, Zambia y Mozambique. Estos Estados dependen ampliamente del cauce de este río para proporcionar un sinfín de servicios a sus poblaciones, haciendo que este río se sitúe como uno de los más sobre explotados a lo largo del mundo. Para comprender cómo se puede formar un conflicto armado y cómo las decisiones nacionales afectan a poblaciones a cientos de kilómetros de distancia, se encuentra el ejemplo de la gestión irresponsable de Zimbabue. Este país, en el año 2000, decidió llevar a cabo un desembalse del lago Kariba (afluente del río Zambeze), dando lugar a que en Mozambique, otro de los países dependientes de este río, se diera un desastre humanitario por la escasez de agua. Y, por lo tanto, generando intereses geoestratégicos en la zona que casi llevan a ambos actores a una guerra tradicional. 

En otro plano diferente al de los ejemplos anteriores se sitúa uno de los desafíos más importantes para la sociedad global en las próximas décadas, el cambio climático. Este elemento está, sin dudas, agravando esta crisis del agua global y agudizando los conflictos, como se pudo observar, por ejemplo, en los desplazamientos masivos dentro de Siria en el marco del conflicto civil y marcado por la sequía y la falta de acceso al agua. Además, está poniendo de relieve los puntos más débiles de todo tipo de sociedades, desde países desarrollados como en desarrollo. Para con lo anterior, es interesante dar a conocer el problema de escasez al que se enfrentan dos Estados de una zona que no se ha citado anteriormente, México (Norteamérica) y Bolivia (Suramérica). 

Comenzando con el país norteamericano, México está atendiendo a un problema de primera necesidad como es el abastecimiento de agua potable a su población, y se ve reflejado en su ciudad más grande, México DF.  Esta voluptuosa ciudad fue construida sobre abundantes caudales de agua, que alimentaba a la población en sus orígenes y que, poco a poco, fue conociendo la civilización hasta llegar a ser una de las ciudades más grandes del mundo (con el desarrollo urbano y poblacional que eso conlleva). Albergando a más de 9 millones de personas, el estrés hídrico al que está atendiendo esta ciudad supera, con creces, todos aquellos desafíos económicos, políticos o sociales que puedan existir.

El 72% del agua potable para la ciudad se obtiene de los acuíferos, que se alimentan a su vez de las lluvias y de la captación de suelos arcillosos, arenosos o limosos, algo que difícilmente se encuentra en el distrito federal más grande de México. Las grandes construcciones no hacen más que sellar el suelo y no permitir que la filtración del agua se produzca correctamente, dando lugar a una situación de vaciado de los acuíferos de esta región y que produce, a su vez, que Ciudad de México se esté hundiendo, literalmente, entre 8 y 12 centímetros anualmente, situación a la que no se está haciendo frente adecuadamente y a la que se le añade la falta de lluvias por el cambio climático. Por lo tanto, la escasez del agua y el cambio climático están poniendo a prueba la capacidad de gestión del gobierno mexicano en diferentes niveles, teniendo que actuar con rapidez y situando las prioridades como nunca antes habían tenido que hacerlo.

Por el otro lado, Bolivia, está viviendo desde hace años una crisis del agua de la cual consideran responsable directamente al cambio climático. El país suramericano lleva años sufriendo escasez de agua, y en su punto más álgido, cinco de los nueve departamentos del país estaban viéndose afectados por esta situación[7] . Afectando a los sectores más fundamentales de cualquier sociedad, energía, sanidad, agricultura, etc. Bolivia fue declarada por la ONU como uno de los países más vulnerables debido al aumento de temperaturas globales debido a sus ecosistemas. Y si, a estos ecosistemas vulnerables a las subidas de temperatura se le suma una mala gestión política, la suma que da esta ecuación es nefasta. La falta de captación de fuentes de agua, la incorrecta asignación a los sectores más necesitados o la existencia de infraestructuras de mala calidad para el manejo el agua[8] son otros factores que añaden una dificultad extra al problema, que no necesita de elementos que la influyan para ser uno de los mayores retos para el país suramericano.

Ver: 5 motivos por los que Bolivia atraviesa su peor crisis de agua en 25 años y por qué puede empeorar

Finalizando, estamos acostumbrados a leer acerca de intereses económicos y políticos que dominan el tablero internacional, pero poco es el caso que se hace a aquellos que defienden que el agua cambiará para siempre la manera de ejercer el poder en el futuro y en el campo internacional. En un futuro próximo es bastante probable que se den varios días cero en numerosas partes del globo, que seguirán acentuando la crisis del agua y obligará a que los intereses de los Estados se dirijan hacia un escenario sorpresa, asegurar el abastecimiento del agua.

El agua traspasa mucho más que las fronteras, va más allá de aquellos elementos que han sido protagonistas de los peores conflictos de la historia moderna y está destinada a ser el foco de conflicto internacional más importante. Encontrando elementos climáticos, geopolíticos, económicos  y sociales, el complejo entramado de intereses de los Estados a través de todo el mapa mundial se está  desarrollando en contraposición a los de otros actores estatales y, a la par existen situaciones nacionales peores y mejores que pondrán a prueba la capacidad de reacción de los gobiernos. La sociedad está atendiendo a cambios inimaginables desde hace unos años, y la realidad del cambio climático y su influencia en la escasez del agua está más que demostrada, solamente queda ver si los países adoptarán una actitud proactiva o reactiva (quizás tardía) ante esta situación vital para el futuro de la sociedad internacional.


[1] Aunque no significa que en los países desarrollados no existan situaciones parecidas. Un ejemplo de ello es la ciudad californiana de Los Ángeles, que ha sufrido una de las peores sequías de su historia y cuyo suministro de agua no está totalmente asegurado. 

[2] En Bangalore, muchos son los lagos que se han secado a lo largo de los años, donde la extrema contaminación se añade a la sequía de la ciudad y hace que sus más de 8 millones de habitantes busquen agua cada vez más lejos de sus lugares de residencia. 

[3] En 2018, Ciudad del Cabo pudo superar su “día cero”, que hace referencia al día en el que todo el suministro de agua iba a consumirse por completo. Y donde, a través de una buena gestión y de toma de decisiones acertadas, se consiguió superar la situación y concienciar a su población de lo valioso que es este recurso.

[4] El cauce del Nilo le aporta el 90% del agua dulce de la población egipcia. 

[5] Sumados los tres, tienen una extensión similar a Centroeuropa.

[6] En este 2020, el PIB chino crecerá en más de un 10%  aunque la pandemia global haya asestado un duro golpe a su estructura económica, mientras que el PIB de EEUU se mantendrá en el mismo lugar, condición que sin lugar a dudas ayudará a China a seguir tras la estela de EEUU para conseguir situarse como primera potencia económica a nivel global. 

[7] En más de un centenar de barrios de la capital boliviana, La Paz, el suministro de agua ha tenido que ser racionado, llevando únicamente a que se abra dicho suministro durante 12 horas cada tres días.

[8] Entre un 30 y un 45% del agua de la capital se ha podido perder debido a las fugas la red de tuberías, de las más antiguas del país.

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